domingo, 21 de enero de 2018




SEMINARIO: 60 AÑOS DEL 23 DE ENERO DE 1958

Con motivo de cumplirse 60 años del derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, ocurrida el 23 de enero de 1958, invitamos a estudiantes, profesores, profesionales y público en general a participar en el Seminario que realizaremos en la Universidad del Zulia a partir del jueves 25 de enero de 2018.

El objetivo del seminario es exponer y debatir sobre los principales acontecimientos históricos que dieron origen al 23 de enero de 1958 y los que se derivaron de ese suceso en las siguientes décadas. A la vez que se buscarán los aspectos que se relacionan con la realidad de Venezuela en 2018.

Ponentes:

Prof. Roberto López Sánchez
Prof. Omar Muñoz.
Prof. Carlos Añez.

Horarios:

Jueves 25 y viernes 26 de enero; jueves 01 y viernes 02 de febrero de 2018.
Hora: 8:00 a.m.


Lugar: Facultad Experimental de Ciencias de la Universidad del Zulia. Edificio Grano de Oro. Aula Rodolfo Quintero. Avenida Universidad. Maracaibo, Estado Zulia.
Se otorgará certificado de asistencia. 40 horas académicas.
Totalmente gratuito.

Organizan: 
Cátedra Libre Ernesto Che Guevara
Cátedra Historia de Venezuela de la Licenciatura de Antropología
Universidad del Zulia

Más información: @cruzcarrillo09




domingo, 16 de julio de 2017


 

VENEZUELA ANTE LA GLOBALIZACIÓN, 

LA CRISIS MUNDIAL 

Y LOS RETOS DE SU DESARROLLO


                                                                                                            

 

Roberto López Sánchez



Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias.
Departamento de Ciencias Humanas. Av. Universidad,
Edificio Grano de Oro. Teléfono: (0261) 7597743. Fax: 7597742.
Maracaibo. Estado Zulia. Venezuela.






Maracaibo, septiembre de 2012.





Dedico el presente trabajo
 A mi esposa CARMEN ALICIA HERNÁNDEZ RODRÍGUEZ,
a mis hijas MARÍA ANTONIETA Y MARÍA VALENTINA,
soportes invalorables de mi compromiso de lucha revolucionaria.



A los trabajadores y todo el pueblo venezolano,
a quienes está dirigido el contenido de esta investigación,
esperando que sirva para orientar mejor
la lucha por superar el capitalismo.







ÍNDICE GENERAL

Agradecimientos
3
Índice General
4


INTRODUCCIÓN
7
PARTE I.  VENEZUELA EN EL CONTEXTO DE LA GLOBALIZACIÓN.
9
1)    EL MUNDO GLOBALIZADO EN PERSPECTIVA HISTÓRICA.
9
  • El liberalismo económico en el nacimiento de la industria capitalista.
13
·         El mito de la globalización.
14
  • El imperialismo.
18

2) ANTECEDENTES DEL MUNDO UNIPOLAR.

21

·         La gran crisis mundial entre 1914 y 1945.

21
·         La guerra fría (1945-1990).
22
  • El keynesianismo y el estado benefactor como salvadores del capitalismo en 1945.
23
  • Se impone el neoliberalismo (1975-2008).
26
  • La caída del bloque socialista.
32
3)    EL MUNDO UNIPOLAR.
36
  • La teoría de la dependencia.
38
  • La respuesta de los pueblos latinoamericanos al neoliberalismo.
42
4)    4) LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA.
45
·         Crisis estructural y recesión.
48
·         ¿Se supera la crisis o se prolonga la agonía?
52
·         La crisis resucita la lucha de clases a nivel mundial.

56
  • La crisis económica en los Estados Unidos y el fin del modo de vida americano.
58
  • Grietas en la hegemonía estadounidense sobre el mundo.
61
  • La estrategia del imperio y el desarrollo de la crisis.
64
·         Elementos de la mega crisis que parece configurarse.
65
A manera de conclusión.

67
PARTE II. DESARROLLO HISTÓRICO DE LA ECONOMÍA VENEZOLANA EN EL MARCO DEL CAPITALISMO GLOBALIZADO.

69
·         La economía venezolana agroexportadora del siglo XIX y comienzos del XX.
69
·         La inversión de capitales extranjeros en Venezuela.
72
·         La industrialización en Venezuela.
74
  • La industria petrolera.
77
  • La sustitución de importaciones como política de estado (1959-1989).
79
  • La crisis de la economía venezolana. El agotamiento del modelo de acumulación rentista.
84
  • Las políticas neoliberales aplicadas por los gobiernos de Carlos Andrés Pérez (1989-1993) y Rafael Caldera (1993-1999).
86
  • La agenda Venezuela.
88
  • El modelo de desarrollo económico que promueve Hugo Chávez. La transformación del capitalismo rentístico venezolano en un nuevo modelo productivo socialista.
91
  • La necesidad de construir un nuevo modelo productivo.
91

  • La economía social.
94
  • Objetivos y fundamentos del nuevo modelo productivo socialista.
96
  • Marco legal del nuevo modelo productivo.
98
  • Desarrollo específico del nuevo modelo productivo socialista.
100
·         Los procesos de integración. Alca vs. Alba.
103
  • ALBA: Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América.
106
  • Otras iniciativas de integración regional en marcha.
109
A MANERA DE CONCLUSIÓN: VENEZUELA Y AMÉRICA LATINA, HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO MODELO DE DESARROLLO.
112


Conceptos
115
Fuentes consultadas:
117




Las grandes potencias necesitan evitar el desarrollo de los países dependientes, para garantizarse así la venta permanente de sus productos en nuestros mercados… el imperialismo sólo permite en los países periféricos el desarrollo de procesos productivos complementarios de su propio aparato productivo”.
Roberto López Sánchez.

Se ha instaurado un desorden mundial, un caos, debido a la incapacidad del capital de establecer un sistema productivo que retome la senda del crecimiento económico”.
Samir Amin.

China, India y los países del Sur en su conjunto también necesitan de los recursos naturales para su desarrollo. Para Estados Unidos se trata imperativamente de limitar ese acceso, y en última instancia sólo existe un medio: la guerra”.
Samir Amin.

“He sugerido que el sistema-mundo moderno se aproxima a su fin, y que está ingresando en una era de transición hacia un sistema histórico nuevo”.

Immanuel Wallerstein.

“La rueda de la historia ha comenzado a girar en este continente, una circunstancia que tal vez no se presentaba desde la época de la independencia. Por ahora, los pueblos de Nuestra América parecen decididos a determinar su futuro por sí mismos, sin sujeciones imperiales ni tutelajes tradicionales”.
Roberto López Sánchez.

 

 




INTRODUCCIÓN


            El presente trabajo constituye un análisis del mundo globalizado y su incidencia en Venezuela, enfatizando en los factores políticos y económicos que han determinado el crecimiento del mercado mundial en los últimos siglos, y cómo dichos factores han incidido en nuestra dependencia económica y nuestra subordinación política a las potencias imperialistas occidentales. Partiendo de una perspectiva crítica del concepto mismo de globalización, exponemos el largo desarrollo que esta interdependencia mundial ha tenido en los últimos siglos, considerando el modelo económico liberal que acompañó a la industrialización capitalista en sus orígenes y su posterior evolución hacia formas de imperialismo económico. Al establecer los antecedentes del actual mundo unipolar, consideramos la gran crisis capitalista vivida entre 1914 y 1945, así como el surgimiento y fortalecimiento del modelo keynesiano y del estado benefactor como paradigmas predominantes en el capitalismo del período de la guerra fría, entre 1945 y 1990.

 La valoración del mundo unipolar a partir de 1991 considera también las razones y consecuencias del derrumbe del bloque socialista soviético, así como los procesos que condujeron al fortalecimiento de la hegemonía estadounidense sobre el mundo globalizado a lo largo de la década de 1990 y comienzos del siglo XXI, así como el predominio del neoliberalismo como paradigma único impuesto por los centros económicos del poder mundial.  En una perspectiva actual, consideramos el desarrollo de la crisis económica que sacude al capitalismo mundial desde 2008, las causas que la originan, sus consecuencias hasta ahora y el posible desarrollo futuro de la misma.

En este marco globalizador, resumimos brevemente el desarrollo de la economía venezolana desde 1830 hasta nuestros días, enfatizando en que el actual período (1999-2010) representa tal vez el primer intento serio por superar nuestra dependencia económica y avanzar por la senda del desarrollo. Un desarrollo económico que se concibe como parte de un esfuerzo continental de integración latinoamericana, simultáneo con un replanteo de la hegemonía anglosajona en el mundo, promoviendo el fortalecimiento de relaciones multipolares que impidan la continuidad de los tradicionales mecanismos de explotación y saqueo que las grandes potencias han ejercido por siglos contra los países periféricos.

            La circunstancia de que, en pleno siglo XXI, Venezuela continúe insertada en el mundo globalizado cumpliendo el mismo papel que teníamos cuando, a comienzos del siglo XIX, conquistamos nuestra independencia (país exportador de materias primas hacia el centro capitalista industrializado), nos obliga a mirar con ojos críticos todos los modelos de desarrollo aplicados en Venezuela desde 1830 hasta el presente.

            En momentos en que la crisis económica mundial ha colocado en primer plano, nuevamente, el debate referido al desarrollo de los países periféricos y la incidencia de las potencias imperialistas en los mismos, y cuando asistimos a prácticas neocoloniales que se creían superadas por la humanidad (como las invasiones de los Estados Unidos y sus países aliados en Afganistán, 2001, y en Irak, 2003), el análisis y la discusión de los temas aquí tratados expresa la pertinencia misma del trabajo que hemos elaborado, el cual pretende contribuir, como material de apoyo, al dictado de materias de Formación General como “Problemática Social de la Venezuela Actual”, “Instrumentos para el análisis crítico de la realidad venezolana”, “Intercambios Económicos y Simbólicos”, y “Problemas Contemporáneos de Venezuela” (estas dos últimas materias pertenecientes al pensum de la Licenciatura en Antropología).































PARTE I.  VENEZUELA EN EL CONTEXTO DE LA GLOBALIZACIÓN.

1)    EL MUNDO GLOBALIZADO EN PERSPECTIVA HISTÓRICA.


En sentido estricto, globalización significa la interdependencia entre los distintos pueblos del mundo en lo económico, político, social y cultural. Pero la globalización que hemos conocido históricamente ha sido un proceso de centralización del poder sobre el mercado y los pueblos del mundo, en manos de pocas potencias. La globalización no se ha construido sobre la base del consenso entre los pueblos, ni recurriendo a mecanismos democráticos de decisión. El sistema capitalista globalizado en que vivimos se ha desarrollado en un período de más de cinco siglos, sobre la base de la imposición político-militar y cultural de un reducido número de países sobre el resto de pueblos que habitan el planeta tierra.

La globalización es un fenómeno que se inició hace más de 500 años[1], en el proceso conocido como la expansión europea, el cual permitió a Europa apoderarse del resto de continentes. A partir de allí se constituyó un único mercado mundial bajo la hegemonía del mundo occidental y cristiano. Europa se desarrolló a través de los siglos gracias a la explotación de las riquezas naturales y el sometimiento de los pueblos de África, América, Asia y Oceanía.

De manera particular nuestro continente americano fue en donde más impacto tuvo el proceso globalizador. Todos los milenios de desarrollo cultural, expresados en grandes civilizaciones como los Mayas, los Aztecas y los Incas, fueron borrados de la historia por la acción genocida-etnocida ejecutada por los conquistadores europeos.

América, habitada por los seres humanos desde hace varias decenas de milenios, que desarrolló grandes civilizaciones agrícolas y urbanas desde hace cinco mil años, simultáneamente a las existentes en Egipto, Mesopotamia, China e India[2], terminó doblegándose política, militar y culturalmente ante Europa, y nuestras riquezas fueron saqueadas impunemente durante siglos, nuestros habitantes fueron exterminados o esclavizados, y los sobrevivientes obligados a convertirse al cristianismo y a hablar en idiomas europeos.

El continente americano jugó un papel fundamental en el modelo colonialista-mercantilista que dio inicio a la globalización y al sistema capitalista actual. Fuimos territorio de saqueo y de explotación salvaje de nuestros indígenas y de los millones de africanos traídos como esclavos. Vale la pena mencionar aquí el discurso del cacique Guaicaipuro Cuauhtémoc, sobre la deuda externa latinoamericana. Aunque ese cacique no exista, y no sea más que el pseudónimo de algún intelectual de Nuestra América, que lo escribió en fecha cercana al quinto centenario, lo dicho allí es totalmente real y plenamente vigente:

“Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace sólo quinientos años…
Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron.
El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. … . . . Yo los voy descubriendo.
También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses.
Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su séptimo mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!
¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos…
…Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas de 20 y hasta 30% de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del tercer mundo.
Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10%, acumulado sólo durante los últimos trescientos años, con doscientos años de gracia.
Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de trescientos.
Es decir, un número para cuya expresión total serían necesarias más de trescientas cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?
Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo”. (fragmento)[3].

En cierta forma, América tuvo mucho que ver con el proceso de acumulación originaria del que habla Carlos Marx en el tomo 1 de El Capital[4], y que permitió el desarrollo de la revolución industrial en la segunda mitad del siglo XVIII. Las grandes compañías traficantes de esclavos, que controlaron todo el comercio de población esclavizada entre África, Europa y América durante más de tres siglos, fueron las grandes beneficiadas de ese bárbaro sistema productivo impuesto en América por los europeos. Al respecto dice Samir Amin:

En el transcurso de este prolongado período de tres siglos de incubación (el mercantilismo), la periferia americana del centro europeo atlántico mercantilista desempeñará un papel decisivo en la acumulación de la riqueza por parte de la burguesía comercial… El África negra desempeñará una función no menos importante… proveedora de la mano de obra servil para las plantaciones de América” (Amin, 1974: 91).

Algunos autores sostienen, sin embargo, que la centralización del mercado mundial por Europa sólo se logró en la segunda mitad del siglo XIX, luego de las llamadas Guerras del Opio, que permitieron a los europeos irrumpir y controlar la economía de China[5]. Hasta ese momento, China mantuvo de manera independiente un circuito económico y comercial que representaba alrededor de un tercio de la economía mundial.

La expansión europea iniciada en el siglo XV permitió la constitución de un centro de poder mundial, que inicialmente se conformó con las potencias coloniales de Europa Occidental (España, Inglaterra, Portugal, Francia, Italia, Bélgica, Holanda y Alemania), y que posteriormente, con el auge de la expansión del sistema capitalista industrial a lo largo del siglo XIX y XX, se integró con potencias provenientes de la periferia, como ocurrió con los Estados Unidos, Canadá y Japón.

Algunos autores sostienen que el centro de poder mundial se ha constituido en las últimas décadas como un “complejo militar-científico-financiero” que actúa a la sombra, por encima de todos los gobiernos de las grandes potencias, incluyendo a los propios Estados Unidos, de carácter fascista y totalitario, al margen de la legalidad internacional y de las leyes nacionales de los distintos países, que infiltra toda la institucionalidad, incluyendo parlamentos, tribunales y fuerzas militares nacionales, que se fundamenta en su influencia en el Pentágono y la OTAN como arietes estratégicos de una política destinada a fortalecer la influencia mundial de las grandes compañías multinacionales del mundo occidental (Escalona, 2010).

El capitalismo industrial que se impuso a partir del siglo XVIII asignó a los países de la periferia el papel de exportadores de materias primas hacia el centro industrializado, basándose en la mano de obra barata de los países del llamado Tercer Mundo (Amin, 1974: 15). En ese rol se ubicaron todos los países de América Latina durante los últimos siglos. Pero esta división del trabajo prevaleciente en el capitalismo mundial no es un fenómeno inmutable.

No existe un camino único y predeterminado para el proceso de globalización; el mismo responde históricamente a las variaciones en la correlación de fuerzas entre las grandes potencias mundiales y los países dependientes, y entre las clases y grupos sociales dentro de cada país. Debido a ello la globalización ha tenido períodos de auge y de declive a lo largo de estos 500 años. La gesta de independencia encabezada por Simón Bolívar fue en cierta forma una campaña política y militar contra la globalización. Nuestra independencia contribuyó a derrumbar uno de los principales imperios coloniales de la época.

Desde que se disolvió la Gran Colombia en 1830, y con ella el proyecto bolivariano de construir una gran potencia latinoamericana que compitiera con los Estados Unidos y la Europa occidental, el capital inglés que penetró nuestra economía nos asignó el papel de exportador de materias primas para el mercado capitalista mundial. En ese momento era el café nuestro producto principal; con el siglo XX, el petróleo desplazó al café, y el capital estadounidense al inglés en el papel de control sobre nuestro desarrollo económico. Hoy, comenzando el siglo XXI, las cosas no han variado mucho. Seguimos siendo exportadores de materias primas como petróleo, hierro, carbón, aluminio, oro, e importadores de todo lo demás. Porque hasta la comida que consumimos, en más de un 60 %, viene del exterior.


EL LIBERALISMO ECONÓMICO EN EL NACIMIENTO DE LA INDUSTRIA CAPITALISTA.


El liberalismo económico fue formulado por Adam Smith a fines del siglo XVIII. Con el triunfo de la Revolución Francesa, y con ella de la burguesía como clase, el liberalismo se hizo dominante y la expansión del capitalismo por el mundo se realizó bajo los preceptos del libre cambio predicado por los liberales. En Venezuela, desde el primer gobierno de Páez, el liberalismo se impuso como la doctrina que guiaba nuestra economía.

La tesis fundamental del liberalismo consistía en establecer que la economía se regulaba por una “mano invisible” (distinta a la mano visible del Estado) que se encargaba de establecer un orden espontáneo en el mercado libre. Esa “mano invisible” era el sistema de precios o libre juego de la oferta y la demanda, en el cual las necesidades sociales se compensaban de manera espontánea de acuerdo a las leyes del libre cambio. Pero el resultado práctico del liberalismo económico estuvo muy distante de sus postulados teóricos. Como bien lo dijeron los teóricos del socialismo, “el auge de la industria sobre bases capitalistas convirtió la pobreza y la miseria de las masas trabajadoras en condición de vida de la sociedad” (Engels, 1976 (1880): 124). La libertad, igualdad y fraternidad, lemas de la revolución burguesa, se tradujeron pronto en resultados muy distintos de los pregonados inicialmente: la creación de grandes masas de desempleados (llamadas por Engels “ejército industrial de reserva”) que permitían a los capitalistas mantener los salarios en su nivel más bajo posible, llevó a Marx a concluir que “a la acumulación del capital corresponde una acumulación igual de miseria” (Marx, 1976 (1867): t.1, 547). Mientras, la libre concurrencia entre los capitalistas derivó en la quiebra de los más débiles, y en el surgimiento de poderosos monopolios nacionales que controlaron la producción de determinadas ramas industriales, y que luego comenzaron a extenderse a otros países, dando origen al imperialismo[6].

De esta forma, la libre concurrencia de los liberales derivó en una sociedad injusta y de profundos desequilibrios sociales, que sufría crisis económicas recurrentes, y en la cual los niveles de opresión hacia los trabajadores originaron numerosas insurrecciones y revoluciones, como la Comuna de París en 1871 y la Revolución Bolchevique en Rusia, en octubre de 1917. Las contradicciones de la sociedad capitalista liberal vieron su máxima expresión al estallar la guerra mundial de 1914 - 1918, la cual constituyó la más brutal de las guerras conocidas hasta entonces, en donde la carnicería humana llegó a límites espantosos, sólo para satisfacer las ambiciones de expansión de los grupos monopolistas de las distintas potencias europeas. Finalmente, la crisis económica iniciada en 1929 significó el colapso del liberalismo como doctrina económica que guiaba la expansión capitalista en el mundo, dando paso a las tesis keynesianas, que establecían la necesidad de la participación estatal y la planificación para regular la anarquía imperante en la producción.


EL MITO DE LA GLOBALIZACIÓN.


Desde hace tres décadas, los factores de poder mundial vienen invocando al proceso de globalización o interdependencia entre las economías de los diversos países, como la causa que justifica toda una serie de medidas económicas, políticas, sociales y culturales que se deben aplicar en todas partes como única alternativa de supervivencia ante la nueva realidad de la “aldea global”. Visto de esta manera, la globalización es percibida casi como un fenómeno natural, un cataclismo ante el cual no es posible sustraerse, que representa la nueva etapa a la que ha llegado el mundo capitalista, hegemónico en forma absoluta luego del ocaso de la “guerra fría”. Como lo plantea Fornet-Betancourt:

“La globalización implica una ideología o, si se prefiere, una filosofía de la historia que consistiría en suponer que la historia de la humanidad no tiene más que un futuro: el futuro previsto y programado por el neoliberalismo. O sea que la historia, como esfuerzo constante por buscar alternativas diferenciadas que hagan justicia a las diferencias culturales y a la diversidad compleja de mundos de vida irreductibles, habría terminado, pues no habría ya más alternativa que la realidad misma que configura el proyecto civilizatorio del neoliberalismo”  (Fornet-Betancourt, 1999, D-4).

La nueva realidad internacional que se conformó a comienzos de la década de los noventa, con el derrumbe del bloque socialista soviético, implicó un nuevo mundo unipolar, hegemonizado exclusivamente por occidente, con los Estados Unidos a la cabeza del poder imperialista mundial. En este nuevo orden internacional, la globalización se profundizó en todos los sentidos, y particularmente se ha hecho énfasis en la pretendida superioridad cultural del mundo occidental, así como en lo económico se ha consolidado el modelo neoliberal dominado por el capital financiero multinacional, y en lo político la democracia liberal representativa se le presenta a la humanidad como la más elevada forma de organizar la conducción de nuestras sociedades.

El expansionismo de la civilización occidental intenta demoler cualquier intento distinto de organización social que la cuestione:

“Lo que se ha hecho más evidente de este fenómeno del expansionismo civilizatorio es, primero, la sacralización que han conquistado los principios e instrumentos ideológicos que imperan en el mundo occidental, y segundo, la condena absoluta a todo lo que implique la consecución de un espacio en las relaciones humanas donde impere la norma del diálogo directo y el sentido de comunidad, donde la solidaridad y el respeto a la diversidad sean componentes fundamentales de las relaciones entre los hombres” (Cuadernos para el debate, 1991: 10).

Creemos, sin embargo, que la globalización se difunde a nivel mundial sobre premisas falsas (Petras y Polychroniou, 1998: 24), que distorsionan su verdadero significado y alcances. Al respecto puntualizamos:

1)  Que la globalización no es un proceso reciente. La interdependencia de las economías mundiales, a partir de la conformación de un único mercado mundial, comenzó a constituirse desde el siglo XV, con el expansionismo mercantilista de Europa occidental. Autores como Gunder Frank sostuvieron que existían mecanismos de globalización desde el comienzo mismo de la era cristiana, al establecer que crisis económicas vividas en el mundo chino repercutían en occidente, y viceversa (Gunder Frank, 2004)[7].

2)  La doctrina económica que alienta a la globalización, el neoliberalismo, tiene más de doscientos años de haber sido formulada por su creador, Adam Smith, a fines del siglo XVIII. El liberalismo económico tiene una larga historia de triunfos relativos y de fracasos absolutos, que no puede ser obviada ahora que se habla de él como si fuera una propuesta de reciente data.

3)  La globalización se desarrolla simultáneamente con procesos abiertamente contrarios, como el resurgimiento de los nacionalismos en Europa y Asia, y la creación de bloques económicos proteccionistas, de los cuales la Unión Europea es el mejor ejemplo (la Comunidad Andina, el Mercosur a nivel latinoamericano también fueron reflejo de este proceso, al que se unen iniciativas como el ALBA). Por tanto, es falso que la globalización sea un proceso que absolutiza las relaciones político-económicas a nivel internacional.

4)  La globalización ha atravesado por momentos de auge y períodos de declive. Según James Petras (profesor de la Universidad de Nueva York), en muchos aspectos fundamentales había mayor integración de la economía mundial a finales del siglo XIX que en la actualidad. Es evidente que actualmente se vive un período de auge de la globalización, en el cual los organismos multilaterales (FMI, BM) ejercen un control sobre las economías de los países dependientes o subdesarrollados (ahora llamados “economías emergentes”). Este control económico se ha extendido, al calor de la crisis mundial actual, a las economías de los países europeos que atraviesan dificultades financieras, como Grecia, España, Portugal e Irlanda.

5)  El proceso globalizador actual se caracteriza por el aumento de las comunicaciones, por la internacionalización de los sistemas productivos y de servicios, por la rapidez en que circula la información hasta cualquier rincón del planeta (Dos Santos, 1993: 98).

6)  El intento globalizador por unificar culturalmente al mundo entero, bajo los principios del “american way of life”, y amparándose en los adelantos en las comunicaciones que han permitido la reciente revolución científico-técnica, tampoco es nuevo en términos históricos. Ya desde el siglo XV los europeos occidentales colonizaron al resto de continentes con el objetivo de imponer su modo de vida a todos los pueblos “infieles”, a los cuales se les negó el derecho a seguir practicando sus religiones, idiomas y costumbres. Por ello es que América, pese a tener miles de años de civilización propia, habla en idiomas europeos (español e inglés principalmente) y reza al dios cristiano.

7)  La receta neoliberal pregonada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no es la única forma posible de “insertarse” en el proceso globalizador (proceso en el cual estamos insertados, dicho sea de paso, desde el mismo momento en que Colón piso tierra firme en Macuro, en agosto de 1498). Ante la globalización se puede actuar en sentido contrario, creando bloques regionales, protegiendo a las industrias nacionales y controlando los mercados internos.

La globalización que nos han vendido hasta ahora representa exclusivamente los intereses del capital multinacional, el cual ha reorganizado las relaciones económicas en el ámbito mundial en procura de mayores beneficios. En nombre de la globalización, el centro de poder mundial, representado por los Estados Unidos y el resto de países del G-7, junto a las grandes compañías multinacionales (de las cuales más de un 80 % pertenecen a este grupo de países) y los organismos multilaterales, ha venido promoviendo una serie de medidas que conducen a la pérdida de la soberanía de los países, a la vez que se restringen o anulan todos los derechos sociales que pudieran obstaculizar el libre desenvolvimiento del capital multinacional.

Durante los años 80 y 90, los “mercados emergentes” que pregonan los neoliberales a nombre de la globalización, se sumergieron en profundas crisis uno tras otro, en rotundo mentís de las pretendidas bondades de las economías regidas por el libre mercado. Igual ha ocurrido a partir del 2008 en los propios países del centro imperialista, particularmente en los Estados Unidos y Europa Occidental. El empobrecimiento vertiginoso de millones de personas en todos los países dependientes, el crecimiento del hambre y la miseria hasta niveles atroces, el estallido de crisis políticas y rebeliones sociales, junto al crecimiento igualmente exponencial de las ganancias de las multinacionales y del proceso de concentración de capitales, han sido los resultados de la globalización neoliberal, visibles y palpables en todos los rincones del orbe.

Estamos decididamente en contra  de la forma en que los neoliberales entienden a la globalización. Nos pronunciamos por la globalización de la solidaridad; por la creación de redes mundiales de resistencia ante el predominio del capital multinacional; por el respeto de la soberanía y la autodeterminación de todos los pueblos, sean éstos fuertes o débiles en lo económico; por la defensa de los derechos sociales de todos los trabajadores en el mundo entero. En América tenemos el mejor ejemplo histórico en la obra de Bolívar, con su proyecto de Confederación Hispanoamericana y su creación de la República de Colombia (o Gran Colombia). La gesta bolivariana constituyó una profunda ruptura en el monopolio de poder mundial que ejercían los europeos, y en cierta forma se puede decir que su labor fue anti-globalizadora. Pero al mismo tiempo, con su proyecto de constituir una gran potencia latinoamericana, se insertaba en términos dignos dentro de la interdependencia mundial entre las naciones. Tal como lo intentó Bolívar, la globalización neoliberal debe enfrentarse con la unidad de los pueblos de América Latina.

En la primera década del siglo XXI el proceso globalizador hegemonizado por occidente ha sufrido una serie de traspiés que analizamos más adelante. La insubordinación del “patio trasero” de los Estados Unidos, de los países de América Latina que comienzan la búsqueda de un camino propio para su desarrollo económico, es una de las circunstancias más relevantes. El fortalecimiento de otros polos de poder mundial, como lo es la Organización de Cooperación de Shanghái (creada en 2001), y el crecimiento exponencial de las economías de los dos principales países que la integran, China y Rusia, introducen igualmente elementos que modifican sustancialmente el panorama del mundo globalizado que existía para la última década del siglo XX. Los llamados países del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), destinados a convertirse, según muchos analistas, en las principales economías del mundo para mediados del siglo XXI, se presentan hoy como una alternativa de recambio a la hegemonía anglosajona que ha vivido el capitalismo globalizado desde el siglo XVIII.


EL IMPERIALISMO:


En la segunda mitad del siglo XIX, el sistema capitalista imperante en Europa y los Estados Unidos se transformó en una economía internacional, en la cual las potencias indus­triales y comerciales establecieron nexos de dominación con el resto de países del mundo por medio de un instrumento distinto al tra­dicional colonialismo: la exportación de ca­pitales, que dio origen al imperialismo. Inglaterra, Francia, Alemania y los Estados Unidos fueron los protagonistas de este proceso de expansión del capitalismo; el proceso de acumulación originaria en los países europeos había sido posible por la expoliación de las riquezas de sus posesiones coloniales en Asia, África y América.

Este proceso de auge y expansión del capita­lismo es el que permitió el que se modificaran los mecanismos y vínculos de la dependencia, pasando los países periféricos de la subordi­nación al capitalismo premonopolista a la del capitalismo propiamente monopolista. La trustificación de la economía capitalista y la formación de poderosos monopolios carac­terizaron a la segunda mitad del siglo XIX. La exportación de capitales hacia países latinoamericanos buscaba consolidar en estos las llamadas economías de enclave, lo que le permitió al capital extranjero mantener el control absoluto de la explotación de los recursos primarios exportados a los grandes centros industriales.

La exportación de capitales por parte de las grandes potencias capitalistas hacia los países de la periferia, buscaba entonces tres objetivos fundamentales:

·      Controlar directamente la producción de las materias primas necesarias para su desarrollo industrial, en unas condiciones más ventajo­sas por el bajo costo de la mano de obra, escasos impuestos y controles gubernamenta­les, y facilidades de materias primas.

·      Invertir los excedentes de capital que gene­raba su proceso económico expansionista; la necesidad vital del capital es reproducirse y expandirse, y la búsqueda de nuevas áreas de producción y de nuevos  mercados  era,  para ese entonces, y al igual que hoy, el problema a resolver por el capitalismo.

·      Controlar los mercados en los cuales venden sus productos las grandes potencias. Esto significa al mismo tiempo evitar que los países periféricos desarrollen capacidades productivas que eventualmente sustituyan a las cuantiosas importaciones que realizan desde los países industrializados. En palabras más simples, las grandes potencias necesitan evitar el desarrollo de los países dependientes, para garantizar así la venta permanente de sus productos en nuestros mercados. Esta necesidad implica que el imperialismo sólo permite en los países periféricos el desarrollo de procesos productivos complementarios de su propio aparato productivo.

El desarrollo del imperialismo se dio a partir del control de los mercados externos y de las fuentes de materias primas, mediante la inversión de capitales y la disputa entre las potencias por el control de nuevos territorios (Lenin, 1969: 238). Esta “lucha por un nuevo reparto del mundo”, según palabras de Lenin, fue la que originó el desarrollo de las dos grandes guerras mundiales en el siglo XX, y aún en el siglo XXI sigue generando conflictos bélicos. Las recientes invasiones de los Estados Unidos a Afganistán, en 2001, y a Irak, en 2003, demuestran claramente que el imperialismo sigue vigente, con todas sus características abominables.

Consideramos que las inversiones extranjeras han cumplido un papel determinante en la conformación del carácter dependiente de las sociedades latinoamericanas. En este sentido descartamos las tesis propagandizadas desde el siglo XIX, y puestas de moda con el boom del neoliberalismo en los años ochenta, las cuales subordinan el desarrollo de los países atrasados a la necesidad ineludible de las inversiones extranjeras. Como lo planteó Salvador de la Plaza:

"...cuando en las hoy llamadas potencias occidentales se inició la exportación de capitales... proliferaron diversas teorías pseudo sociológicas y económicas sobre la incapacidad de los países subdesarrollados a incorporarse por sí mismos al proceso de avance técnico y de mejores condiciones de vida que ya esas potencias gozaban... y entre ellas, la que afirmaba la inevitabilidad de recurrir al capital extranjero" (De la Plaza, 1976: 11-12).

Los resultados de más de un siglo de inversiones extranjeras en Venezuela y en el resto de países latinoamericanos, a la luz de la actual crisis, con su carga de hambre y miseria que han colocado los niveles de vida en condiciones infrahumanas para millones de personas, constituyen la constatación del efecto negativo de dichas inversiones para el desarrollo de nuestros países. Las empresas capitalistas, desde sus versiones liberales del siglo XIX, pasando por los truts, carteles, monopolios, corporaciones multinacionales hasta su forma reciente de empresas globales, siempre han visto en los países coloniales y neocoloniales una fuente de rápidas y elevadas ganancias, nunca un espacio a ser integrado en el mercado mundial. Mucho menos, tuvieron y tienen alguna identificación con los intereses de sus pueblos como naciones, como ciudadanos o incluso como conjunto de individuos económicamente utilizables (Dos Santos, 1993: 106).

Armando Córdova, citando a Singer, resume las causas por las que las inversiones extranjeras hayan sido "desafortunadas" para los países atrasados:

·      Porque el efecto multiplicador de la inversión tiene lugar no donde ésta se realiza, sino en el país de origen del capital.
·      Porque lanza a los países atrasados por ac­tividades que ofrecen menos incentivos al progreso técnico, eliminando un factor que ha sido revolucionario en los países desarro­llados.
·      Los países avanzados han visto subir los precios de sus productos manufactureros, mientras los países atrasados sufren la caída de los precios de las materias primas (Córdova, 1979: 18-19).

La transformación de las economías agrarias tradicionales en econo­mías "modernizadas" al estilo capitalista, conservó y aumentó su carácter dependiente, circunstancia directa­mente relacionada con los efectos de las inversiones foráneas. Nuestro atraso no es producto de incapacidades intrínsecas de sociedades y razas "inferiores"; nuestro subdesarrollo y nuestra dependencia ha sido modelada desde los grandes centros imperia­listas con el objetivo de mantenernos someti­dos y explotados por el capital norteamerica­no y europeo (a los que se ha agregado ahora el Japón). Como lo plantea Armando Córdova:

"...un sector de inversiones extranjeras destinado a producir bienes primarios, creó en los países recipientes un conjunto de cambios estructurales que transforman a la economía atrasada anterior en una economía atrasada de nuevo tipo, es decir, en una economía subdesarrollada. Estos cambios estructurales resultan conformados de tal manera que engendran e institucionalizan una relación de dependencia de forma e intensidad diferente a la del modelo anterior, tanto desde el punto de vista socioeconómico como desde el punto de vista técnico, relación que tiene como objetivo final la traslación del excedente económico desde las áreas periféricas hasta las metrópolis capitalistas centrales" (Córdova, 1979: 240).

 


2) ANTECEDENTES DEL MUNDO UNIPOLAR.

 

LA GRAN CRISIS MUNDIAL ENTRE 1914 Y 1945.



Las dos últimas décadas se han caracterizado por la existencia de una única superpotencia mundial, los Estados Unidos de América. Luego de la caída del muro de Berlín en 1989 y el posterior colapso de la URSS en 1991, los Estados Unidos quedaron sin contendores en el sistema capitalista mundial. Esta etapa de unipolaridad, que en los 90 parecía ser que duraría durante todo el siglo venidero, ya presenta signos de agotamiento, los cuales analizaremos en puntos posteriores.

Antes de llegar allí debemos conceptualizar la etapa anterior, la llamada Guerra Fría o Período de la Posguerra, entre 1945 y 1991, considerando además los orígenes históricos de ese período. Comenzaremos diciendo que en 1914 se abrió un período de profunda crisis en el sistema capitalista mundial. La confrontación interimperialista entre Alemania e Inglaterra-Estados Unidos, incubada desde los tiempos coloniales y preparada en las últimas décadas del siglo XIX, estalló como lucha por un nuevo reparto del mundo a partir de 1914.

Desde la época de la expansión europea en los siglos XV y XVI, Alemania había quedado por fuera del reparto de las posesiones coloniales en África, América, Asia y Oceanía. Pero su crecimiento como gran potencia industrial  a fines del XIX encontraba limitaciones por no tener control de territorios coloniales o áreas de influencia que sirvieran de fuentes de materias primas, mercados para sus productos y para inversión de sus capitales. Esa disputa interimperialista condujo a las dos grandes guerras mundiales del siglo XX.

Como bien dijeron Hilferding y Lenin al caracterizar el imperialismo, la disputa interimperialista por lograr un nuevo reparto del mundo se expresó en esa profunda crisis histórica que el capitalismo mundial vivió entre 1914 y 1945. Pero las consecuencias de esa disputa interimperialista casi acaban con el propio sistema capitalista. Las revoluciones obreras y campesinas, inspiradas en el comunismo, fueron uno de los resultados inesperados de esa crisis, y pusieron en jaque al sistema capitalista por varias décadas.

 En 1917, en plena guerra mundial, los obreros rusos iniciaron la revolución soviética y terminaron erigiendo el primer estado socialista del mundo, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. En el transcurso de la segunda guerra (1939-1945) emergieron poderosos ejércitos comunistas en la propia URSS, en China, Vietnam, Yugoslavia y Albania, los cuales conquistaron el poder y cambiaron radicalmente el mapa del mundo. La derrota del imperio nazi fue obra principal de los ejércitos comunistas soviéticos, los cuales llegaron hasta la propia guarida del Fuhrer[8] en Berlín, y acabaron radicalmente con el sueño fascista del Tercer Reich.

Lo que se suponía sería una rápida ofensiva alemana que aplastaría toda resistencia de los rusos, fue inesperadamente detenida en Stalingrado a mediados de 1942, abriéndose a partir de allí una de las etapas más gloriosas de las luchas de los pueblos contra la opresión imperialista. En un hecho sin precedentes en la historia del capitalismo, una región periférica como la URSS logró detener y luego derrotar militarmente a una de las primeras potencias imperialistas del momento, la Alemania Nazi, conduciéndola a su total aniquilación como régimen político.

De forma similar se construyó un poderoso ejército comunista en China, dirigido por Mao Tse Tung, que finalmente alcanzaría el poder en 1949. Igualmente en Vietnam, bajo el liderazgo de Ho Chi Minh, en Yugoslavia bajo la conducción de Josip Broz Tito, y en Albania con la dirección de Enver Hoxha. En toda la Europa Oriental, el ejército soviético contribuyó a establecer regímenes comunistas, y la consecuencia final del período de guerras mundiales era que había nacido, crecido y fortalecido un sistema aparentemente contrario al capitalismo occidental, que amenazaba seriamente su existencia y continuidad futura: el comunismo.


LA GUERRA FRÍA (1945-1990).


Durante casi 50 años, luego del término de la Segunda Guerra Mundial en 1945, el mundo globalizado vivió lo que se conoce como el período de la “guerra fría”, caracterizado por la confrontación[9] este-oeste, entre la mitad del mundo dominada por el capitalismo contra la otra porción regida por el comunismo. Las dos potencias reinantes, los Estados Unidos de América (EUA) y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), impusieron un sistema mundial caracterizado por el equilibrio de poderes entre el capitalismo y el comunismo, sistema que se expresaba incluso en los organismos de carácter internacional como la ONU, la OTAN, el Pacto de Varsovia, etc.

Samir Amin incorpora un tercer bloque de poder que se conformará durante la Guerra Fría: la experiencia nacionalista-antiimperialista que desarrollaron naciones del Tercer Mundo entre 1955 y 1975, incluyendo principalmente al nacionalismo árabe y el Movimiento de Países No Alineados (Amin, 2000). Este tercer bloque fue el resultado de los Movimientos de Liberación Nacional en África y Asia, y en América Latina se expresó con la revolución cubana y las fuerzas “desarrollistas y populistas” (Roffinelli, 2007: 32).

El período de la guerra fría significó para el mundo capitalista el florecimiento del Estado Benefactor y del modelo económico Keynesiano. Ambos fueron la respuesta urgente ante los descalabros sufridos por el sistema capitalista durante la segunda guerra mundial. Por su parte el comunismo implantado en la URSS, en los países de Europa oriental, en Vietnam, Corea del Norte y Cuba, recorrió el camino de la centralización absoluta del poder, un capitalismo de estado dirigido por un partido único, modelo que finalmente colapsaría luego de 70 años, entre 1989 y 1991.

El sistema de equilibrio de poderes entre capitalismo y socialismo fue superado en términos históricos cuando los distintos gobiernos comunistas del bloque soviético fueron derrocados entre 1989 y 1992, desapareciendo la misma URSS[10], y quedando los Estados Unidos como única gran potencia mundial.


EL KEYNESIANISMO Y EL ESTADO BENEFACTOR COMO SALVADORES DEL CAPITALISMO EN 1945.


            De la segunda guerra emergieron los Estados Unidos como la gran potencia del capitalismo occidental, tomando la batuta de una Inglaterra que ya desde la 1ª Guerra daba muestras de agotamiento como primera potencia representante del capital. Pero a la vez emergió un mundo bipolar, caracterizado por el enfrentamiento entre capitalismo y comunismo, sistemas que formalmente se mostraban como totalmente antagónicos.

            Todas las instituciones creadas por el capitalismo occidental a partir de 1945 tenían por objetivos dar urgentes respuestas y soluciones a la profunda crisis que acababan de atravesar. No era cualquier cosa. Alemania, una de las potencias imperialistas protagónicas durante los cien años anteriores, había sido borrada del mapa como factor de poder mundial, así como sus aliados Italia y Japón. Otras potencias como Inglaterra y Francia atravesaban una situación económica deplorable.

Instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, creadas en 1944 en los acuerdos de Bretton Woods, tenían por objetivo reorganizar el sistema financiero mundial protegiendo los intereses del gran capital multinacional y de las potencias occidentales. La Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) e iniciativas como los propios Juicios de Núremberg contra los dirigentes de la Alemania nazi, buscaban garantizar un orden de cosas que detuviera la oleada revolucionaria y permitiera al capitalismo comenzar a recuperar el terreno perdido.

Uno de los aspectos más destacados fue el modelo económico keynesiano, de intervención del Estado en la economía, utilizado para salir de la mayor crisis económica vivida por el capitalismo, la de 1929, y el florecimiento del Estado Benefactor (Welfare State). Para detener el avance del comunismo en Europa y Asia, el capitalismo se vio obligado a mostrar un rostro de apariencia humana, reconociendo que las desigualdades sociales que él generaba debían ser reconocidas y corregidas por la acción del estado.

La economía capitalista mundial fue dominada por las ideas keynesianas a partir de la crisis de la década de 1930, cuando el economista inglés asesor de F.D.Roosevelt, John Maynard Keynes estableció la necesidad de una creciente intervención del Estado como agente regulador de la actividad económica[11]. En su momento, el keynesianismo contribuyó significativamente a la superación de la crisis económica que se inició en 1929 y cubrió buena parte de los años 30. Keynes produjo una formulación del ciclo económico donde sostuvo que existe una tendencia secular de la demanda a declinar, es decir, a no coincidir con la oferta, proviniendo de allí los desajustes que provocan las crisis recurrentes; para evitar la caída de la demanda debe intervenir un agente extramercado, el Estado,  poniendo en discusión la creencia en los automatismos y autorregulaciones del mercado, definiéndose partidario de una creciente intervención del Estado como agente regulador de la actividad económica (Lanz, 1996: 3).

Específicamente, Keynes sugirió una serie de medidas anticrisis que colocan el énfasis en la ampliación de la demanda agregada a través del gasto público, es decir, utilizar la intervención del Estado para garantizar inversiones, compras, créditos, en momentos en que los capitalistas se abstienen de hacerlo porque ha bajado la tasa de ganancia y el proceso de producción y de consumo caen en forma acelerada. El punto de partida de Keynes fue que el ciclo económico y sus diversas fases: depresión, recesión, recuperación y auge, está originado por la disparidad entre el ahorro y la inversión. La recesión sería originada por la propensión al ahorro por parte de los capitalistas (originada por motivos como la precaución, la avaricia, la especulación), lo cual desestimula la inversión y la producción. Para combatir tal tendencia, el Estado debe estimular el consumo y la inversión, considerando que en momentos de crisis existen mayores riesgos y mayores expectativas de fracaso, por lo que el Estado es el que debe correr los riesgos de la inversión. Esto se logra a través del gasto improductivo del gobierno. Igualmente se plantea en la receta keynesiana invertir en ramas de la producción que cumplen el papel de multiplicar o expandir la inversión y la producción (como por ejemplo, la industria de la construcción).

El keynesianismo permitió reconstruir a la Europa devastada por la guerra, y el Estado Benefactor debió reconocer multitud de derechos sociales y laborales[12] para salirle al paso a la creciente influencia del comunismo en el mundo. Bajo esos preceptos, el capitalismo occidental vivió entre 1945 y 1973 su mayor período de expansión y crecimiento económico.

El Estado Benefactor tuvo su origen histórico en la necesidad de detener la influencia comunista en Europa y el resto del mundo capitalista. No fue resultado de una “toma de conciencia” de los capitalistas acerca de las desigualdades sociales generadas por su modelo económico explotador del trabajo asalariado. El Estado Benefactor fue sencillamente un paso atrás que dieron los dueños del mundo para poder mantener su poder. El aplastante triunfo soviético sobre la Alemania nazi fue el verdadero origen del estado benefactor y del tipo de keynesianismo[13] que se desarrolló simultáneamente.

El punto de partida que justificó al Estado Benefactor fue el reconocimiento de que la sociedad capitalista genera profundas desigualdades sociales, y que es deber del Estado, actuando en nombre de la sociedad toda, el equilibrar esas desigualdades. En esa dirección, el Estado capitalista cobra impuestos y derechos de diversos tipos para contar con recursos suficientes para poder subsidiar una serie de servicios públicos y satisfacer las necesidades básicas de los sectores más humildes de la población.

Este reconocimiento de que el capitalismo genera desigualdades fue producto del enorme ascenso de la lucha de clases de los trabajadores en el marco de las dos guerras mundiales y la profunda crisis económica de la década de 1930 (período 1914-1945). En sentido contrario, el descenso de la lucha de clases mundial a partir de la década de 1970, permitió el fortalecimiento del neoliberalismo como modelo económico y favoreció que sustituyera a la dupla keynesianismo-estado benefactor.

Las consecuencias del welfare state permitieron que el capitalismo viviera en el período 1945-1970 su mayor crecimiento económico de la historia. De una u otra forma, los derechos sociales conquistados por los trabajadores y los pueblos del mundo aumentaron los niveles de vida y la capacidad de consumo de las grandes mayorías populares. Por ese medio, la expansión económica del capitalismo permitió reconstruir en pocos años la devastada economía europea (el plan Marshall), y recuperar en buena parte los espacios en los cuales se había debilitado su poder político-económico.


SE IMPONE EL NEOLIBERALISMO (1975-2008).


Ese orden de la posguerra comenzó a modificarse a partir de la década de 1970. El progresivo debilitamiento de la oleada revolucionaria, y la burocratización de las experiencias socialistas en el poder, permitieron al capitalismo occidental recuperar la ofensiva mediante la propuesta del modelo económico monetarista o neoliberal, que comenzó a erigirse como dominante a partir de los gobiernos de Margaret Tatcher en Inglaterra (1979) y Ronald Reagan en los Estados Unidos (1980). Mediante el poder de las instituciones económicas multilaterales (FMI y BM), el capital impuso por la vía del chantaje económico el modelo neoliberal en los países de la periferia.

A comienzos de la década de 1970, la llamada Escuela de Chicago, con el economista Milton Friedman a la cabeza, resucitó las viejas teorías liberales formuladas por Adam Smith en el siglo XVIII. Al surgir el neoliberalismo, formuló con nuevas palabras la vieja creencia de que la mano invisible del mercado puede arreglar los desajustes y fluctuaciones temporales de la economía. El neoliberalismo consiste en la reelaboración de la ideología liberal[14].

El capitalismo occidental, en el transcurso de los años 70, decidió acabar con el modelo keynesiano y el estado benefactor, acusándolos de ser los causantes del estancamiento de la tasa de ganancias que vivían las grandes multinacionales. Para ello promovió el modelo neoliberal desde los gobiernos de Margaret Thatcher (Inglaterra, 1979-1990) y Ronald Reagan (Estados Unidos, 1980-1988), aunque ya antes había iniciado su aplicación práctica con el asesoramiento de los “Chicago Boys”[15] a la dictadura militar de Augusto Pinochet en Chile, a partir de 1974. Como ideología fue ganando terreno a lo largo de los años 80. En América Latina, la crisis de la deuda externa forzó a muchos países a aceptar políticas neoliberales, que fueron puestas como condición por los técnicos del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para conceder los créditos que permitirían renegociar la deuda externa (Martínez y González, 1995: 47).

Utilizando al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, y aprovechándose de las necesidades y urgencias que la llamada “crisis de la deuda” les imponía a los países periféricos, se impuso mediante el chantaje el modelo neoliberal en todo el Tercer mundo. Los préstamos otorgados por el FMI y el BM se realizaban sólo a condición de que se aplicaran programas económicos neoliberales. Uno tras otro, los gobiernos latinoamericanos y de otros continentes, fueron firmando sus respectivas “cartas de intención”[16], y el modelo neoliberal se fue expandiendo en el mundo.

Responsabilizando como causantes del estancamiento económico a una serie de factores entre los que destacaban: la excesiva intromisión del Estado en la economía, el elevado gasto público, el déficit fiscal, las regulaciones de precios, el excesivo proteccionismo en áreas de la economía, y el peso de los derechos laborales y sociales reconocidos por el Estado, el modelo neoliberal se propuso imponer de nuevo la vieja creencia de que la mano invisible del mercado puede arreglar los desajustes y fluctuaciones temporales de la economía. El libre mercado, o libre juego de la oferta y la demanda, debía sustituir al viejo modelo keynesiano de intervención estatal.

Lo que no se decía, es que ese libre mercado era mucho más viejo que el keynesianismo, y que ya en el pasado se había demostrado incapaz de resolver los problemas socioeconómicos de los pueblos del mundo. De todos modos, la imposición del neoliberalismo no significó la desaparición del intervencionismo estatal en los países industrializados. Estos mantuvieron fuertes medidas proteccionistas hacia determinadas áreas económicas, como por ejemplo la agricultura, y la simbiosis estado-empresa privada siempre ha actuado unida en el llamado “complejo militar-industrial”.

El neoliberalismo logró imponerse debido a los cambios ocurridos en la correlación de fuerzas entre el capitalismo y el comunismo, entre las grandes potencias industriales y los pueblos en lucha. Para los años 70 la oleada revolucionaria que resultó de la segunda guerra mundial había amainado considerablemente, aunque todavía ocurrieron victorias importantes como la de Vietnam en 1975 y la de Nicaragua en 1979. La profunda crisis vivida por el bloque socialista soviético en los años 80 facilitó las cosas para que el capitalismo occidental fortaleciera su ofensiva y recuperara espacios que había perdido durante las guerras mundiales.

La sucesión de reformas que acercaron a los países socialistas al capitalismo occidental favorecieron igualmente esta debacle del modelo keynesiano y el triunfo del neoliberalismo. El retroceso hacia el capitalismo promovido por todos los últimos gobernantes de la URSS, y por Den Xiao Ping en China, crearon las condiciones para que las fuerzas del capital se expandieran incorporando a esos territorios como nuevos mercados y áreas de inversión.

El neoliberalismo constituyó la doctrina promovida por el gran capital multinacional para reorganizar las relaciones económicas a nivel mundial de acuerdo a sus intereses y en procura de beneficios propios. Las políticas impuestas por el FMI y el BM favorecieron la penetración de dichos capitales en los países del Tercer Mundo, en condiciones sumamente ventajosas por los bajos salarios y las amplias garantías ofrecidas. Igualmente, las políticas de ajuste neoliberales favorecieron a las clases dominantes locales, las cuales aumentaron su poder en detrimento de los sectores populares.

La década de los 80, en la cual se implementaron los planes neoliberales en América Latina, pasó a ser denominada como la “década perdida”, por los nefastos resultados económicos que tuvieron para los países y los pueblos del continente. Resultados negativos que siguieron presentándose en los 90 y entrado el siglo XXI. Pero nuevamente ocurrieron acontecimientos imprevistos que han ido configurando una situación distinta en Latinoamérica.

Los principales promotores a nivel internacional del neoliberalismo han sido el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El Fondo Monetario Internacional nació en 1944 como resultado de los acuerdos de Bretton Woods, donde las principales naciones capitalistas decidieron poner orden en el sistema monetario y financiero internacional, después de los estragos de la II Guerra Mundial. En las décadas del 80 y 90 del siglo pasado, al FMI se le había asignado la tarea de manejar el problema de la deuda de los países subdesarrollados. A lo largo de los años 80, el FMI impuso en América Latina una serie de políticas de ajuste basadas en el recetario neoliberal predicado por Friedman y la Escuela de Chicago, aprovechando la crisis desatada por la enorme deuda externa de la región, la cual hipotecó aún más las economías latinoamericanas a los dictados del capital internacional.

Los teóricos de la Escuela de Chicago ubicaron las causas de la crisis en los siguientes factores:

·      Exceso de participación e intromisión del Estado en la economía.
·      Elevado gasto público.
·      Déficit fiscal (es decir, que el gobierno gasta más de lo que percibe).
·      Exceso de regulación en los precios.
·      Proteccionismo excesivo en determinadas áreas de la economía.

            El recetario neoliberal para salir de la crisis, el cual es pregonado a nivel mundial por el FMI y el BM, y aplicado actualmente en países como Grecia, Portugal y España, prescribe las siguientes medidas[17]:

·      Limitar la participación estatal en la economía, lo que implica no fijar precios ni a las mercancías ni a la fuerza de trabajo, no regular el valor de la moneda ni limitar las tasas de interés. Tampoco debe el Estado poseer empresas productivas, las cuales deben estar en manos del capital privado.
·      Estimular la competencia, eliminando todas las trabas legales para la entrada de nuevos productores en el mercado, e incluso a la entrada de productos extranjeros por vía de importaciones (eliminación o baja de aranceles), medida esta última que favorece ampliamente a las corporaciones multinacionales y perjudica el desarrollo de una industria nacional. Recordemos aquí que ningún país en el mundo se ha desarrollado sin implementar fuertes medidas proteccionistas a la industria nacional.
·      Reducir el déficit fiscal, racionalizando el gasto público, eliminando subsidios. Como lo plantean Martínez Abal y González Fabre (1995: 56), “debe renunciarse a pensar en la acción estatal como mecanismo de redistribución del ingreso, que quita a los ricos mediante los impuestos y da a los pobres a través de servicios baratos, subsidios y transferencias, o empleo público”.
·      Estimular la producción y la productividad desvalorizando el salario e incrementando la explotación del trabajo. Esto implica lo que se llama la “flexibilización” de las relaciones laborales, que no es otra cosa que el aumento de los niveles de explotación de las masas trabajadoras disminuyendo el salario real y eliminando una serie de reivindicaciones sociales conquistadas a lo largo de décadas de luchas obreras en todo el mundo, como es debilitar a los sindicatos, la privatización de la seguridad social, la eliminación del salario mínimo, suprimir las barreras a los despidos de trabajadores. El FMI y BM, exigen aplicar estas y otras medidas, pues si no “las inversiones irán a otra parte y el mundo del trabajo sufrirá las consecuencias”; es decir, si los trabajadores no renuncian a sus conquistas que tanta sangre les costó, los capitales se invertirán en otros países, condenándolos a una mayor hambre y miseria.
·      Liberación de precios, que se encuadra en la eliminación de las regulaciones estatales.
·      Eliminación de las barreras proteccionistas para atraer las inversiones extranjeras.

            Estas medidas formaron parte del Paquete de Ajustes que el FMI estableció como condiciones a los países de América Latina y del resto del llamado “tercer mundo”, para renegociar las deudas y otorgar nuevos empréstitos.

            El neoliberalismo terminó siendo la doctrina promovida por el gran capital multinacional para su propio beneficio. Las políticas impuestas por el FMI y BM favorecieron la penetración de dichos capitales en los países del Tercer Mundo, en condiciones sumamente ventajosas por los bajos salarios y las amplias garantías que se les ofrecían. Igualmente, las políticas de ajuste neoliberales favorecieron a las clases dominantes locales, las cuales aumentaron su poder en detrimento de los sectores populares[18]. Como bien lo planteaban James Petras y Steve Vieux:

 “Las élites locales e internacionales se han beneficiado mucho del ajuste estructural. Las deudas privadas las ha asumido el Estado, los bancos acreedores han recibido miles de millones, las organizaciones de las clases trabajadoras han sido aplastadas o dramáticamente debilitadas mediante la represión y las consecuencias económicas del ajuste, los mercados locales y los recursos se han abierto de par en par a los inversionistas extranjeros, la mano de obra se ha abaratado enormemente. En efecto, el ajuste estructural es una forma de lucha de clases con otro nombre. Ha organizado un cambio drástico en términos de poder de clases en beneficio de los ricos y privilegiados” (Petras y Vieux, 1996: 156).

En su importante trabajo sobre Mercado y Neoliberalismo en Venezuela, Martínez Abal y González Fabre resumen las críticas que se le hacen al neoliberalismo en el plano teórico, al decir que el proceso del libre mercado no ofrece ninguna garantía acerca del reparto equitativo del producto social, y que por el contrario, en situaciones de mercado libre, el peso político del poder económico es muy grande (ejercido a través del financiamiento a los partidos, del control de los medios de comunicación, de la corrupción, de la amenaza de trasladar las empresas a otro país, etc.), por lo que concluyen que el libre mercado tiende a conservar la estructuración desigual de la sociedad, e incluso a agudizar las diferencias. “Un resultado que proporcione ciertos mínimos de oportunidades a toda la población no es el resultado automático del libre mercado, sino el producto de intensas luchas políticas y sindicales que pretenden limitar algunos aspectos formales de la libertad económica a cambio de extender otros aspectos materiales” (Martínez A. y González F., 1995: 59).

Dichos autores exponen lo que fue la realidad de la expansión capitalista en el mundo, la conformación de los monopolios a consecuencia de la “libre competencia” en el mercado mundial: “El mercado dejado libremente a sí mismo no sólo no se acerca a la competencia perfecta, sino que tiende a alejarse y producir situaciones de monopolio ... La tendencia de los mercados a la concentración del poder económico, y de ahí también el político, obliga a la sociedad a mantenerlos bajo control para no ser ella misma controlada por pequeños grupos” económicos. (pp. 62-63).

Concluyen que con un Estado poco operativo, una sociedad civil desorganizada y unos mercados de configuración oligopólica, reducir el papel del Estado en la economía de acuerdo a la propuesta neoliberal equivaldría a dejar las manos libres a los grupos monopolistas para acrecentar su poder económico (p.66). Sería reorganizar la economía en función de los intereses de unos pocos.

Los resultados de la política neoliberal en Latinoamérica durante las décadas de 1980 y 1990, de programas de ajustes estructurales impuestos por el FMI-BM, no reflejaron las pretendidas bondades que debieran surgir a consecuencia de los mismos. De las siete economías que en América Latina sufrieron los ajustes más intensos en los 80, cinco experimentaron un estancamiento o disminución del crecimiento económico durante los 90 (Petras y Vieux, 1996: 155). Las mejoras en determinados índices macroeconómicos, como la inflación y el crecimiento, ha sido a menudo acompañada por la depauperación de los más pobres (Martínez y González, 1995: 68). No en balde la CEPAL llamó a la década del 80 como la “década perdida” para la América Latina.

El ajuste estructural contribuyó a que se modificara la relación de fuerzas entre las clases sociales, pues le restó poder a las clases populares para brindárselo a la clase local dominante. Esto se reflejó en el hecho de que la estabilización y el ajuste implicaran una disminución del salario real y un aumento del costo de la vida a través de la devaluación y la reducción de los gastos estatales en seguridad social, el recorte de los subsidios al consumo, la eliminación de los controles de precios, el despido de los trabajadores del sector público, etc. Como se reduce la demanda local para mejorar la situación de la balanza de pagos, aumenta el desempleo, el subempleo y el tamaño de la economía informal. Al intensificarse la lucha del individuo para sobrevivir y agudizarse la competencia entre los trabajadores, se desorganizan las masas urbanas y se debilitan sus posibilidades de resistencia.

En conclusión, la propuesta neoliberal no fue otra cosa que la salida que el capital multinacional promovió desde los años 70 para reorganizar las relaciones económicas a nivel mundial de acuerdo a sus intereses y en procura de beneficios propios. Hoy en 2010, el recetario neoliberal vuelve con fuerza, pero esta vez para ser aplicado en los propios países capitalistas desarrollados. Ya no son las clases populares latinoamericanas quienes lo sufren, sino las propias clases trabajadoras de Europa y los Estados Unidos.


LA CAÍDA DEL BLOQUE SOCIALISTA.


El colapso del llamado Bloque Socialista encabezado por la URSS, entre 1989 y 1991, terminó con el período de la Guerra Fría, y dio paso a la actual etapa de unipolaridad que todavía vivimos. Esta realidad puso en entredicho la vigencia de las tesis marxistas, surgidas desde el siglo XIX como fundamento de la lucha de los trabajadores contra el capitalismo.

El marxismo surgió a mediados del siglo XIX como una crítica teórica a los nefastos resultados de la economía capitalista y como una propuesta de acción práctica de la clase obrera de Europa occidental. Sus fundadores fueron los revolucionarios alemanes Carlos Marx (1818-1883) y Federico Engels (1820-1895). Marx estudió a la economía capitalista de la época, definiendo categorías básicas como Modo de Producción, Formación Económico-Social, Fuerzas Productivas, Relaciones de Producción, Medios de Producción[19], Plusvalía, Clases Sociales, Lucha de Clases y Estado.

Para Marx, el modo de producción capitalista, basado en la explotación del trabajo asalariado (obreros) por el capital (empresarios o burgueses) encerraba una contradicción fundamental entre el carácter social de la producción en las fábricas, y el carácter privado de la apropiación de la riqueza generada. Mediante la plusvalía, que significa trabajo no remunerado, el capitalista se apropiaba de gran parte del trabajo de los obreros, considerado como “ganancias”, mientras los propios trabajadores apenas obtenían un salario que les permitía sobrevivir para seguir vendiendo su fuerza de trabajo. La causante de esta relación desigual era la propiedad privada sobre los medios de producción. Como los empresarios eran dueños del capital, de las fábricas, de la tecnología, y los trabajadores no eran dueños de nada, obligados a trabajar para poder subsistir, la supresión de la propiedad privada sobre las fábricas y el capital permitiría democratizar la actividad productiva (López, 2009-b: 9).

La lucha política consciente de la clase obrera, organizada en partidos y sindicatos, permitiría alcanzar el poder mediante una revolución y la instauración de lo que él llamó “dictadura del proletariado”. Marx consideró que la Comuna de París (1871) constituía la expresión práctica de esa dictadura. La Comuna era básicamente una organización social autogestionaria, sin dirigentes profesionales preestablecidos, constituida por representantes populares electos democráticamente, revocables en todo momento y sujetos al mandato de sus electores, sin ejército permanente, sin burocracia, sin poder centralizado, basada en la unión federativa de las diversas comunidades, localidades y regiones, sustentada en la organización cooperativista de la producción. La idea marxista del socialismo distaba mucho de parecerse a la dictadura de partido y estado ultracentralizado que construyeron los bolcheviques rusos.

La economía socializada que proponía Marx no fue concebida por él como capitalismo de Estado, sino mediante el establecimiento de cooperativas de producción. Por ello es necesario establecer la diferencia conceptual entre el pensamiento marxista original, que pregonaba el poder de los trabajadores, y lo que se implantó en la URSS a nombre del marxismo, en la cual predominaba el partido y el Estado sobre los trabajadores y la sociedad toda.

Marx planteó en el Manifiesto Inaugural de la 1ª Asociación Internacional de Trabajadores que la emancipación de la clase obrera sería obra de la propia clase obrera. No proponía la existencia de un partido que actuara en representación y sustitución de la clase como tal (tesis formulada luego por Lenin en Rusia). Lo que Marx entendía por partido comunista era la tendencia general de proletarios e intelectuales que luchaban por la superación histórica del capitalismo; no se circunscribía a un partido en particular ni a un reducido grupo de dirigentes.

El socialismo soviético constituyó una expresión histórica muy distante de la teoría original esbozada por los fundadores del marxismo. Pero decir que el fracaso de la URSS niega cualquier posibilidad de transformaciones sociales superadoras del capitalismo es una tesis antihistórica. Parte del falso supuesto de que en la URSS se plasmaron fielmente las ideas originales de los teóricos marxistas, que como hemos demostrado, no ocurrió en la realidad. En sí misma, la experiencia rusa no implica el derrumbe del marxismo como cuerpo teórico, pues en todo caso sería el fracaso de un experimento práctico, circunscrito históricamente a determinadas condiciones particulares, y que además desarrolló aspectos abiertamente contradictorios con los principios teóricos originales. El colapso del socialismo soviético tampoco puede verse como el triunfo del capitalismo occidental, pues su fracaso respondió principalmente a causas endógenas y no al resultado de un enfrentamiento político, económico o militar con los países capitalistas occidentales.

En la caída del socialismo soviético consideramos que privaron principalmente las propias carencias y debilidades internas de ese modelo particular de socialismo. En el fondo, el modelo económico implantado en la URSS no superó los preceptos del capitalismo: división social del trabajo, existencia de relaciones mercantiles, cálculo económico basado en la teoría del valor, inversiones de capital extranjero, estímulos materiales a la productividad, diferenciación salarial, trabajo a destajo, aplicación de métodos tayloristas para elevar la productividad, privilegios a los especialistas en la dirección de las industrias, apropiación del excedente (plusvalía) por una minoría amparada en el control del Estado y en el régimen monopartidista. El capitalismo de Estado soviético, en el cual todo el poder descansaba en un pequeño grupo dirigente del Partido Comunista, constituyó la antítesis del socialismo propuesto por Marx como utopía libertaria, basado en la igualdad y la cooperación entre hombres libres.

Las revoluciones que en el siglo XX se denominaron socialistas se realizaron en países en los cuales el campesinado cumplió un papel fundamental, pues dichos países eran de una economía agraria predominante, en los cuales no existía ni un proceso de industrialización capitalista desarrollado ni un régimen parlamentario burgués. Tal es el caso de Rusia, China, Vietnam, Yugoslavia, Albania, Cuba y Nicaragua. En todos ellos la revolución cumplió básicamente tareas democrático-burguesas, fueron liderizadas por partidos integrados por intelectuales de clase media que se hacían llamar Partidos Comunistas, utilizando un discurso de ropaje marxista, y en las cuales la fuerza social fundamental fueron los campesinos (pues la clase obrera era casi inexistente). A pesar del vaticinio marxista, no se realizaron revoluciones proletarias en los países de mayor desarrollo capitalista[20].

Samir Amin (Roffinelli, 2007: 100) dice que las revoluciones socialistas se encontraron ante un verdadero desafío, al desarrollarse en zonas periféricas. Sus objetivos eran en primer lugar el desarrollarse económicamente, recuperándose del período de explotación sufrido en su condición de países periféricos, y luego avanzar hacia el socialismo. Pero este segundo objetivo nunca se cumplió, y las revoluciones socialistas se transformaron en un proyecto de recuperación en que el Estado desempeña un papel análogo al que cumplen las burguesías nacionales en otras partes. Un papel de iniciativa y control que priva a las clases populares y a los trabajadores del control real de la producción económica y social. El autor no las considera experiencias “fracasadas”, sino que establece que “alcanzaron su límite histórico”, y se transformaron en proyectos de desarrollo nacional de naturaleza capitalista. Para Samir Amin, la URSS era “un capitalismo sin capitalistas” (utilizando una expresión de Engels dirigida a los socialdemócratas de la II Internacional); y la regresión sufrida en la década de 1990 significó sencillamente pasar a un “capitalismo con capitalistas”[21].

Resaltamos aquí la concepción de este autor (Samir Amin) al considerar que la regresión sufrida por los países socialistas no fue obra de la “burocracia”, sino de la propia “burguesía” que se construyó dentro del aparato estatal. Amin cita a Mao Tse Tung, en la carta de los 25 puntos en 1963: “El enemigo no está fuera del Partido Comunista, sino dentro del Partido Comunista… Estamos construyendo la burguesía” (Roffinelli, 2007: 83). Es decir, la burguesía se reproduce desde el propio interior de la revolución socialista, si no se toman medidas que eviten esa “reproducción interna” dentro de la estructura del estado y del sistema económico socialista. Según Amin, el socialismo real habría fracasado por su incapacidad para prevenir que las relaciones burguesas se reprodujeran dentro del propio sistema socialista.

A este respecto, en una obra reciente mencionamos los aportes de Ernesto “Che” Guevara[22] a este debate sobre el fracaso del socialismo real:

“Siguiendo a Marx, Guevara recordaba que las relaciones de producción eran determinadas por las condiciones mismas del modo de producción, las cuales engendran, garantizan y perpetúan esas relaciones. Así como el capitalismo se reproducía a partir de su sistema económico, el socialismo debía nacer aplicando desde un inicio un conjunto de relaciones socialistas que permitieran el surgimiento de un nuevo tipo de relaciones de producción. No hacerlo sería mantener al capitalismo dentro del socialismo, permitir su eventual resurgimiento y favorecer un eventual retroceso revolucionario” (López, 2009-b: 32).

Una tendencia marxista que no compartió la experiencia rusa, integrada por Rosa Luxemburgo, Antón Pannekoek, Antonio Gramsci, Herman Gorter, Karl Korsch, Paul Mattick, entre otros, defendió la acción autónoma de la clase obrera, oponiéndose a las tesis que subordinaban a los trabajadores a la dirección de una élite que controlaría todo el proceso de cambio social. Para ellos, la verdadera lucha de los trabajadores por su emancipación del capital aún no ha comenzado. Las revoluciones campesinas del siglo XX sólo fueron “escaramuzas precursoras” (Bricianner, 1976: 376).

De cualquier modo, el socialismo soviético pasó a la historia en 1991, y sus virtudes y sus defectos quedan como referencias para la construcción futura de los proyectos de transformación social. El capitalismo continúa oprimiendo a los pueblos del mundo, y la lucha por trascender la explotación del capital sigue siendo una necesidad humana. La permanencia de las desigualdades sociales, de las disparidades en el crecimiento económico de los países, y el aumento exponencial de esas desigualdades tanto en los países industrializados como en el llamado tercer mundo, son la prueba más contundente de que el fin de la historia que anunciara Fukuyama[23] está todavía muy lejos.


3)    EL MUNDO UNIPOLAR.


Es indudable que en los últimos veinte años se ha vivido un auge de la globalización, en un mundo unipolar bajo la hegemonía de los Estados Unidos como gran imperio mundial. Existe un gran centro de poder mundial, integrado por los países del G-7 (el grupo de los 7 países más industrializados: Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Italia, Alemania, Francia y Japón), por los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial de Comercio (OMC), y las grandes corporaciones multinacionales que dominan el proceso económico mundial[24]. Desde finales de los años 90 a las reuniones del G-7 se invitó a Rusia, razón por la cual se le denomina también como G-8. Luego de la crisis económica iniciada en 2008, los poderes mundiales consideraron que era imprescindible “ampliar las culpas y responsabilidades” de la misma, y en noviembre de ese año se convocó al G-20[25], organismo que sin embargo no ha tenido desarrollo más allá de las declaraciones generales y las intenciones difusas.

El centro de poder mundial asemeja el actual proceso de globalización con el modelo económico neoliberal y con el predominio del capital financiero. A nombre de la globalización, aprovechando la revolución en las comunicaciones y la informática de las últimas décadas, y ante la desaparición del contrapeso comunista del concierto político internacional, el centro de poder mundial ha ejecutado un proceso de cambios socioeconómicos, políticos y culturales que persiguen aumentar el poder hegemónico del capital financiero sobre todos los pueblos del mundo, intentando destruir los derechos y conquistas que los trabajadores lograron en los últimos 150 años.

Los nefastos resultados en nuestros sistemas económicos y en el nivel de vida de nuestros pueblos que tuvieron los planes neoliberales en toda la América Latina, luego de 30 años de aplicación, demostraron que el camino de la independencia económica, política y cultural de los países dependientes pasa necesariamente por reformular radicalmente la forma cómo nos involucramos en la globalización. La corriente de transformaciones políticas y sociales que atraviesa a Latinoamérica desde hace una década constituye la respuesta que nuestros pueblos dieron al neoliberalismo.

Samir Amin establece que la nueva polarización mundial se estructura en función de cinco monopolios (Roffinelli, 2007: 36):

1.    El monopolio de las nuevas tecnologías.
2.    El control de los flujos financieros.
3.    El monopolio del acceso a los recursos naturales del planeta.
4.    El monopolio de los medios de comunicación.
5.    El control de las armas de destrucción masiva.

Estos cinco monopolios definen nuevas formas de la ley del valor mundializada, que permite la centralización de las ganancias provenientes de la explotación de los trabajadores, en beneficio del gran capital. Esta nueva etapa del desarrollo de la ley del valor mundializada no permite alcanzar el desarrollo a través de la industrialización de las periferias dinámicas. Funda una nueva división internacional desigual del trabajo en la cual las actividades de producción localizadas en las periferias funcionan como subcontratistas del capital dominante.

Sin embargo, hoy en 2010, ante la profundización de la crisis económica en Europa y los Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional insiste en sus recetarios neoliberales, y lo que hace treinta años sufrieron los trabajadores latinoamericanos hoy comienzan a vivirlo la clase obrera europea y norteamericana.

Estas dos décadas de unipolaridad permitieron el fortalecimiento del imperialismo estadounidense, el cual promovió acciones de guerra como el bombardeo contra Yugoslavia en 1998, utilizando para ello a la OTAN; la invasión a Afganistán en 2001, que también se realizó recurriendo a la OTAN; y la intervención militar en Irak en 2003, en conjunto con Inglaterra y España, y ejecutada a espaldas de la ONU y del resto de potencias occidentales.

A partir del triunfo de George Bush en 2000, y luego de los supuestos atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York, en septiembre de 2001, se fortaleció considerablemente la fracción neoconservadora de la burguesía estadounidense, partidaria del uso indiscriminado de su fuerza militar por todo el mundo como mecanismo principal para mantener y fortalecer la hegemonía estadounidense y detener el crecimiento de probables potencias competidoras que en el futuro amenacen dicha hegemonía[26]. De allí surgió la tesis de las “guerras preventivas”, es decir, guerras desarrolladas para evitar el surgimiento de posibles potencias competidoras que amenacen en el futuro el control que los Estados Unidos ejercen sobre el mundo globalizado.

La llegada de Bush al poder llevó a estos fanáticos de la ultraderecha neoconservadora a promulgar al siglo XXI como el “nuevo siglo americano”. Pero la resistencia de los pueblos ha permitido que la historia tome un rumbo insospechado hace apenas una década, como veremos más adelante.


LA TEORÍA DE LA DEPENDENCIA.


El escaso desarrollo económico capitalista de los países de América Latina fue explicado teóricamente de diversas maneras desde comienzos del siglo XX. Las teorías de las etapas de Rostow, que sostenía que los países latinoamericanos estaban en una etapa inferior del desarrollo capitalista con relación a los países industrializados, y que era necesario un impulso económico desde afuera que facilitara el “despegue” de dichas economías por la senda del desarrollo, fue sometida a la crítica luego de la segunda guerra mundial, y en su lugar se formuló la teoría estructuralista, cuyo principal promotor fue la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL).

Raúl Prebisch, principal ideólogo del estructuralismo, planteó que el origen del subdesarrollo estaba en la forma de integración de las economías latinoamericanas, como productoras de materias primas, al sistema capitalista mundial (Kay, 1991:102). La naturaleza desigual del capitalismo mundial establecía una relación subordinada entre los países de la “periferia” con relación a los países del “centro”, quedando dicha periferia como un “modelo exportador primario” o de “desarrollo hacia afuera”. Se planteaba la necesidad de impulsar un proceso de sustitución de importaciones que generara un “desarrollo hacia adentro” de dichas economías subdesarrolladas. La falta de equidad en los términos de intercambio entre el centro y la periferia hacían que los países subdesarrollados no pudieran gozar del aumento de la productividad de sus industrias exportadoras primarias, pues dichos beneficios iban a parar al extranjero, debido entre otras cosas, a la presencia de una gran masa de desempleados y a la baja productividad de los sectores pre y semi-capitalistas. Esta política de sustitución de importaciones se impulsó en Latinoamérica desde la década de los 50. A mediados de los 60, la misma CEPAL consideró que el proceso de sustitución de importaciones estaba fracasando.

Como una crítica a las limitaciones de las propuestas cepalistas, surgió en Latinoamérica durante la década de los 60 la Teoría de la Dependencia, que introdujo una explicación del subdesarrollo continental en base a los análisis marxistas. Este análisis partía de considerar que el desarrollo del capitalismo en los países industrializados había sido simultáneo con el subdesarrollo de los países coloniales o neocoloniales[27].  En esta perspectiva, los países subdesarrollados sirvieron en la época colonial de fuente de riquezas que contribuyeron al proceso de acumulación originaria de capital en Europa Occidental (Marini, 1973: 17), y luego de la revolución industrial, se articularon directamente con las metrópolis produciendo y exportando materias primas, a cambio de manufacturas de consumo y contrayendo cuantiosas deudas, las cuales consumían un significativo porcentaje del presupuesto nacional.

Samir Amín afirma que “los centros, las periferias y las distintas formaciones que participan del sistema mundial no son simplemente formaciones desigualmente desarrolladas, sino que son formaciones interdependientes de esa desigualdad” (Roffinelli; 2007: 94). Para este autor, el capital, en escala mundial, es el que determina la producción de estos sistemas nacionales “subdesarrollados”.

La inserción de América Latina en la división internacional del trabajo del mundo capitalista hegemonizado en ese momento por Europa (y específicamente por Inglaterra), configurará la dependencia como una relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia (Marini, 1973: 18). El fruto de la dependencia era necesariamente más dependencia, y su liquidación suponía necesariamente la supresión de las relaciones de producción capitalistas en los países subdesarrollados y la modificación de los términos de inserción de dichos países en el mercado mundial.

La teoría de la dependencia encontró trabas insalvables a lo largo de las décadas del 70 y 80, pero no porque haya sido rebatida teóricamente, sino, como planteó André Gunder Frank, porque fue derrotada por oponentes mucho más poderosos: por la fuerza de las armas con las cuales los regímenes militares del cono sur aplastaron los intentos de cambio de las sociedades latinoamericanas, como sucedió con el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile (Frank, 1991: 74), país en el cual existió uno de los mayores desarrollos e intentos de aplicación práctica de la teoría de la dependencia.

Sin embargo, luego de varios años de intentos por descartar la teoría de la dependencia como punto de referencia básico para comprender la realidad de América Latina y el Caribe, las ciencias sociales del continente vuelven a atender las primeras cuestiones apuntadas por aquélla. Por ejemplo, la constatación del papel jugado por la deuda externa en la crisis de los 80[28], y las consecuencias que ha tenido la transferencia de recursos desde Latinoamérica hacia las potencias capitalistas en la limitación de su crecimiento económico y la expansión de la pobreza y miseria de su población, son constataciones prácticas de la justeza de los análisis de la teoría de la dependencia (Dos Santos, 1993: 104).

La realidad actual de América Latina, en el contexto de la globalización, ratifica sus relaciones de dependencia para con el mercado mundial, las grandes compañías multinacionales y los principales países imperialistas. Como lo planteó hace más de 20 años uno de los principales teóricos de la dependencia, Fernando Henrique Cardoso[29], “la redefinición de las formas de dependencia no significa la supresión de la dependencia. No se eliminan las diferencias internas entre grupos y clases ni las contradicciones de estados nacionales y entre los intereses locales e internacionales cuando las relaciones de dependencia son redefinidas y circunscritas por la nueva división internacional del trabajo, que incorpora partes de las economías dependientes a un mercado productor y consumidor internacionalizado” (Cardoso, 1973: 102). El autor  concluye diciendo que mientras no desaparezcan las desigualdades entre las clases y entre las naciones, el concepto de dependencia seguirá pleno de significado.

Samir Amin hace énfasis en considerar que la teoría de la dependencia, lejos de haber perdido validez, la misma ha renovado con gran lucidez el análisis del desarrollo del capitalismo periférico en América Latina (Roffinelli, 2007: 95).

La actual inserción de Latinoamérica en el mercado mundial se rige por tres variables básicas (Dos Santos, 1993: 104-105):

·      La revolución científico-técnica (RCT), que genera la incesante evolución de las fuerzas productivas. Implica la inversión en investigación y desarrollo (I y D), la formación de mano de obra de alta calificación, la aparición de nuevas tecnologías (nuevos materiales, biotecnología, robotización), y origina o libera una creciente proporción de tiempo libre en la sociedad. El control de la ciencia y la tecnología de punta es fundamental dentro de cualquier política de desarrollo.
·      El proceso de globalización, que lleva a la internacionalización del sistema productivo y de los servicios.
·      La regionalización, que se manifiesta en la creación de bloques regionales que implican un fraccionamiento de la economía mundial, con mercados relativamente protegidos. Este proceso tiende a la generación de poderes supraestatales.

América Latina y el Caribe se sitúan en este complejo global en una posición dependiente y subordinada. No participa en la creación y desarrollo de la RCT, sino que recibe sus influencias bajo la forma de importación de tecnologías y conocimientos científicos, disponiendo de un aparato mínimo de producción de conocimientos. Las políticas neoliberales en Latinoamérica no contribuyeron en lo absoluto a superar esta situación. Al contrario, en las últimas décadas hubo un abandono creciente de las inversiones en recursos humanos y de carácter social.

Solamente cambiando las estructuras de clase y de poder es posible modificar radicalmente las prioridades de las políticas públicas, favoreciendo a la población. No puede avanzarse en la dirección del desarrollo mientras la región no disponga del control de su propia economía y no pueda aplicar una política económica volcada hacia sus propias necesidades, superando la dependencia estructural, las sobrevivencias oligárquicas de su clase dominante y su condición subordinada, antinacional y antipopular, las fuertes concentraciones de la renta y de la propiedad, las fuertes tasas de explotación del trabajo[30], etc.

La realización de los ideales nacionalistas de integración de las economías nacionales[31] y el aumento de su potencial productivo volcado hacia su mercado interno dará a las naciones latinoamericanas el poder de incorporarse realmente al mercado mundial como vendedoras y compradoras. En cambio, la incorporación al mercado mundial como exportadores manufactureros de acuerdo a las tesis neoliberales, considerando que la producción manufacturera mundial es hoy día un complejo sistema cada vez menos independiente, sistema en el cual nos especializaríamos en una pequeña fracción de dicho proceso, sería una forma de reproducir más profundamente las relaciones de dependencia. Especializarse en una producción manufacturera localizada y definida por el mercado mundial, sin integrar las economías nacionales, sin promover la educación y modernización de las masas urbanas marginalizadas, sin desarrollar una infraestructura propia de I y D, sin explotar las posibilidades de las nuevas tecnologías de ofrecer mayor competitividad internacional, es el camino para un nuevo ciclo de graves problemas económicos, sociales y culturales (Dos Santos, 1993: 109).

Para fines del siglo XX ya estaba claro que para llevar a cabo los cambios que necesitaba América Latina en función de alcanzar su desarrollo socioeconómico era necesaria la modificación de las relaciones de poder. Era virtualmente imposible pensar que sistemas y partidos políticos gastados y obsoletos en su visión del mundo y en la comprensión de los nuevos procesos económicos y sociales, y dirigentes políticos corruptos o encubridores y cómplices de la corrupción,  pudieran liderar dichas transformaciones (Aranda, 1991: 96).

Para cambiar esto era necesaria una alianza de fuerzas sociales populares que tuviera como objetivos inmediatos la ampliación de la democracia política, económica y social. Sólo desplazando del poder a las elites que han actuado históricamente subordinadas al gran capital multinacional, se puede comenzar a resolver los problemas de la América Latina. Los cambios políticos que se comenzaron a dar en Venezuela a partir del triunfo electoral de Hugo Chávez Frías en 1998, y los numerosos triunfos electorales de la izquierda a lo largo de todo el continente nuestramericano, configuraron un desplazamiento de la vieja elite política dominante, y han creado las condiciones para que se inicien transformaciones de fondo en la estructura económica de nuestros países, con miras a la superación definitiva de la dependencia y el subdesarrollo.

Gunder Frank  (1991: 77) y otros autores coincidía en proponer que las posibilidades de un desarrollo económico y social alternativo a la actual globalización y predominio del monetarismo neoliberal radicaban en las potencialidades de los movimientos sociales de base y las organizaciones no gubernamentales de base comunitaria.


LA RESPUESTA DE LOS PUEBLOS LATINOAMERICANOS AL NEOLIBERALISMO.


Los pueblos latinoamericanos comenzaron a sublevarse desde fines de los 80 contra los planes económicos neoliberales, y se ha producido en las últimas dos décadas el derrocamiento de numerosos gobiernos neoliberales, como resultado de grandes sublevaciones populares o como colofón de las crisis políticas derivadas de dichas sublevaciones. Esa ha sido la historia de Fernando Color de Mello en Brasil (1992), Carlos Andrés Pérez en Venezuela (1993), Alberto Fujimori en Perú (2000), Gonzalo Sánchez de Lozada (2003) y Carlos Mesa (2005) en Bolivia, Fernando de la Rúa en Argentina (2001), Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005) en Ecuador[32]. Estas revueltas populares han dado origen a gobiernos de corte izquierdista que configuran situaciones inéditas en América Latina[33].

De manera general, los reiterados triunfos electorales de fuerzas de izquierda y/o nacionalistas en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Chile[34], Paraguay, El Salvador y Perú, y el crecimiento electoral de las mismas en países como México, y Colombia, constituyen una circunstancia sin precedentes en la región.

Latinoamérica ha vivido en la última década (1999-2010) una serie de cambios sociopolíticos que se caracterizan principalmente por el crecimiento de las fuerzas de izquierda y el debilitamiento de los factores tradicionales de poder. Diversos representantes de una izquierda que aún pareciera estar en proceso de definición y conformación han obtenido resonantes triunfos electorales en países como Venezuela, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y recientemente El Salvador[35]. Junto a ellos, los triunfos electorales del ala peronista representada por los esposos Kirchner en Argentina, y de la socialista Bachelet en Chile, aunque sus definiciones hacia la izquierda pudieran estar más atenuadas, no obstante contribuyen a conformar una correlación de fuerzas de izquierda jamás vista en nuestro continente. Cuando el triunfo electoral no ha ocurrido, como en Perú y México, han estado de por medio acusaciones de fraude electoral (López, 2009-c, 149). Finalmente en Perú ha ganado en 2011 las elecciones el candidato nacionalista Ollanta Humana, quien había sido objeto de un sonoro fraude electoral en su anterior participación como candidato presidencial en el 2006.

            Al mismo tiempo, diferentes movimientos sociales, como los Sin Tierra en Brasil, los Piqueteros en Argentina, los pueblos indígenas en los países andinos, las organizaciones populares en México y Venezuela, han surgido con fuerza relevante y actúan como elementos de definición de los procesos políticos en sus respectivos países.

            Acompañando este resurgir de la izquierda, en las relaciones internacionales América Latina también está viviendo una época inédita, en la cual de diferentes formas está insubordinándose a los dictados del gobierno de Estados Unidos. Las votaciones y decisiones en la OEA de años recientes, incluyendo el mismo proceso en el cual fue electo el actual secretario general de la organización hemisférica[36], ejemplifican de manera contundente que ha nacido en Latinoamérica una fuerza sociopolítica de clara tendencia izquierdista, nacionalista y antiimperialista, aunque esté representada por factores nacionales muy diversos entre sí.

            Hoy en América Latina se trabaja por construir el Banco del Sur, fortalecer el MERCOSUR, se construye el ALBA como alternativa latinoamericana a la propuesta norteamericana del ALCA, se fortalece la UNASUR, se avanza en un pacto militar suramericano, y se constituye de manera definitiva  en diciembre de 2011 la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC)[37]. Estas seis iniciativas, las principales de varios proyectos en pleno desarrollo, constituyen de por sí una política independiente de los dictados de los Estados Unidos y de los factores del centro de poder mundial[38] que tradicionalmente habían dominado nuestros países.
           
            El fin de la historia no ha ocurrido en América Latina[39], y por el contrario, nuevas teorías revolucionarias se desarrollan al calor de procesos de lucha social y confrontación política que ratifican que las contradicciones del capitalismo global siguen intactas. Las desigualdades entre ricos y pobres, entre explotados y explotadores, entre países imperialistas y países dependientes, vuelven a presentarse como motorizadores de la lucha de nuestros pueblos por conquistar la verdadera independencia nacional, la integración regional y el bienestar colectivo de los ciudadanos.
           
            Sin dudas el mundo ha cambiado en las últimas décadas, particularmente después de la caída del bloque de países socialistas encabezados por la antigua URSS. La izquierda que ha surgido en Latinoamérica a partir de allí no se parece mucho a la anterior, pero los triunfos alcanzados ahora comienzan a perfilarse como una época de cambios en la cual pudieran alterarse los mecanismos de dominación tradicionales que por varios siglos ha mantenido el capitalismo global hacia América Latina. La soledad del gobierno de Estados Unidos en la OEA, con motivo del ataque militar colombiano contra las FARC[40] en territorio de Ecuador ocurrido en 2008, es clara demostración de que vivimos una nueva época, en la cual el imperio del norte ya no dicta las órdenes a gobiernos latinoamericanos sumisos, y que lo que comenzó como una circunstancia muy específica, el triunfo electoral de Hugo  Chávez en 1998, ha terminado convirtiéndose en una gran avalancha sociopolítica que abre una nueva era de cambios para América Latina.

Iniciativas de integración regional que ya están en desarrollo, como el Banco del Sur, la UNASUR, el ALBA, el acuerdo militar suramericano, y la recientemente creada Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, constituyen ejemplos palpables de que América Latina está intentando seguir caminos de soberanía y distanciándose de la histórica influencia norteamericana en la región. Aunque todo este proceso sea aún incipiente, puedan ser revertidos en el mediano plazo, o culminen en simples experiencias reformistas, de cualquier forma es indudable que las formulaciones de los teóricos de la dependencia realizadas en la década de 1960 se han quedado cortas y conservadoras ante este crecimiento y los logros alcanzados por este nacionalismo de izquierda latinoamericano del siglo XXI.


4)     LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA.


El capitalismo neoliberal, surgido en los años 70 y que hegemonizó ampliamente el modelo productivo global desde inicios de los 80, entró en virtual colapso desde los primeros meses de 2008. Esta  crisis, que se inició con la ruptura de la llamada “burbuja inmobiliaria” a fines del 2007 y rápidamente se extendió a todo el sistema financiero mundial, ha tenido diferentes etapas, la última de las cuales se expresa en la crisis financiera en los propios estados del centro capitalista (Estados Unidos y sobre todo Europa Occidental), y el inicio de las protestas sociales derivadas de las medidas antipopulares que se están imponiendo, de la mano con el Fondo Monetario Internacional, como receta básica de solución a la crisis. 
En los últimos meses de 2010 se llevaron a cabo huelgas generales en España, Francia y Grecia, y multitudinarias protestas en otros países europeos como Bélgica, Italia, Inglaterra y Portugal, como reacción de los trabajadores ante la pérdida de numerosos e históricos derechos laborales y de seguridad social, como ha sido el aumento de la edad para la jubilación, la reducción de salarios, la flexibilización de los despidos, la disminución de los derechos en salud y educación.
Estas protestas continuaron durante 2011, particularmente en Grecia, y se concatenaron con el movimiento de protesta juvenil conocido como el 15-M, surgido en España y extendido hacia otros países europeos. La manifestación de “los indignados” como también se conoce a esta rebelión de jóvenes desempleados que ocuparon la Plaza del Sol en Madrid y las plazas de otras 50 ciudades ibéricas, exigen el cese a las medidas neoliberales que afectan el empleo y las condiciones laborales, protestan de manera general contra las democracias liberales europeas, a las que llaman falsas y engañosas, y piden una democracia real ya.
En septiembre de 2011 se desató en numerosas ciudades de los Estados Unidos el movimiento “Ocupa Wall Street”, que protesta contra los manejos del capital financiero y se autodenomina como representante del 99% de la población (el 1% restante serían precisamente los grandes banqueros). Movilizando a miles y miles de ciudadanos, ha tenido como respuesta una fuerte represión policial que los ha desalojado una y otra vez de los lugares públicos que ocupan, sin que por ello haya disminuido la fuerza de sus protestas.
Las medidas keynesianas (intervención del Estado) se han aplicado principalmente para salvar al propio capital financiero del colapso total (rescates a los bancos privados), como fueron  los paquetes implementados tanto por Bush como por Obama. Nadie habla de resucitar el estado de bienestar que ha venido siendo desmantelado desde los años setenta. Por el contrario, todas las medidas anti crisis de los países industrializados pasan por elevar el desempleo a niveles no vistos desde la segunda guerra, reducir los salarios y restringir al máximo el gasto social y los derechos laborales.
En los países centrales, los controles estatales destinados a regular los mercados financieros, que se establecieron luego de la gran crisis de 1929, comenzaron a desmontarse en los años 70 con el advenimiento del modelo neoliberal. Esta situación ha creado las condiciones para repetidas crisis financieras que se suceden una tras otra en la economía mundial. Las más recientes, antes de 2008, fueron la que afectó a los llamados Tigres Asiáticos en 1997, y la de las empresas “punto com” en 2002. La crisis financiera de 2008 se inició por la debacle de la llamada “burbuja inmobiliaria” norteamericana.

La canalización de las inversiones hacia la especulación financiera fue una de las salidas que el capitalismo promovió a partir de los 70 como alternativa de escape ante el estancamiento económico[41]. Las otras fórmulas de reacomodo económico se fundamentaron en la reestructuración neoliberal adelantada por Thatcher, Reagan y el FMI-BM, y en la deslocalización por parte de las multinacionales de empresas productivas hacia regiones de mayores “ventajas competitivas” determinadas por los bajos salarios, materias primas baratas, escasas regulaciones estatales y bajos impuestos, entre otras[42].

Esta especulación financiera permitió que las crisis financieras de los noventa se superaran con pequeños ciclos de aparente auge económico, como sucedió con la debacle de las empresas punto-com en 2002. Una larga recesión se logró evitar cuando la reserva federal rebajó las tasas de interés al 1 % en junio de 2003, lo que facilitó el auge de la especulación inmobiliaria, permitiendo que el precio de los inmuebles aumentara entre 50 y 80 % en los Estados Unidos. La ruptura de la burbuja inmobiliaria en 2008 condujo a la quiebra a numerosos bancos en Estados Unidos y Europa Occidental, y sus efectos generaron la mayor crisis económica mundial desde la gran crisis iniciada en 1929.

Para evitar males mayores, la Reserva Federal de los Estados Unidos y el Banco Central Europeo inyectaron miles de millones de dólares al sistema bancario durante 2008 y 2009, buscando mitigar la escasez crediticia y evitar posibles colapsos bancarios, como los ocurridos con el Banco Bear Stearns en marzo de 2008 y LehmanBrothers en septiembre del mismo año. A partir de septiembre de 2008, el rescate estatal se hizo masivo para evitar las quiebras de bancos, empresas, aseguradoras e inmobiliarias. Centenares de miles de millones de dólares fueron transferidos por el estado norteamericano a las empresas privadas, salvando del colapso a los capitalistas y echando sobre los hombros de toda la población una pesada deuda fiscal que tardará décadas en cancelarse, a costa de los niveles de vida de los trabajadores estadounidenses.

Hoy en 2012 presenciamos el mismo rescate hacia los bancos europeos y hacia los propios estados europeos. Es el caso de Grecia, Portugal, España, Italia. El rescate de los bancos y los préstamos a los países endeudados se realizan sobre la base de compromisos destinados a reducir fuertemente los gastos sociales, restringiendo al máximo los derechos de los trabajadores y de los ciudadanos en general. Los planes neoliberales que le están exigiendo aplicar a los distintos gobiernos de Europa consisten en:

·         Extensión de la jornada de trabajo.
·         Disminución de salarios.
·         Presión para la no sindicalización.
·         Desconocimiento de las contrataciones colectivas.
·         Facilidades para la contratación temporal y para los despidos.
·         Diversas formas de trabajo informal o precarizado.
·         Aumento de la edad para acceder a la jubilación.
·         Modificación de los regímenes de pago por antigüedad.
·         Privatización de los fondos de pensión.
·         Abandono de las políticas sociales en salud, educación y vivienda.
·         Aumento de la tasa de desocupación.


CRISIS ESTRUCTURAL Y RECESIÓN.

La incapacidad del capitalismo para recuperarse de la actual crisis mediante la aplicación de innovaciones tecnológicas y nuevos estilos de consumo, tal como ocurrió en los anteriores ciclos depresivos, hace prever que la actual crisis se prolongará por un tiempo bastante considerable (Beinstein, 2009, La crisis en la era senil del capitalismo. Publicado en Rebelión).
Este autor[43] establece que las modificaciones impuestas en el capitalismo mundial gracias a la hegemonía del capital financiero, las cuales han alejado cada vez más al sector productivo industrial del sector financiero especulativo, impiden que se sigan repitiendo las recuperaciones observadas en los anteriores “ciclos de Kondratieff”[44], ciclos de crecimiento y recesión que duraban de 50 a 60 años (la primera mitad de ascenso y la segunda descenso). Estos ciclos se habrían producido el primero entre 1789 y 1849, el segundo entre 1849 y 1896, el tercero entre 1896 y 1939, y el cuarto desde 1940, debía haber culminado entre 1992 y 1996 (el ciclo de descenso). El último ciclo de descenso, que debía durar según el promedio de los anteriores, unos 25 años, ya tiene 41 años de desarrollo y todo apunta a que se prolongará por lo menos por un lustro más.
Además, los sistemas productivos innovadores que anteriormente catalizaron el crecimiento económico capitalista ya no pueden cumplir ese papel. El papel jugado por la máquina de vapor en el primer ciclo, por los ferrocarriles en el segundo ciclo, por la electricidad y el motor de combustión en el tercer ciclo, y la electrónica, la petroquímica y los automóviles en el cuarto ciclo, ya no puede ser jugado por las actuales innovaciones, como la informática. Esta última se ha expandido gracias al capital financiero especulativo, que ha entrado en crisis, y tiene muy poca vinculación con la economía productiva real que es la que necesita potenciarse.
Además, todos los anteriores ciclos de crecimiento económico se basaron en la explotación intensiva de los recursos naturales y de las fuentes de energía no renovables, principalmente del carbón y el petróleo. Actualmente, la crisis ambiental derivada de esta irracional explotación que el capitalismo ha hecho de los recursos del planeta durante los últimos 200 años, y el agotamiento progresivo de las fuentes energéticas (agua y petróleo principalmente), establecen un techo muy bajo para cualquier intento de resucitar el sistema productivo capitalista de la misma forma en que se levantó de las anteriores crisis. Lo previsible, según Beinstein, Samir Amin y otros autores, es que el capitalismo siga atravesando crisis una tras otra, con pequeños períodos de relativa recuperación (como ha ocurrido desde los años 80), lo que establecerá una declinación general de los factores de poder mundial (G-7, organismos multilaterales y empresas multinacionales), con todas las implicaciones político-militares que ello traerá sobre la paz y la estabilidad del sistema de naciones.
Samir Amin (Roffinelli, 2007: 33) afirma que la actual fase neoliberal se caracteriza por una crisis, que se remonta a la década de 1970, que tiene que ver con la tendencia del capitalismo a la sobreproducción, es decir, la tendencia a crear capacidades productivas superiores a las capacidades de consumir. Proceso agravado por la inexistencia de mecanismos sociales y políticos de regulación, que fuercen una redistribución adecuada contra esta tendencia espontánea del capital.
Por el contrario, según Amin, se produjo el desequilibrio de las relaciones sociales a favor del capital en todo el mundo. Esto sucedió a partir de:
a)    La caída del socialismo real.
b)    La erosión de los proyectos nacional populistas de desarrollo en el Tercer Mundo.
c)     La crisis del estado benefactor (welfare state) en el centro imperialista.
Es decir, se generó un desequilibrio brutal a nivel mundial en un período histórico muy breve. Pero este desequilibrio no ha conducido a la instauración de un nuevo orden mundial. Amin enfatiza en que se ha instaurado un desorden mundial, un caos, debido a la incapacidad del capital de establecer un sistema productivo que retome la senda del crecimiento económico. Según Amin, el capitalismo no ha podido establecer nuevas formas de organización política y social que trasciendan al Estado-Nación, exigencia surgida de la mundialización del proceso productivo. Tampoco ha podido el capitalismo establecer un sistema de relaciones económicas y políticas que concilie el impulso de la industrialización en las periferias con la búsqueda del crecimiento global. Por último, Amin afirma que el capitalismo tampoco ha podido establecer una relación no excluyente de las periferias que como África no son “competitivas”.
            El “Imperio del Caos” como afirma Amin, el nuevo desorden mundial se caracteriza por:
1.    El debilitamiento del Estado nacional.
2.    El aumento del contraste entre el centro y la periferia.
Estas tendencias actúan acelerando las tensiones políticas y sociales tanto en el centro como en la periferia, saboteando cualquier posibilidad de avanzar instaurando un nuevo sistema productivo que retome la senda del crecimiento económico.
Amin se distancia del concepto de “capitalismo neoliberal globalizado” y define al sistema económico mundial como dominado por oligopolios “financiarizados” que dominan tanto el mundo financiero (bancos, compañías de seguros) como la producción industrial, los servicios, los transportes (Amin, 2009: 203). El capitalismo actual no es por tanto una economía de mercado, como suele decirse, sino un capitalismo de oligopolios financiarizados, cuyo tamaño artificial se refleja en el volumen de las transacciones financieras, que alcanzan a los dos mil billones de dólares, cuando la base productiva, el PIB mundial es de sólo unos 44 billones de dólares. No es de extrañar, por tanto, que la crisis haya explotado como una debacle financiera.
Para Samir Amin, la crisis financiera que estalló en 2008 conduce directamente a una crisis de la economía real, pues las medidas tomadas no hacen otra cosa que seguir intentando mantener en pie las perversiones del actual modelo económico “financiarizado”. El autor establece que si las respuestas de los trabajadores en los países centrales y de los gobierno de los países periféricos no logran detener los efectos nefastos de las medidas anticrisis (desempleo, aumento de la pobreza, pérdida de condiciones laborales, disminución del salario real), una nueva debacle financiera será inevitable (Amin, 2009: 205).
El premio Nobel de Economía 2008, el estadounidense Paul Krugman, sostiene que estamos en presencia de la tercera gran depresión en la historia del capitalismo, y que la superación de la misma ocurrirá luego de un largo período de retroceso y estancamiento económico, teniendo breves períodos de crecimiento:
“Solo ha habido dos épocas de la historia de la economía que en su día se describieron de forma generalizada como depresiones: los años de deflación e inestabilidad que llegaron tras El Pánico de 1873 y los años de paro masivo que siguieron a la crisis financiera de 1929-1931. Ni la Larga Depresión del siglo XIX ni la Gran Depresión del XX fueron épocas de declive ininterrumpido sino que, por el contrario, en ambas hubo periodos en los que creció la economía. Pero estos episodios de mejoría nunca bastaban para compensar el daño causado por la crisis inicial, e iban seguidos de recaídas. Me temo que ahora estamos en las fases iniciales de una tercera depresión. Es probable que esta acabe pareciéndose más a la Larga Depresión que a la mucho más grave Gran Depresión. Pero el coste -para la economía mundial y, sobre todo, para los millones de vidas arruinadas por la falta de puestos de trabajo- será inmenso de todos modos” (Krugman, 2010[45]).
            Krugman se pronuncia en contra de las medidas de austeridad que están promoviendo la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el propio G-20 en su reciente reunión de junio de 2010. Krugman insiste en que “no hay pruebas de que, ante una economía deprimida, la austeridad fiscal a corto plazo vaya a tranquilizar a los inversores”. Por lo contrario, afirma que “aunque la responsabilidad fiscal a largo plazo es importante, recortar drásticamente el gasto en mitad de una depresión, lo cual empeora esa depresión y allana el camino hacia la deflación, es realmente autodestructivo” (Krugman, 2010). Este autor finaliza alertando contra las desastrosas consecuencias sociales que sobrevendrán como resultado de dichos planes de ajuste neoliberales que se están promoviendo en Europa: “es el triunfo de una ortodoxia que tiene poco que ver con el análisis racional, y cuyo principal dogma es que imponer sufrimiento a otras personas es el modo de demostrar liderazgo en épocas difíciles. ¿Y quién pagará el precio de esta victoria de la ortodoxia? La respuesta es decenas de millones de trabajadores desempleados, muchos de los cuales seguirán en paro durante años, y algunos de los cuales no volverán a trabajar nunca más.
            Por su parte otro premio Nobel de Economía en 2001, Joseph Stiglitz, afirma que “la austeridad lleva al desastre[46]. Alerta contra el peligro de recortar gastos, recordando que eso fue realizado por el gobierno de los Estados Unidos para enfrentar la crisis en 1929, medidas que generaron la gran depresión de la década de 1930. Esa política de recortes fiscales, dice Stiglitz, fue promovida en tiempos recientes por el Fondo Monetario Internacional en los países del tercer mundo durante las décadas de 1980 y 1990, teniendo un rotundo fracaso, pues debilitaron las economías, redujeron las inversiones y generaron una espiral descendente que profundizó al máximo la crisis económica, tal como se demostró en Argentina, Corea, Tailandia e Indonesia.
La respuesta a la crisis, según Stiglitz, no debe ser el reducir el gasto público, sino redirigirlo, recortando el gasto militar, disminuyendo los subsidios a las grandes empresas y los grandes bancos con dificultades económicas, e incentivar el crédito, y aumentar los gastos en investigación y desarrollo, infraestructura, educación. Coincidiendo con Krugman, Stiglitz pregona una receta anticrisis que haga énfasis en el fortalecimiento del intervencionismo estatal para promover la inversión y el consumo, medidas similares a las que se aplicaron en los años 30 cuando se impuso el modelo keynesiano y se fortaleció el estado benefactor.
Otros autores plantean que la crisis actual va más allá incluso de ser una gran depresión, para configurar una “crisis de hegemonía[47], refiriéndose a la hegemonía anglosajona-estadounidense sobre el mundo globalizado, y del mismo capitalismo como modo de producción dominante. Inmanuel Wallerstein enfatiza en que la actual crisis terminará configurando un nuevo sistema mundo, que se diferenciará cualitativamente del actual sistema capitalista.
“He sugerido que el sistema-mundo moderno se aproxima a su fin, y que está ingresando en una era de transición hacia un sistema histórico nuevo …El mundo que hemos conocido ha sido el de una economía-mundo capitalista que hoy ya no es capaz de manejar las presiones estructurales a las que está sometida” (Wallerstein, 2008: 47).
Giovanni Arrighi parte de la crisis de hegemonía para explicar que las crisis han sido superadas históricamente por desplazamientos geográficos (traspaso del poder hegemónico de Inglaterra a Estados Unidos), y por reacomodos insospechados en el propio modelo productivo capitalista. Pero que en la realidad actual, la crisis de hegemonía que vive el imperio estadounidense, iniciada en la crisis de 1968-1971, ha terminado profundizando las causas mismas de la crisis, como por ejemplo ha sucedido con los intentos de enfrentar el aumento de poder en los países del sur, que ha terminado fortaleciendo dicho poder y debilitando aún más la capacidad de influencia norteamericana en el mundo. En ese contexto, pudiéramos estar asistiendo a una crisis terminal del sistema capitalista tal como lo hemos conocido en los últimos 250 años, aunque eso no signifique que el sistema que emerja de la crisis será otro modelo económico distinto al capitalismo, aunque con toda seguridad se parecerá poco al actual (Quilombo, 2010).

¿SE SUPERA LA CRISIS O SE PROLONGA LA AGONÍA?

Durante 2010 los principales voceros de los centros de poder mundial anunciaron el fin de la crisis económica y el inicio de la recuperación. Desde el Fondo Monetario y el Banco Mundial, hasta el presidente Obama y el presidente de la FED Bernanke, afirmaron que lo peor había pasado  y que ahora vendrían tiempos de crecimiento económico.

Pensamos que la realidad mundial está muy distante de esos anuncios, que no toman en cuenta una serie de factores que determinan la crisis, los cuales no son superables en el corto plazo y que más bien indican un agotamiento histórico del capitalismo anglosajón predominante desde el siglo XVIII y del modelo de producción capitalista en general (López, 2009: 36).


FACTORES QUE DETERMINAN LA CRISIS MUNDIAL:

  1. CRISIS DEL MODELO PRODUCTIVO: Agotamiento del modelo productivo imperante en las últimas décadas. El imperio de la especulación financiera, a partir de la década de 1970, no logró los índices de crecimiento económico alcanzados con el keynesianismo de la posguerra (1945-1970). Hasta ahora no se ha propuesto otro sistema productivo en el marco del capitalismo que resuelva este estancamiento que ya tiene 40 años.

  1. CRISIS AMBIENTAL: Agotamiento progresivo de recursos naturales y aumento de los desequilibrios ambientales en todo el mundo, generado por la irracional explotación a que ha sido sometida la tierra en los últimos 250 años. La perspectiva en este siglo XXI es al aumento de los conflictos políticos y militares por el control de las fuentes de recursos naturales (agua y petróleo principalmente).

  1. CRISIS SOCIAL: Disminución acentuada de los niveles de vida y de la capacidad de consumo de los trabajadores y sus familias en todo el mundo, como resultado de más de 30 años de modelo neoliberal. La crisis actual acentúa esa caída del consumo y la pérdida de reivindicaciones laborales y sociales de las masas trabajadoras, por lo que no puede esperarse que la crisis vaya a superarse por un crecimiento de la demanda proveniente de las grandes mayorías populares. Dentro de la crisis social deben considerarse la crisis alimentaria (presente significativamente en diversos países de África) y la crisis migratoria (200 millones de personas que viven fuera de sus países de origen).

  1. CRISIS DE LA HEGEMONÍA OCCIDENTAL: Crecimiento en las últimas décadas de grandes economías emergentes (China, India, Brasil, Rusia) cuya tendencia es a convertirse en pocas décadas en los líderes de la producción mundial. En términos general, a mediados del siglo XXI se avizora una realidad donde el centro económico estará en Asia y no en el mundo anglosajón como hasta ahora.


  1. Insubordinación de la periferia, como ocurre en Latinoamérica, a través de iniciativas como el ALBA, la CELAC, el Banco del Sur, el Acuerdo de Defensa Suramericano y otras (Unasur, Mercosur). En un hecho sin precedentes, la mayoría de los países latinoamericanos intentan quitarse de encima o por lo menos disminuir la subordinación a los poderes mundiales (Estados Unidos, FMI, BM, etc.).


  1. Estancamiento militar de la intervención imperialista en Irak y Afganistán, demostrando la debilidad de la capacidad militar estadounidense para estabilizar su dominio en esos territorios ocupados. Los escenarios futuros en ambos países, a los que se suma Pakistán, son de aumento exponencial de la violencia y de la ingobernabilidad.


  1. CRISIS FINANCIERA DE LAS POTENCIAS CAPITALISTAS: Progresivo endeudamiento de la economía norteamericana. Los rescates han elevado la deuda pública a 14 mil billones de dólares. El dólar se debilita, más no termina de hundirse porque su caída significaría la caída simultánea de toda la economía mundial. El centro del mundo, la primera potencia, es una nación endeudada y debilitada al máximo en su aparato económico. De igual manera, la Unión Europea se hunde en una megacrisis que amenaza su propia existencia, ante la quiebra de las finanzas públicas en numerosos de sus países miembros (Grecia, España, Portugal, Irlanda).


Estos factores que hemos mencionado no muestran indicios de modificarse en el corto plazo, y por tanto su papel en el contexto de la crisis mundial va a continuar en el sentido de una mayor profundización de la misma. Los espejismos que hoy llevan a afirmar que la crisis se está superando se derivan de los efectos del enorme rescate gubernamental que se ha producido en los Estados Unidos y Europa.

La crisis actual ha significado la debacle del modelo neoliberal imperante en los últimos 35 años. Para salvar el pellejo, los dueños del mundo han tenido que tragarse toda su teoría monetarista-neoliberal y recurrir de nuevo al salvataje keynesiano, concebido esta vez como un rescate selectivo destinado a salvaguardar la existencia de los principales bancos (Morgan, City Group), empresas aseguradoras e inmobiliarias (AIG, Fannie Mae), grandes y emblemáticas industrias (General Motors). El sagrado libre mercado ha sido sustituido por los dólares sagrados de los rescates estatales. Los especuladores del mundo financiero, es decir, toda la banca mundial que ha dominado la economía en los últimos 30 años, y que han generado la actual crisis, continúan haciendo el gran negocio ahora a costa de los dineros de los contribuyentes.

 Nadie habla de resucitar el estado de bienestar que ha venido siendo desmantelado desde los años setenta. Por el contrario, todas las medidas anticrisis de los países industrializados pasan por elevar el desempleo a niveles no vistos desde la segunda guerra, reducir los salarios y restringir al máximo el gasto social y los derechos laborales.

Los dólares de los rescates de Bush-Obama han traído una aparente calma a los mercados financieros, pero ni la industria ni el consumo muestran indicios de una verdadera reactivación económica. Es de esperarse que en la medida en que se agoten esos mil millonarios rescates financieros, la aparente recuperación dará paso a una nueva profundización de la crisis, abriendo escenarios cada vez más complejos y peligrosos para la paz mundial.

Los Estados Unidos se han debilitado en todos los campos, menos en su capacidad militar atómica. Siguen siendo el policía del mundo, aunque no pueda poner orden en ninguna parte. Tienen poderío como para destruir a cualquier nación, pero se muestran incapaces de seguir gobernando como primera potencia mundial. Estas contradicciones constituyen una amenaza inmediata para la paz mundial. El escenario de la guerra se muestra como el resultado natural de una eventual profundización de la crisis económica mundial. No tienen otra salida. Salvo que pensemos que mediante la reflexión serena, quienes han dominado el mundo durante tres siglos van ahora a ceder pacíficamente el puesto a otras naciones. Al respecto mencionemos a Samir Amin:

“Si Estados Unidos se ha fijado como objetivo el control militar del planeta es porque saben que sin ese control no pueden asegurarse el acceso exclusivo a tales recursos (se refiere a los recursos naturales de todos los continentes). Como bien se sabe, China, India y el Sur en su conjunto también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para Estados Unidos se trata imperativamente de limitar ese acceso, y en última instancia, sólo existe un medio: la guerra”. (Amin, 2009: 204).



LA CRISIS RESUCITA LA LUCHA DE CLASES A NIVEL MUNDIAL.


Las soluciones a la crisis implican descargar los efectos más letales de la misma sobre las reivindicaciones laborales y sociales de los trabajadores. En esa dirección ha aumentado el desempleo en los Estados Unidos y Europa a niveles no vistos en décadas. A la vez se están reduciendo las conquistas laborales (todavía más allá de la brutal flexibilización laboral vivida en las tres últimas décadas). Mientras la crisis pareció atenuarse durante 2010, la respuesta de los trabajadores y los pueblos del mundo no estuvo a la altura de las demandas históricas. Pero desde comienzos del 2011, particularmente con la rebelión de los pueblos árabes en Medio Oriente y norte de África, y el ya mencionado movimiento juvenil de los indignados o 15-M en diferentes países europeos, la lucha de clases mundial tuvo un brinco significativo, movilizando nuevamente a millones de trabajadores, jóvenes, mujeres, campesinos, profesionales, estudiantes y otros sectores sociales afectados por la crisis, los cuales exigen la sustitución de los gobiernos neoliberales y la caída de las dictaduras pro-imperialistas.

El hecho de que las luchas sociales no se hayan generalizado en los primeros años de la crisis es reflejo de la precaria situación política y organizativa de los movimientos políticos y sociales que enfrentan el dominio del capital. Solamente en América Latina, y más específicamente en los países que integran el ALBA, se vienen formulando proyectos políticos alternativos al capitalismo y defendiendo explícitamente una solución socialista a la crisis. Tratando de superar críticamente los errores del socialismo del siglo pasado, el llamado Socialismo del Siglo XXI se difunde por todo el mundo como la única propuesta que intenta trascender al capitalismo y romper el círculo vicioso de las recurrentes crisis económicas de las cuales no puede escaparse el sistema capitalista mundial.

Si alguna vez ha existido una época histórica en la cual se haga necesaria una propuesta transformadora del capitalismo es precisamente la actual. Sin embargo, no se avizora por los momentos otro país o grupo de países que avancen en el acompañamiento del socialismo del siglo XXI, más allá del continente latinoamericano.

En este marco de la crisis se ha venido produciendo la reacción política del imperio norteamericano ante la insubordinación latinoamericana. La profundización del Plan Colombia mediante los acuerdos de uso de 7 bases militares colombianas por los Estados Unidos, y el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya en Honduras apuntan en ese objetivo imperial por recuperar parte del terreno perdido en su propio patio trasero. De igual manera deben estarse desarrollando amplios planes intervencionistas en Latinoamérica con el fin de promover la desestabilización e incluso el derrocamiento de los numerosos gobiernos que han decidido actuar con plena soberanía y superar la histórica dependencia de nuestros países a las grandes multinacionales y las principales potencias imperialistas.

La llegada al poder de Barack Obama en los Estados Unidos sirvió como contención de la protesta social en las propias tierras imperiales. El “efecto Obama” ha desarmado a los movimientos sociales y ha permitido ejecutar con mayor amplitud las brutales medidas restrictivas de los derechos de los trabajadores que se están imponiendo aprovechando la crisis. Pero Obama no ha cumplido sus promesas fundamentales, y por el contrario ha acentuado los perfiles guerreristas e intervencionistas que ejecutaba a placer su antecesor Bush. El aumento de efectivos militares en Afganistán, la cada vez mayor intervención de Estados Unidos en Pakistán, la permanencia de la violencia en Irak, la continuidad de las presiones y amenazas contra Irán debido a su política de energía nuclear, y la reciente intervención militar contra Libia, son elementos que demuestran que Obama no va más allá de un simple cambio cosmético en el sistema político norteamericano.

Sin lucha de clases el capitalismo nunca desaparecerá. Es por ello que mientras la crisis no tenga como respuesta la lucha de los trabajadores y demás sectores sociales oprimidos y explotados por el gran capital mundial, no se podrá hablar de fin de capitalismo, ni siquiera de fin del neoliberalismo. Si la crisis no genera revoluciones, pues probablemente sí generará guerras, a la vez que profundiza al máximo los niveles de explotación de los trabajadores y de los países del llamado tercer mundo.

Se hace necesario que el piso que se le ha movido al capitalismo mundial con esta crisis, sea sustituido por el fortalecimiento de las fuerzas revolucionarias de obreros, campesinos, estudiantes, profesionales, cooperativistas, indígenas, pequeños empresarios y demás grupos sociales interesados en acabar con el capitalismo. Los próximos años serán decisivos en cuanto al destino que tomen las eventuales soluciones y resultados de esta crisis. No descartamos que el capital, aprovechando la débil respuesta política de los trabajadores, intente profundizar al máximo las formas de explotación del trabajo y de opresión política, buscando imponer por la fuerza sistemas de trabajo esclavizantes (tal como lo ejecutaron los nazis durante la segunda guerra) y regímenes políticos dictatoriales que acaben progresivamente con la máscara pseudo-democrática de los gobierno liberales representativos.

Es por ello que la necesaria respuesta popular constituye una de las exigencias de esta coyuntura mundial. Sin pueblo movilizado en la calle difícilmente podrá hablarse de soluciones efectivas ante la crisis. El capitalismo no se va a derrumbar sólo, pues incluso si se produjera un colapso financiero, pudiera resurgir por medio de aplicaciones novedosas que al cabo de décadas demuestren claramente su permanencia en las nuevas configuraciones del poder mundial.

Esto implica profundizar no sólo la organización y lucha de los trabajadores y de todos los pueblos del mundo, sino también avanzar en la explicación misma de la crisis, derrumbando los espejismos difundidos por quienes aspiran a mantener y aumentar sus groseros privilegios a costa de la misma crisis.


LA CRISIS ECONÓMICA EN LOS ESTADOS UNIDOS Y EL FIN DEL MODO DE VIDA AMERICANO.


Lo más destacado de la situación actual es el deterioro acumulado de las cuentas económicas del imperio. El déficit comercial norteamericano no ha dejado de crecer en más de tres décadas. De 2.000 millones de dólares en 1971, fue creciendo hasta llegar a 815.000 millones en 2007. El déficit fiscal en los últimos años se ha acentuado a partir del gobierno de Bush hijo, alcanzando cifras sin precedentes: 160.000 millones de dólares en 2002, 380.000 millones en 2003, 320.000 millones en 2005. A esto hay que sumarle el déficit energético, el cual implica una transferencia neta de divisas al exterior que alcanza los 500.000 millones de dólares por año, por concepto de compra de petróleo para cubrir su alto consumo de energía.

DEFICIT COMERCIAL USA[48]

1971
2.000.000.000 $
1981
28.000.000.000 $
1991
77.000.000.000 $
2001
430.000.000.000 $
2007
815.000.000.000 $
2008
698.000.000.000 $
2009
374.000.000.000 $
2010
495.700.000.000 $


DEFICIT FISCAL USA (Castellanos, 2011)[49]

2002
160.000.000.000 $
2003
380.000.000.000 $
2005
320.000.000.000 $
2009
1.410.000.000.000 $
2010
1.290.000.000.000 $
2011
1.300.000.000.000 $

El elevado gasto militar norteamericano contribuye a profundizar el déficit fiscal. Se calcula que en el 2008 este gasto militar alcanzó 1,1 billones de dólares (pese a la crisis, se gastaron 700 mil millones de dólares en 2011 y una cifra similar calculada para 2012). La industria militar gringa emplea a más de cinco millones de personas y subsidia a 25 millones de veteranos de guerra. Toda una hipertrofia del sistema económico, que ha creado una poderosa elite militar y civil que domina el llamado “complejo militar industrial”. Este detalle es importante tomarlo en cuenta, pues en los grandes países industrializados el papel intervencionista-keynesiano del estado nunca fue abandonado, y un ejemplo es precisamente este complejo militar-industrial que si bien se relaciona con empresas privadas, tiene un alto componente decisorio en las fuerzas militares norteamericanas y en el resto de poderes del estado que se vinculan con esta industria.

Todos estos déficits han hecho crecer la deuda pública norteamericana a niveles fantásticos. De 390.000 millones de dólares en 1970, pasó a 14,3 billones de dólares en mayo de 2011 y a fines de este año supera los 15 billones. Si sumamos a esto la deuda privada, resultaría que la deuda total estadounidense supera al Producto Bruto Mundial, 69,5 billones de dólares, y sería equivalente a casi un 500 % del PIB norteamericano.

DEUDA PÚBLICA USA[50]
1970
390.000.000.000 $
1980
930.000.000.000 $
1990
3.200.000.000.000 $
2000
5.600.000.000.000 $
2008
9.500.000.000.000 $
2010
13.000.000.000.000 $
2011
15.000.000.000.000 $

Este progresivo deterioro de la economía norteamericana tiene su impacto tanto en la economía real, en lo que verdaderamente se produce en Estados Unidos, como en los niveles de vida de sus trabajadores y de la población en general. Los procesos de flexibilización laboral iniciados en el gobierno de Reagan y continuados por todos los gobernantes subsiguientes, han impactado en el debilitamiento general de la capacidad productiva norteamericana, cuyo nivel competitivo se ha degradado en comparación con sus competidores europeos y asiáticos (Amin, 2004). De allí ha crecido el ya mencionado déficit en la balanza comercial. En este contexto, el negocio financiero ha crecido al mismo ritmo que ha decrecido la capacidad productiva industrial.

Junto a los efectos de la crisis inmobiliaria sobre la población, en donde se calcula que más de dos millones de ciudadanos han perdido sus viviendas, se viene acumulando desde los ochenta un lentos descensos en los niveles de vida de los trabajadores norteamericanos. Casi treinta años de estancamiento de los niveles salariales, y la progresiva generalización de las medidas flexibilizadoras de las relaciones laborales, han aumentado significativamente la tasa de explotación del trabajo por el capital en los propios Estados Unidos.

Se ha producido una creciente concentración del ingreso. En 1980 el 1 % de la población absorbía el 8 % del ingreso nacional. En el 2000 ese mismo 1 % se quedaba con el 20 % del ingreso nacional. El 10 % más rico de la población norteamericana paso de absorber un 33 % del ingreso nacional en 1950, a cerca del 50 % en la actualidad.

En el renglón de la salud, el número de estadounidenses adultos que están sin seguro aumentó de 16 millones en 2003 a 25 millones en 2007. Contando al resto de la población no adulta, se calcula que 75 millones de estadounidenses carecen actualmente de asistencia de salud durante al menos parte del año. En promedio, las primas de asistencia de salud aumentaron un 90 % desde el 2000, en comparación con apenas un 24 % de aumento de los salarios[51].

Estados Unidos generó, entre 1970 y 2000, unos 19 millones de empleos por década, de manera levemente decreciente: 20,6 millones entre 1970–80, 19.5 millones entre 1980–90 y 18.1 millones entre 1990 y 2000. Esto ya representaba un problema, porque la creación de empleos bajaba mientras la población subía (de 212 millones en 1970 a 322 millones en 2010). Pero la catástrofe fue la primera década de este siglo: entre 2000 y 2010 se crearon sólo... ¡2,2 millones de empleos! Y la gran afectada fue la mano de obra industrial, que pasó del 26,4% del empleo total en 1970 a apenas el 10,1% en 2010 (Yunes, 2011).

Estas circunstancias han provocado un significativo proceso de desintegración social, manifestado en el incremento de la criminalidad y en el desarrollo de una política de criminalización hacia los pobres y las minorías étnicas. Actualmente los Estados Unidos poseen el mayor porcentaje de presos con relación a su población, y también puntean mundialmente en cantidad absoluta de ciudadanos tras las rejas. De 500 mil presos en 1980, los Estados Unidos tenían en 2006, 2.260.000 presos y cinco millones de ciudadanos bajo libertad condicional. Con menos del 5 % de la población mundial, los Estados Unidos tienen el 25 % de todos los presos del planeta.

Las más de tres décadas de modelo neoliberal han ido configurando contradicciones profundas en los propios Estados Unidos y en el sistema económico mundial. El predominio de la especulación financiera sobre la economía productiva ha ido acumulando déficits enormes en las cuentas del gobierno norteamericano. Junto a esto, el deterioro de los niveles de vida de la población configura presiones sociales en aumento.


GRIETAS EN LA HEGEMONÍA ESTADOUNIDENSE SOBRE EL MUNDO.


En la década de 1990 la desaparición de la URSS dio paso a un mundo unipolar bajo la hegemonía norteamericana. Cuando George Bush hijo llegó al poder en el 2000 los neoconservadores que lo acompañaban vaticinaban que el siglo XXI sería el siglo del predominio yanqui sobre el mundo globalizado. Pero en esta primera década del siglo XXI se han venido desarrollando circunstancias que auguran que la hegemonía norteamericana pudiera estarse resquebrajando bastante más rápido de lo que se suponía[52]. Algunos de esos síntomas serían (López, 2008: 74):

  1. Estados Unidos se expandió como potencia imperialista basado en su condición de gran país productor y exportador de petróleo. Esa condición ha variado en las últimas décadas, y actualmente los Estados Unidos importan el 65 % del petróleo que consumen, originando una fuerte y decisiva dependencia energética con relación a factores externos, además de la enorme transferencia de dólares hacia el exterior que significan anualmente esas importaciones de petróleo (por encima de los 500.000 millones de dólares al año). El alza de precios del petróleo a niveles que en años pasados se consideraban fantasía (147 dólares el barril en 2008, 79 $ en 2010, 118 $ en 2011), actualmente generan graves problemas sociales en la propia sociedad norteamericana, contribuyendo al aumento de la inflación y a la caída del consumo, acelerando de esa manera los factores de la crisis económica en curso[53].

  1. En esta última década Rusia se ha recuperado y alcanzado el estatus de potencia económica y militar mundial, impulsada por su producción energética (segundo productor de petróleo y primer productor de gas del mundo), y por las medidas proteccionistas y nacionalizadoras impulsadas por la gestión de Wladimir Putin. Las reservas internacionales rusas ascendieron de 12.000 millones de dólares en 1999 a 315.000 millones en 2006. El desfile militar del 1º de mayo del 2008 en Moscú, en la cual se mostraron los poderosos cohetes atómicos intercontinentales, constituyó una muestra de que la Rusia débil y caótica que surgió del derrumbe de la Unión Soviética en los noventa es cosa del pasado. La oposición de Rusia a la instalación por Estados Unidos de “escudos antimisiles” en países de Europa oriental, oposición que ha recibido el apoyo de China, es otra demostración del creciente poderío ruso que comienza a enfrentarse a las ambiciones expansionistas de los gringos.

  1. China, que en 2010 pasó a ser la segunda economía del mundo, se ha convertido en las últimas décadas en una gran potencia manufacturera, recipiente principal de las inversiones mundiales de capital. De las 10 grandes corporaciones multinacionales, tres de ellas son chinas. Sus reservas en divisas superan el billón de dólares, y su capacidad productiva se ha desarrollado vinculada tanto a la demanda de la economía norteamericana, como a las economías de países como Japón, Corea del Sur, Taiwán, Filipinas, Malasia y Australia[54]. Lo más resaltante de la estrategia china es la conformación desde 2001 de la Organización de Cooperación de Shangai (SCO), integrada por China, Rusia, Kasajstán, Kirguizia, Tayikistán, Uzbekistán, y como países observadores están India, Pakistán, Mongolia e Irán. En agosto de 2007, la SCO realizó sus primeros ejercicios militares conjuntos, que se repitieron en 2009, y en los cuales fue expresamente negada la participación como observadores a los Estados Unidos e Inglaterra. Este acuerdo económico, político y militar entre las principales naciones asiáticas constituye un reto a la influencia occidental en la región, algo que por supuesto no debe ser bien visto por los norteamericanos, sobre todo después que les fuera negada su participación como país observador en la SCO. China ha mejorado sus vínculos políticos y económicos en otros continentes como África y América Latina. En términos energéticos, el crecimiento y consumo de petróleo por China entra en contradicción con los objetivos norteamericanos de controlar las regiones productoras de hidrocarburos del medio oriente y de Asia central (objetivo gringo que de por sí busca restringir los suministros de petróleo hacia China). En cualquier caso, hacemos la salvedad que tanto China como Rusia, representantes principales de las tendencias multipolares del mundo actual, no constituyen fórmulas de superación del capitalismo imperante; no pasan de ser alternativas de recambio, o sucesión de hegemonías, dentro del sistema capitalista, si ello llegara a concretarse. Pero dado que el capitalismo occidental eurocristiano viene edificándose desde hace 500 años, es obvio que una probable sustitución de su condición hegemónica implicaría profundos cambios en el sistema de relaciones internacionales. Nuestra referencia a China y Rusia no obedece, por tanto, a simpatía alguna que tengamos hacia sus sistemas político-económicos, sino a la circunstancia de que su condición de potencias emergentes los coloca como factores agravantes de la crisis mundial que enfrenta la hegemonía estadounidense.

  1. La ruptura del monopolio informativo que estaba en manos de Estados Unidos e Inglaterra, con el surgimiento de canales informativos como Al Jazeera y Telesur[55]. Irán y Rusia han desarrollado igualmente canales televisivos de información en idioma inglés. El viejo monopolio de la BBC y CNN ha dado paso a visiones multipolares sobre la información en todos los rincones del mundo, creando las condiciones que dificultan cada vez más la manipulación informativa que el capitalismo occidental ha desarrollado por siglos para favorecer sus intereses imperiales alrededor del mundo.

  1. El crecimiento de las fuerzas de izquierda en Latinoamérica, y la creciente pérdida de influencia norteamericana en la región, considerada por ellos mismos en términos históricos como su “patio trasero”. Quizás el ejemplo más patético haya sido, hasta ahora, la votación en la OEA para elegir a su secretario general, en mayo de 2005, votación perdida por el candidato mexicano apoyado por los Estados Unidos, y ganada por quien contaba con el respaldo y la promoción explícita del gobierno de Hugo Chávez, el chileno José Miguel Insulza.

  1. El empantanamiento de Estados Unidos tanto en Irak como en Afganistán. Lo que se planificó como intervenciones de rápida definición han terminado convirtiéndose en una guerra irregular que además de causarles miles de bajas en muertos y heridos, los obliga a mantener un gasto militar enorme, no previsto en los planes originales. La incapacidad de los Estados Unidos para acabar con las resistencias iraquí y afgana han puesto en duda la efectividad real de sus avances tecnológicos en el campo militar. Algo similar ha sucedido luego de que la invasión israelí contra el Líbano, en julio-agosto de 2006, se demostrara incapaz de derrotar a la milicia del Hizbolá. La superioridad militar norteamericano-israelí, fundamento de su papel como potencia hegemónica del mundo unipolar, está seriamente cuestionada a la luz de los acontecimientos en Afganistán, Irak y Líbano. El actual ataque militar contra Libia, que finalmente ha logrado derrocar y asesinar a Kadafi, aunque constituya una victoria momentánea, deja la incógnita de cómo se podrá alcanzar la estabilidad política en una nación destrozada, arruinada, y plagada de tropas mercenarias.




LA ESTRATEGIA DEL IMPERIO Y EL DESARROLLO DE LA CRISIS.


            El orden internacional ha sido algo que funciona si sirve a los intereses imperialistas, y se rompe cada vez que se contrapone a los mismos. En las grandes crisis imperialistas, precisamente es el orden internacional lo primero que salta por los aires, junto a la soberanía de las naciones y pueblos. Durante la década de 1930 se violentó radicalmente el orden internacional, se pisoteó la soberanía de multitud de países, se violaron todos los acuerdos previos establecidos entre las grandes potencias, y finalmente se desembocó en el estallido de la gran guerra mundial a partir de 1939.

Siguiendo la tesis de Samir Amin sobre el imperialismo colectivo instaurado a partir de 1945[56], el cual estaría integrado por los Estados Unidos como potencia hegemónica, Japón y la Europa Occidental, el objetivo que se trazaron los gringos en ese entonces sigue siendo el mismo actualmente, dominar militarmente el mundo para garantizar la explotación segura de los recursos naturales destinados a satisfacer las necesidades de la ciudadanía norteamericana. Este objetivo, luego de diversas vicisitudes a lo largo de varias décadas, se comenzó a facilitar luego del derrumbe del Bloque Soviético entre 1989-1991.

Las prioridades de los Estados Unidos se orientan a impedir el surgimiento de cualquier otra potencia que amenace su hegemonía mundial, y a garantizarse el libre acceso a recursos naturales como energía, agua y alimentos, ante la perspectiva de su progresiva escasez y agotamiento en el transcurso del presente siglo. La necesidad de controlar militarmente el Medio Oriente, región desde la cual se puede atacar militarmente tanto a China, como a Rusia e incluso a Europa, se fortalece con la existencia allí de las principales reservas de petróleo del mundo.

Cuando ocurren los sucesos del 11 de septiembre de 2001, el plan desatado a partir de allí por los Estados Unidos tenía por objetivo final el cercar a China, de manera de restringirle los suministros de petróleo y limitar su influencia regional mediante la ocupación militar de territorios en Asia central y el Medio Oriente[57]. Luego de 10 años de intervención en Afganistán y de 8 años de haber invadido Irak, los Estados Unidos no han podido estabilizar su influencia en ambos países; tampoco han avanzado hacia la ocupación de Irán, invasión que siempre ha estado a la orden del día pero que se posterga una y otra vez ante la incertidumbre cada vez mayor del resultado militar de esa confrontación. La rebelión árabe de 2011 ha derrocado gobiernos aliados a los Estados Unidos como el de Ben Alí en Túnez, el de Hosni Mubarak en Egipto y el de Alí Abdalá Saleh en Yemen, y aunque también hay revueltas y cambios en países que como Libia y Siria no han sido fieles a occidente, se ha profundizado objetivamente una pérdida de influencia norteamericana en esta conflictiva región del mundo.
Mientras eso ocurre, Rusia se ha ido recuperando como potencia económica y militar, y se ha unido a China como potencias emergentes que comienzan a desafiar la hegemonía estadounidense.

Tratando de dominar el Medio Oriente, a los Estados Unidos se le ha insubordinado su propio patio trasero, los países de América Latina. Como si eso no bastara, la inestabilidad económica ha vuelto con una fuerza no vista desde la época de la Gran Depresión, a partir de la ruptura de la “burbuja inmobiliaria”, los precios del petróleo escalan nuevos records y amenazan seriamente los niveles de vida de los ciudadanos de los países centrales. La crisis alimentaria se fortalece con su progresiva escasez (ayudada por su utilización en la elaboración de bio-combustibles) y con los aumentos de precios. Toda una serie de factores que enredan al máximo la estrategia que venía desarrollando el imperio yanqui al comienzo del siglo XXI.

Cuando se pensaba que la debacle económica del 2008 era ya cosa del pasado, desde Europa resurgió la crisis expresada ahora en la quiebra de las finanzas estatales. La crisis griega, la crisis española, la crisis portuguesa, la crisis irlandesa, y la reciente crisis italiana, son las expresiones más agudas de cómo las finanzas de los estados europeos están colapsando por derivación de las quiebras bancarias ocurridas en 2008 y de los consiguientes “rescates” aprobados para evitar el colapso definitivo de los bancos.

Sobre el desarrollo previsible de los acontecimientos, siempre habrá que tomar en cuenta que las estrategias del imperialismo ante las crisis implican un tránsito hacia lo desconocido. La guerra pareciera ser la única opción que les queda a los amos del mundo, único mecanismo de evitar su colapso definitivo como potencia hegemónica. Los sucesos en Libia nos parecen dar la razón, ejemplificando el primer capítulo de una estrategia belicista que puede sumir a la humanidad en una nueva guerra mundial.


ELEMENTOS DE LA MEGA CRISIS QUE PARECE CONFIGURARSE.

Finalizamos planteando el estado de la cuestión, a 21 de junio de 2012:

1.    La economía mundial parece encaminarse a una segunda recesión, tan cercana de la del 2008 que termina considerándose parte de la misma crisis. Según el informe de la ONU dado a fines de 2011, durante el año 2012 aumentarán los riesgos de otra crisis mundial. La persistencia de altas tasas de desempleo, la crisis de la deuda en la zona del euro, y la austeridad fiscal prematura han frenado ya el crecimiento global y podrían conducir a una nueva recesión, indica el reporte[58].
2.    La amenaza de “default” que vivieron los Estados Unidos a finales de julio de 2011 estremeció a los mercados mundiales y dejó ver la fragilidad de la economía norteamericana. En Noviembre de 2011 se anunció el fracaso de las conversaciones entre Republicanos y Demócratas para concertar las reducciones presupuestarias en la presente década, lo que aumenta la incertidumbre acerca del futuro de la economía norteamericana y las divergentes posiciones que se observan en la clase política (Agencias, 2011).
3.    El fin del Quantitative Easing 2 representa el fin de una época. Como financieramente ya no es posible al estado norteamericano promover un QE3, el desarrollo previsible será el ascenso de los tipos de interés, la explosión del coste de los déficits públicos estadounidense, la inmersión en una recesión económica agravada, el hundimiento de las cotizaciones bursátiles y un comportamiento errático de su divisa.
4.    Luego del ataque estadounidense en Pakistán para asesinar a Bin Laden, en mayo de 2011, China advirtió oficialmente a los Estados Unidos que todo nuevo ataque de Washington contra Pakistán sería considerado como un acto de agresión contra China[59]. Esta tensión latente en las relaciones entre Estados Unidos y Pakistán por los continuos ataques que los gringos realizan en territorio pakistaní, se ha extendido a una fricción directa entre los norteamericanos y China, configurando un conflicto de mayor envergadura en esa región.
5.    La situación en la Unión Europea sigue siendo difícil por la incapacidad financiera de Grecia, Portugal, Irlanda, y las debilidades económicas de otros de sus miembros como España e Italia. Si se llega a producir la salida de Grecia de la UE, se podría generar un efecto dominó que desestabilizara las finanzas de todos los demás estados europeos y amenazara con la desintegración de la propia Unión Europea. A esto se une el surgimiento del movimiento 15M en España y su extensión hacia otros países europeos, que puede constituirse en el inicio de una respuesta popular a la crisis económica europea.
6.    El FMI publicó un informe en 2011 que prevé que la economía China se equiparará a la de los Estados Unidos en una fecha tan cercana como 2016. Cinco años es un tiempo muy corto si se considera que las previsiones dadas a los países del BRIC es que se convertirían en las mayores economías del mundo para 2050. En el marco de los planes estadounidenses para impedir su desplazamiento como la potencia hegemónica mundial, esta nueva fecha del 2016 modifica sustancialmente y adelanta cualquier plan político, económico y militar que busque detener el crecimiento del gigante asiático.
7.    El terremoto-tsunami-crisis nuclear en Japón constituyó una circunstancia no prevista que agrava la crisis económica mundial y la desestabilización general del mundo globalizado. Uno de sus resultados es que impulsa a descartar la energía nuclear como solución energética al agotamiento del petróleo. De esta forma, los países petroleros cobran mayor relevancia en el futuro inmediato.
8.    La ofensiva militar de la OTAN contra Libia en 2011 no tiene precedentes en tiempos recientes. Que un grupo de potencias bombardee de manera indefinida a un país buscando asesinar a su presidente e imponer por la fuerza un cambio de gobierno, con el visto bueno de prácticamente toda la “comunidad internacional”, es un indicador de la profundidad de la crisis. La medida tomada por el consejo de seguridad de la ONU en marzo de 2011, que no fue vetada ni por Rusia ni por China, abrió las puertas a esta ofensiva despiadada e inhumana que revela la verdadera cara de la llamada “civilización occidental y cristiana”. El derrocamiento y asesinato de Gadafi es un ejemplo a futuro de lo que están dispuestos a ejecutar las potencias occidentales para conservar el control de las fuentes de materias primas.
9.    La conspiración internacional para derrocar al régimen Sirio de Bashar Al-Assad es otra expresión de la beligerancia militar que ha asumido el Centro de Poder Mundial (Estados Unidos y sus países aliados) en medio de la crisis económica que sacude al capitalismo globalizado. A esto se agrega toda la presión contra Irán bajo el pretexto de su programa nuclear, y que podría conducir en cualquier momento a una agresión militar de Estados Unidos y/o Israel contra este país musulmán.


A MANERA DE CONCLUSIÓN

1)    El capitalismo mundial no ha podido superar la crisis iniciada en 2008. La recaída económica suscitada en 2011, y su agudización durante 2012, ratifican nuestra tesis formulada en junio de 2008 cuando afirmamos que se configuraba una gran crisis mundial, sólo comparable y tal vez superior a la vivida en 1929-1939.
2)    Los rescates estatales a los bancos y empresas privadas sólo han favorecido a los mismos grandes banqueros y empresarios multinacionales, pues los niveles de desempleo no se han reducido y los índices de pobreza van en aumento en todos los países centrales del capitalismo (USA-UE). La crisis ha hecho más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, lanzando a la pobreza a un considerable porcentaje de las denominadas clases medias.
3)    Se comienza a desatar una rebelión popular generalizada en estos mismos países centrales, expresada en los trabajadores de Grecia, los Indignados de España (Movimiento 15-M), en los Ocupas de los Estados Unidos (Movimiento Ocupa Wall Street o “Somos el 99%”), en los ciudadanos de Israel, en los jóvenes de Londres, en los estudiantes de Chile,  Colombia y Canadá, en la “Primavera Árabe”. Una serie de movimientos sociales que conjugan a expresiones múltiples de la ciudadanía de dichos países, pero que coinciden en su rechazo al sistema económico neoliberal y a los dirigentes políticos que los representan. Todo indica que presenciaremos un mayor desarrollo de este escenario de rebelión social mundial en 2012 y años subsiguientes.
4)    La agresión de la OTAN a Libia, y la campaña desestabilizadora en Siria, pudieran expresar el camino que tomarán los centros de poder mundial (países del G-7) como salida a la crisis. Las constantes amenazas de guerra contra Irán por parte de voceros del gobierno de Israel y de los Estados Unidos, e insinuaciones veladas contra otros países como China, Rusia e India, son síntomas de que ese plan de guerra está siendo considerado por el imperialismo norteamericano.
5)    Al igual que en la anterior crisis, entre 1914-1945, los pueblos del mundo necesitan responder con alternativas societales distintas a la barbarie capitalista en que nos estamos hundiendo. En ese momento fueron las revoluciones comunistas, hoy deben ser las revoluciones ciudadanas, fundamentadas en la economía social y la democracia participativa. Ese es el reto de la humanidad para superar satisfactoriamente esta década que se avizora como de profunda crisis mundial en todos los órdenes.

Nos pronunciamos a favor no sólo de la construcción de un mundo multipolar, sino a favor de la transformación profunda de las relaciones económicas capitalistas, por el derrocamiento efectivo de la burguesía financiera y el desarrollo de sociedades donde se respete la diversidad política y cultural, basadas en la economía social cooperativista y en la democracia participativa. Tal vez esté llegando de nuevo la hora del socialismo, pero no ya del viejo socialismo de partido y de estado que fracasó en la URSS y demás países del llamado bloque socialista. Es la hora del llamado Socialismo del Siglo XXI, única alternativa de organización social que puede salvar a la humanidad de la barbarie a las que nos conduce el decadente imperio de la llamada civilización occidental eurocristiana.

“Los órdenes civilizatorios no se desvanecen de un día para otro y tanto la duración como el curso de la gran crisis son impredecibles. Pero, si bien el presente evento patológico podría, quizás, ser superado por el capitalismo, la enfermedad sistémica es definitivamente terminal. Todo indica que protagonizamos un fin de fiesta, un tránsito epocal posiblemente prolongado, pues lo que está en cuestión son estructuras profundas, relaciones sociales añejas, comportamientos humanos de larga duración, inercias seculares” (Bartra, 2009: 192).


















PARTE II. DESARROLLO HISTÓRICO DE LA ECONOMÍA VENEZOLANA EN EL MARCO DEL CAPITALISMO GLOBALIZADO.

LA ECONOMÍA VENEZOLANA AGROEXPORTADORA DEL SIGLO XIX Y COMIENZOS DEL XX.


La estructura económica existente durante el período colonial no sufrió mayores modificaciones con el proceso de independencia y la instauración de la República. Esta estructura, agroexportadora y monoproductora, estaba basada en la explotación de la mano de obra esclava en las grandes plantaciones cacaoteras, y en la explotación del trabajo de los peones en las haciendas ganaderas. Las relaciones sociales coloniales, incluyendo a la esclavitud, fueron ratificadas con la Constitución de 1830. Uno de los cambios más significativos se produjo con la incorporación de los caudillos militares a la oligarquía dominante, en su condición de grandes terratenientes[60] y poseedores de buena parte del poder político. El otro cambio fue el duro golpe que sufrió el sistema esclavista durante la independencia[61], pues pese a que el mismo se mantuvo vigente hasta 1854, la oligarquía nunca pudo restablecer el grado de dominación social que tenía durante la colonia (López, 2009-d: 33).

La economía venezolana tenía un carácter agroexportador. El principal producto de exportación de la colonia, el cacao, fue desplazado entre 1830 y 1840 por el café, situación que se mantuvo hasta que el petróleo se convirtió en el primer producto de exportación en 1926. Además, durante el siglo XIX Venezuela exportaba a los mercados internacionales ganado vacuno y cueros de reses (durante todo el período), algodón y añil (hasta la década de 1880), azúcar (se exportó hasta 1860), tabaco (hasta los primeros años del siglo XX), dividive (exportado a partir de 1875) y caucho (entre 1885 y 1910) (Carvallo y Ríos, 1984: 64).

Es de resaltar que nuestra economía agroexportadora jugaba un papel sumamente secundario en el mercado capitalista mundial. El café y el cacao constituían productos de escasa significación para los países industrializados; y el resto de productos eran exportados en escasas cantidades como para representar un peso significativo en los ingresos nacionales. La nuestra era una “economía de sobremesa”, de tercer o cuarto orden en el mundo. Venezuela era un país pobre, sin industrias, en el cual para 1839 el 72 % de la población activa estaba dedicada a las labores agropecuarias; esta situación se mantenía sin variar para fines de siglo: en 1894, el 71,9% de la población activa continuaba dedicándose a esas actividades.

No existieron para la época mayores avances en tecnología de producción para esos cultivos, que permitiera producirlos de acuerdo a técnicas intensivas (aquí nunca se desarrolló una tecnología en esa dirección). No obstante, sí existían en Centro América y Colombia diversas técnicas de cultivo intensivo del café que los hacendados venezolanos nunca aplicaron aquí. Este atraso tecnológico determinó una baja productividad, bajos niveles de vida, cultivos extensivos, escaso desarrollo del mercado interno, y muy escasa producción de excedentes. Por tanto, la acumulación de capital de la economía venezolana, durante el predominio de esta etapa agroexportadora, fue sumamente baja (Aranda, 1984: 41).

Otro elemento que influyó en lo anterior fue el control que las casas comerciales en manos de extranjeros tuvieron sobre el comercio de los productos agrícolas venezolanos. El excedente generado por la economía agroexportadora tuvo como principales beneficiarios a los comerciantes exportadores e importadores y a los grandes hacendados. Este excedente no se revirtió de manera significativa sobre la agricultura: las ganancias de las casas comerciales contribuyeron a la acumulación de los grandes países capitalistas, a través de la repatriación de los beneficios que estas casas comerciales obtenían aquí; y los excedentes obtenidos por los hacendados se invirtió básicamente en actividades no agrícolas (Carvallo y Ríos, 1984: 69).

Las principales casas comerciales que dominaron la economía agroexportadora venezolana fueron: Blohm (alemanes), opera en La Guaira desde 1835; y Boulton (ingleses), desde 1826; quienes a través de sucursales y subsidiarias mantenían una red comercial en todo el país.

A partir del control comercial y financiero de la actividad agroexportadora, se consolidó en el país una clase dominante con características de burguesía embrionaria (Carvallo y Ríos, 1984: 102). Las casas extranjeras monopolizaron el comercio de exportación, en tanto que en el comercio de importación y en la comercialización interna participaban también venezolanos.

La clase dominante de la Venezuela agroexportadora se constituyó inicialmente como una alianza entre los grandes propietarios de la región centro costera y los caudillos militares de la independencia, encabezados por Páez. Con el paso del tiempo se consolidó el predominio de los comerciantes y financistas, dueños de las grandes casas comerciales, que hasta la Guerra Federal mantuvieron un permanente conflicto con los caudillos regionales, representantes de los intereses de los productores agropecuarios. Luego del triunfo de la federación, los caudillos regionales se vincularon a la clase dominante al convertirse en grandes propietarios, y en esa medida pasaron a depender del circuito comercial-financiero que controlaban las casas extranjeras.

El poder económico de los comerciantes-financistas era tan grande que eran ellos los que financiaban el presupuesto del Estado. Marcado contraste con la realidad vivida en la Venezuela petrolera surgida en el siglo XX, donde el Estado ha sido todopoderoso, subsidiando prácticamente todas las actividades económicas no petroleras realizadas en el país.

El cultivo del café se realizó en dos unidades de producción básicamente distintas: la hacienda, y la economía familiar campesina. La primera predominó en la región centro norte, y la segunda en la región andina. En las haciendas que originalmente cultivaban cacao y que posteriormente centraron su actividad en la producción de café, el trabajo esclavo se combinaba desde la época colonial con el trabajo de los peones; las características de ambas relaciones de trabajo no diferían mucho (Carvallo y Ríos, 1984: 82): no sólo el peón y el esclavo realizaban las mismas tareas, en las mismas condiciones, sino que ambos debían asegurar la reproducción de su propia fuerza de trabajo en una actividad conuquera en el ámbito de la hacienda. El peón no era un trabajador libre; por lo menos los hacendados establecieron leyes y ordenanzas en función de lograr la fijación permanente del trabajador a la hacienda. Además del derecho a usufructuar una pequeña porción de tierra de la hacienda para garantizar su subsistencia y la de su familia (en cultivo de conuco), el peón recibía como complemento diversas formas de pago: fichas, vales, especies, efectivos o combinación de éstas, que lo vinculaban a un limitado circuito comercial en el cual el hacendado con frecuencia actuaba como comerciante.

La escasez de mano de obra y el cultivo extensivo del café en las haciendas se tradujeron en un bajo rendimiento por hectárea, comparado con otros países productores, como Colombia. Este rendimiento fue en descenso continuo hacia fines del siglo XIX y continuó descendiendo en las primeras décadas del XX.

La economía familiar campesina que cobró auge en la región andina en el último tercio del siglo XIX, se basó en el cultivo de pequeñas áreas, realizado por el grupo familiar campesino. El cultivo del café en estas unidades se realizó en forma intensiva, combinado con cultivos de subsistencia. El pequeño tamaño de las unidades productivas permitió la incorporación de mayor trabajo por área en las distintas labores, lo que permitió más altos rendimientos por hectárea en la región andina. A diferencia del peón, cuya actividad no lo vinculaba al circuito comercial agrícola, el campesino se vinculaba directamente al mercado local e indirectamente al internacional. Para fines del siglo XIX, los Andes venezolanos concentraban el mayor porcentaje en la producción nacional de café.

Junto a la economía agroexportadora, la Venezuela del siglo XIX se inició en la explotación de minerales con las minas de oro de Guayana, las cuales comenzaron a explotarse a fines de la década de 1860. La explotación de oro tuvo su auge en las dos últimas décadas del siglo XIX. Para 1883 la exportación de oro significó el 23 % del total de las exportaciones venezolanas (Rangel, 1981: 86). Con el agotamiento de las principales minas, la explotación del oro de Guayana dejó de tener significación en nuestra economía para la segunda década del siglo XX. En 1914 se inició en firme la explotación petrolera en el Estado Zulia, y para 1917 se comenzó a exportar dicho petróleo; con ello, Venezuela se convirtió en productor de la mercancía más importante de la industria capitalista mundial, de su fuente de energía principal, situación que cambiaría totalmente la faz del país pobre y atrasado que fuimos mientras dependíamos de la exportación de café.


LA INVERSION DE CAPITALES EXTRANJEROS EN VENEZUELA.


Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de la necesidad de atraer al capital extranjero como salida a la crisis que vive Venezuela. Muchas, si no todas, de las medidas que aplicaron los paquetes neoliberales de Pérez y Caldera estaban destinadas a crear las condiciones internas favorables para que dichos capitales ingresaran al país. El gobierno de Chávez ha sido presionado por los representantes del capital multinacional con el fin de que brinde todas las garantías para las inversiones extranjeras[62].

Pero resulta que el capital extranjero ya tiene en Venezuela, y en toda América Latina, más de un siglo de inversiones, cuyos resultados podemos verlos en las carencias enormes del subdesarrollo de nuestras economías, las cuales se erigieron más para satisfacer las ambiciones de ganancias de los monopolios extranjeros, que para cubrir las necesidades y aspiraciones de acceder a una vida mejor por parte de nuestros pueblos.

El proceso de penetración de capitales ex­tranjeros dio un salto cualitativo al iniciarse la explotación de la industria petrolera en Venezuela[63]. Desde el último tercio del siglo XIX, el capital foráneo comenzó a intentar penetrar el área de los hidrocarburos.

El petróleo transformó radicalmente a la sociedad venezolana, pero no la lanzó en la senda del desarrollo, sino que aumentó sus niveles de dependencia con relación al capital foráneo, creando profundas deformaciones en lo económico y social, y subordinando nuestro desarrollo político a los intereses de las grandes transnacionales petroleras. Tal como afirma Rodríguez Gallad:

"El descubrimiento del petróleo en nuestro país trajo consigo el monopolio de este re­curso por parte de los grandes truts interna­cionales ligados al capitalismo imperialista. Estos han actuado... como agentes de des­capitalización, mediatizando nuestra econo­mía, sumiendo a la nación en el subdesarro­llo, impidiendo su independencia económica, creando un enorme contraste entre... una minoría rica y una mayoría pobre." (Rodríguez Gallad, 1974: 6).

Con el inicio de la explotación petrolera, la economía venezolana se insertó profundamente en el sistema capitalista mundial. Con el petróleo pasamos de ser una “economía de sobremesa” a convertirnos en “la provincia ultramarina más valiosa de todo el sistema”, según palabras de Domingo Alberto Rangel (1977: 43), pues comenzamos a producir la fuente de energía que movía a toda la maquinaria industrial del capitalismo.

El desarrollo petrolero acontece en el país luego de finalizada la primera guerra mundial, en 1918. Dicho conflicto significó el colapso de la otrora gran potencia del capitalismo mundial, Inglaterra, y el ascenso de los Estados Unidos como país líder del desarrollo industrial. En ese momento, los Estados Unidos se plantearon aumentar sus espacios de influencia económica para garantizar así el crecimiento sostenido de los mercados que daban salidas a sus productos, a la vez que aseguraban el suministro de materias primas fundamentales, como era en nuestro caso el petróleo.

La economía venezolana pasó de ser agraria a petrolera, pero siempre monoexportadora, ubicada en la fase de crecimiento simple o crecimiento hacia afuera, como exportadora de materias primas. Sólo que varió significativamente la relevancia de lo que exportábamos. El petróleo no varió el carácter subordinado de nuestra economía, como país periférico de los grandes centros capitalistas. Lo que se modificó fue el dinamismo de dicha subordinación, por la importancia del petróleo como principal fuente de energía a nivel mundial.

A partir de los años 20, Venezuela se convirtió en uno de los centros receptores fundamentales de las inversiones de capital provenientes de los grandes centros imperialistas. Esta situación reforzó, profundizó y extendió los términos de dependencia en que se hallaba nuestra economía. Particularmente, nuestro país pasó a formar parte del “patio trasero” del imperialismo norteamericano, quien hasta el presente continúa jugando un papel decisivo en las relaciones de poder de nuestra sociedad.

La industria petrolera contribuyó a desarrollar progresivamente otras ramas industriales, como la electricidad, la construcción y la producción de alimentos. En este proceso, las relaciones propiamente capitalistas fueron sustituyendo las viejas relaciones propias de la sociedad agraria. Al mismo tiempo, la renta petrolera fortaleció al Estado como nunca antes, el cual dejó atrás sus permanentes crisis fiscales que vivió en todo el siglo XIX y comienzos del XX, y se convirtió en un Estado poderosamente rico, que sería promotor y organizador del desarrollo capitalista dependiente en la nación.

La economía venezolana aumentó su dependencia. Particularmente, las amplias facilidades dadas al capital extranjero por el gobierno de Juan Vicente Gómez afianzaron esos nexos de dependencia. Es por ello que Liewen (1964: 41) habla de que pese a la muerte del dictador político en 1935, Venezuela heredó un dictador económico: la industria petrolera controlada desde el extranjero.

El proceso histórico venezolano desde que nos constituimos como República demuestra el escaso espíritu nacionalista de nuestras clases dirigentes, resaltando por el contrario sus conductas complacientes y abiertamente entreguistas ante el capital foráneo; nuestras elites, hasta 1999,  estuvieron subordinadas al imperialismo, y la superación de esta circunstancia sigue siendo una de las tareas históricas fundamentales que se le plantean al pueblo venezolano.

LA INDUSTRIALIZACIÓN EN VENEZUELA.

El desarrollo industrial en Venezuela se inició alrededor de 1880, simultáneamente con la llegada del ferrocarril, el telégrafo, el alumbrado público por gas y, más adelante, la energía eléctrica. El sector financiero nace con la fundación del Banco de Maracaibo en 1882 y del Banco Caracas en 1890. Las primeras empresas de servicio público fueron compañías privadas de electricidad y teléfonos, de propiedad extranjera, fundadas en las últimas décadas del siglo pasado. Pero el desarrollo de industrias en el sentido capitalista no se generalizó sino a partir de la explotación petrolera, en la segunda década del siglo XX. La industria petrolera constituyó la primera gran industria capitalista del país. Las primeras décadas de explotación petrolera estuvieron signadas por el modelo de “crecimiento simple”, como economía de “enclave”[64], al no generar ningún proceso dinámico en lo económico al interior del país.

Desde la fase de crecimiento simple (primeras décadas de la explotación petrolera) existía un considerable núcleo industrial, formado por las industrias de materiales de construcción (cemento, bloques, etc.), bebidas de consumo generalizado (gaseosas, cerveza, aguardiente), telas de algodón, producción de alimentos (azúcar, pastas), y producción de energía eléctrica. Dichas industrias se derivaban del crecimiento urbano y el aumento del poder adquisitivo, y por sus características poseen una cierta “protección natural”, por ser productos de difícil comercialización a nivel internacional. Según el Censo Industrial de 1936 existían 8.025 establecimientos industriales, que daban ocupación a 47.000 trabajadores, con un capital social de 295 millones de bolívares (el presupuesto nacional para 1936 fue de 235 millones de bolívares) (Aranda, 1984: 113).

En comparación con otros países latinoamericanos, la industria venezolana  comenzó con considerable retraso. La causa más importante de este retraso fue la identificación de la política económica del Estado venezolano con los intereses político-económicos del capital extranjero, cuya orientación era claramente anti-industrial. Esta orientación se le puede atribuir tanto al sector petrolero del capital extranjero como al sector comercial. Ambas vertientes del capital extranjero tenían su brazo interno de acción: el capital petrolero en la burocracia estatal y el capital comercial en la burguesía comercial criolla. Se trataba de una constelación de intereses comunes y beneficios mutuos, donde cada polo de acción era necesario para el funcionamiento de los demás, constituyendo el capital petrolero, sin embargo, el eje fundamental de la constelación.

Como una característica de la fase de crecimiento simple, el sector petrolero extranjero no generó inicialmente el desarrollo de las fuerzas productivas internas. El Estado no sólo no actuó contra esta desintegración productiva del sector externo con respecto a la economía interna, sino que reforzó las tendencias destructoras y paralizadoras del impacto petrolero por medio de su política económica.

El crecimiento vertiginoso del ingreso nacional se transformó en su mayor parte en consumo de bienes y servicios importados. La gran beneficiaria era la burguesía comercial importadora, tanto criolla como extranjera, que aumentó de esa forma su poder económico y político. Su interés anti-industrialista se explica, ya que era mucho más rentable, en esta primera fase, importar que producir. Por otra parte, la burguesía importadora no es en el fondo más que un agente de ventas del capital industrial extranjero (Purroy, 1986: 49), participando en un mismo interés de mantener y ampliar el abastecimiento del mercado nacional con manufacturas del exterior.

Un segundo aspecto limitante del desarrollo industrial fue el atraso estructural del sector agrícola. Este atraso implicó que la industria incipiente no pudiera abastecerse de los insumos agrícolas necesarios para la producción industrial. Para que un desarrollo industrial sea equilibrado, necesita de una mínima base agro-industrial. Cuando ésta no existe, la industrialización se hace muy difícil, o se realiza al margen del desarrollo agrícola, agravando así la dependencia externa, el carácter de ensamblaje y la heterogeneidad estructural. Aquí reside una de las causas de la deformación industrial venezolana, ya que lo que en un primer momento fue un factor limitante, se convirtió luego en desintegración estructural. Ante la carencia de insumos nacionales, la industria tuvo que recurrir a insumos importados. De esta forma nació un tipo de industria completamente adaptada a la industria de las economías capitalistas desarrolladas y desvinculadas del resto de la economía interna.

La emergencia de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) trajo dificultades para continuar las importaciones tradicionales, lo que dio un nuevo impulso a varios renglones de la producción industrial, entre ellos a la industrialización agropecuaria, ya que hubieron de utilizarse forzosamente materias primas nacionales, debido a la crisis de abastecimiento internacional originada por la guerra. Con el fin del período de industrialización forzosa debido a la guerra mundial, se perdió el germen de un desarrollo industrial integrado y generador de empleo, volviéndose a imponer las tendencias propias del modelo de crecimiento dependiente.

En los años posteriores a la muerte de Gómez, durante los períodos de gobierno de López Contreras y Medina, se comenzó a constituir en el país un vigoroso movimiento socio-político cuyos objetivos explícitos eran el de promover los cambios económicos y sociales que permitieran modernizar al país, dar un fuerte impulso a la producción nacional y mejorar las condiciones de vida del pueblo venezolano. Movimiento que se ubicó básicamente en las nuevas clases sociales que se habían fortalecido debido a la expansión de la industria petrolera y el proceso de industrialización incipiente que se comenzó a generar. De alguna manera, López y Medina intentaron darle respuestas a esta tendencia, pero sus lazos con la estructura socio-económica tradicional les impidieron ser más audaces en este rumbo modernizador. Pero es a partir del golpe del 18 de octubre de 1945 que derroca a Medina, cuando se inicia el proceso de consolidación de una estructura capitalista interna.

En el movimiento cívico-militar hegemonizado por Acción Democrática se confunden intereses y aspiraciones de distintas clases sociales y sectores de clase. Los sectores populares desean ampliar las libertades democráticas en el terreno político, sindical, y en general en toda la actividad social. A la vez se aspira a mejores niveles de vida y de ingreso, en cuanto a ocupación, educación, salud, vivienda, sanidad, etc. La burguesía por su parte aspira a acceder a los recursos generados por el aumento de la participación fiscal en el petróleo, para sobrellevar mejor la coyuntura de crisis bélica y crear una base sólida para su expansión ulterior.

Con el advenimiento posterior de la dictadura militar (1948-1958) se mantuvo una continuidad en los planes de modernización del país con vista a un desarrollo capitalista interno. Sólo cambian las líneas referidas al aspecto político, en cuanto a cercenar las libertades políticas y sindicales, a la vez que se desechan planes de desarrollo económico que no son compartidos por la burguesía, como fue el caso de la Reforma Agraria. Esta continuidad se mantendrá incluso luego de derrocada la dictadura en 1958.

LA INDUSTRIA PETROLERA.

            La explotación del petróleo se inició en Venezuela empujada por las exigencias energéticas de la 1ra Guerra Mundial, a partir de las concesiones otorgadas durante los gobiernos de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Aunque es necesario decir que desde mediados del siglo XIX Inglaterra y los Estados Unidos ya demostraban interés por explorar y explotar los hidrocarburos venezolanos (López, 1996). En 1914 se inició la producción comercial de petróleo con el pozo Zumaque 1°, en Mene Grande, Estado Zulia. Esta primera etapa de la explotación petrolera estuvo controlada totalmente por compañías extranjeras, siendo las principales la Shell (anglo-holandesa) y la Standard Oil (estadounidense).

            La economía petrolera va a tener mayor integración con el exterior que con la economía interna no petrolera. En el país se realizaba la actividad primaria extractiva. La refinación y la comercialización de los hidrocarburos se realizaban en el exterior. Del exterior venían los equipos y la tecnología, y allá es que se realizaban los mayores beneficios del negocio petrolero.

            La industria petrolera nació bajo el signo del entreguismo por parte del gobierno de Gómez hacia las grandes compañías extranjeras. Las leyes de hidrocarburos no sólo las beneficiaban ampliamente, sino que generalmente eran redactadas por abogados de las mismas empresas petroleras. No obstante, personajes del gomecismo como Gumersindo Torres, Ministro de Fomento en dos oportunidades, iniciaron desde la segunda década del siglo XX una lucha por lograr mayores beneficios para el Estado venezolano, proceso que se manifestó recurrentemente durante varias décadas, hasta culminar con la nacionalización del petróleo en 1976.

1.    El primer paso significativo se dio durante el gobierno de Isaías Medina Angarita, con la Ley de Hidrocarburos de 1943, la cual unificó el régimen jurídico de las concesiones, regularizó las condiciones de exploración y explotación, y aumentó los impuestos que se debían pagar a la nación, apoyándose en la Ley de Impuesto Sobre la Renta aprobada en 1942. A cambio, Medina otorgó y prorrogó concesiones por 40 años.
2.    En 1946, la Asamblea Nacional Constituyente elevó el impuesto sobre la renta de 9,5 % a 26 %.
3.    Posteriormente, en 1948, la Junta Revolucionaria de Gobierno promulgó el llamado Fifty-Fifty (relación de 50-50 % para la participación en las ganancias entre las empresas y el Estado).
4.    En 1958, el Presidente de la Junta Provisional de Gobierno, Edgar Sanabria, decretó un nuevo aumento hasta el 45 % del I.S.L.R. que debían pagar las compañías.
5.    En 1970, este impuesto se elevó a 60 %, y en 1975 alcanzaba el 72 %.
6.    Finalmente, en 1976, la actividad petrolera sería nacionalizada durante el gobierno de Carlos Andrés Pérez, culminando así todo un período histórico de lucha nacionalista por tener el Estado una mayor participación en la principal industria del país.
7.    En ese proceso, había sido creada en 1960 la Corporación Venezolana de Petróleo, CVP, primera empresa petrolera estatal, antecedente de PDVSA, creada en 1976 para dirigir la industria nacionalizada.
8.    También en 1960 se fundó bajo la iniciativa venezolana la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, cuyo objetivo básico era la defensa de los precios petroleros en el mercado mundial, hasta ese momento controlado por las grandes compañías. La exitosa estrategia de la OPEP permitió que a mediados de los 70 se produjeran históricos aumentos de los precios petroleros, los cuales pasaron de 2-3 dólares a comienzos de la década, hasta llegar a los 35 dólares para 1980.

            A mediados de los 80 sobrevino una caída de los precios petroleros, elemento que repercutirá directamente en el estallido y la profundización de la crisis económica venezolana, debido a la ya mencionada estructura económica parasitaria que dependía casi exclusivamente del ingreso petrolero para su financiamiento.

            A partir de 1993 el Estado venezolano inició un proceso de desnacionalización de la industria, conocido como “Apertura Petrolera”, enmarcado en los planes privatizadores neoliberales que comenzaron a imponerse en el país a partir de 1989. La apertura petrolera estuvo caracterizada por las grandes ventajas concedidas a las empresas extranjeras, en perjuicio de los intereses de la nación. Por ello ha sido criticada como profundizadora de la subordinación del país ante el capital trasnacional, pues se ha perdido parte del control sobre la principal actividad económica de la nación. Los objetivos de la apertura petrolera de aumentar significativamente la producción nacional, aún violando las cuotas establecidas por la OPEP, unido a esquemas similares que predominaron en los países árabes, generó el derrumbe de los precios del petróleo en 1998-99. Pero la llegada al gobierno de Hugo Chávez Frías modificó radicalmente la política petrolera del Estado venezolano. Aplicando una estrategia de reducción de la producción, de común acuerdo con la OPEP y con otros países productores fuera de la OPEP, se logró recuperar los precios y hacerlos sobrepasar la barrera de los 30 dólares por barril en marzo/2000. Al fortalecer la OPEP, cuya presidencia recae en el Ministro de Energía y Minas venezolano, Alí Rodríguez Araque, nuestro país contribuyó a recuperar los deprimidos precios petroleros y retomar con ello el control del mercado mundial de hidrocarburos.

LA SUSTITUCIÓN DE IMPORTACIONES COMO POLÍTICA DE ESTADO (1959-1989).

Con el inicio de la producción industrial en su fase sustitutiva o de ensamblaje, la economía venezolana entra en la fase de “crecimiento secundario”. Anteriormente el crecimiento era “simple”, porque la expansión del sector petrolero externo no generaba una expansión del sistema productivo interno, ya que la nueva demanda se satisfacía fundamentalmente a través de las importaciones. Ahora, con el comienzo de la industrialización sustitutiva, la demanda inducida por los ingresos petroleros va  a ser satisfecha en proporciones cada vez mayores por la industria nacional. Por esta razón, la dinámica del sector petrolero externo tiene efectos secundarios sobre el sistema productivo interno, sobre el desarrollo de las fuerzas productivas y el producto nacional. Se genera un dinamismo interno “secundario”, un efecto multiplicador interno.

La misma burguesía comercial importadora se vio en la necesidad de comenzar a importar bienes de capital[65] y equipos industriales como mecanismo para mantener el nivel de acumulación alcanzado por la actividad comercial. Fue el mismo proceso de acumulación comercial el que obligó a realizar inversiones industriales productivas. Por otra parte, la expansión de la demanda en el mercado interno había creado las condiciones para que surgiera un tipo de industria sustitutiva de las importaciones. Estas dos razones, el logro del “umbral sustitutivo” y la necesidad de abrir nuevas fuentes de acumulación orientaron a partes importantes del capital comercial hacia el área ensambladora-industrial. Desde el momento en que la base industrial adquirió un volumen significativo, el capital comercial y el capital industrial estuvieron intensamente entrelazados y formaban un complejo único de acción.

En 1937 se había creado el Banco Industrial de Venezuela, con capital mixto, público y privado. En 1946 se creó la Corporación Venezolana de Fomento, que al igual que el Banco Industrial, tenían la finalidad de proporcionar créditos industriales a empresas incipientes o asistir financieramente a empresas ya constituidas. La acumulación de capital creció vertiginosamente a partir de las medidas tomadas durante los gobiernos de Medina[66] y de Gallegos[67], lo que permitió que el Estado contara con grandes excedentes que le permitieron financiar el desarrollo de un proceso de industrialización sustitutiva a partir de la década de los 40. La industrialización venezolana creció siempre al amparo de la renta petrolera; de allí su secular incapacidad para crecer por sí misma, su dependencia cada vez mayor de tecnologías foráneas e inversiones ya sean del Estado o de multinacionales.

El sistema industrial venezolano necesitó desde sus comienzos de una alta proporción de insumos importados, debido a su escasa integración con los otros sectores de la economía. Esta falta de integración se explica, por una parte, en la heterogeneidad y el atraso de las fuerzas productivas sobre todo a nivel agrario. Y por otro lado, la tecnología que se introduce en la industria responde a las necesidades de las economías industrializadas (principalmente de los Estados Unidos) más que a las propias. Por estas razones es que se puede afirmar que el desarrollo industrial venezolano ha sido en buena parte una prolongación subsidiaria de la industria extranjera, poco integrada al resto de la economía nacional. El desarrollo industrial desarrolla así una profunda contradicción: al pretender sustituir importaciones, la industrialización acentúa más la dependencia de las importaciones.

La sustitución de importaciones se constituyó en una política explícita del Estado venezolano luego del derrocamiento de la dictadura y el advenimiento de la democracia. Se establecieron una serie de disposiciones que dividían la actividad industrial entre el sector público y el privado. La misma Constitución Nacional establecía en su artículo 97 que las industrias básicas pesadas deben estar bajo control del Estado; en general, la extracción y el procesamiento de las materias primas quedaban en manos del Estado. Así fueron desarrolladas la industria petrolera (a partir de su nacionalización en 1976), la petroquímica, la del hierro y el acero (nacionalizada en 1975), la del aluminio y la del carbón. La manufactura en general se dejó en manos de la empresa privada.

El Estado venezolano promovió la industrialización por diversos medios. En primer lugar, mediante una política arancelaria fuertemente proteccionista. Un gran número de productos estaban en las listas de importación prohibida o de importación reservada por el Estado. En segundo lugar, mediante el otorgamiento de facilidades para el establecimiento de empresas, incluyendo créditos preferenciales por más de 27 mil millones de bolívares durante el período 1960-1989. También se otorgaron exoneraciones de impuestos nacionales y municipales, y de aranceles para la importación de bienes de capital e insumos. Por último, el gobierno adoptó la política de “compre venezolano”, según decreto de la Junta de Gobierno, del 9 de enero de 1959.

Según registros del Ministerio de Fomento, fueron aprobados 9.840 proyectos industriales entre 1962 y 1989. De ellos, 1.250 en la década del 60; 3.450 en la del setenta, y 5.240 en la del ochenta. La participación de las empresas multinacionales extranjeras no se hizo esperar, sobre todo en la industria automotriz, la farmacéutica, la de cables, la industria del vidrio, y la de equipos electrónicos y electrodomésticos.

La política de sustitución de importaciones estuvo siempre llena de concesiones a las transnacionales. La amplitud de la penetración del capital extranjero y del grado de control sobre las actividades industriales va a contribuir decisivamente en la frustración del esfuerzo industrializador nacional. Virtualmente todas las empresas multinacionales que operan en el país han estado interesadas en mantener a Venezuela como país importador de materias primas, bienes intermedios y bienes de capital, además de asegurarse transferencias financieras como pago de royalties, asistencia técnica, patentes, etc. Como estas empresas multinacionales controlan o son propietarias de las empresas que fabrican los productos de consumo final, están en condiciones de entrabar o anular cualquier proyecto destinado a producir bienes intermedios o materias primas para esas industrias que no estuviera en sus planes.

La industrialización substitutiva permitió instalar en el país industrias que actuaban con tecnología y patentes extranjeras, con materias primas y bienes intermedios importados, y usando bienes de capital igualmente traídos del exterior, fuerte tendencia al monopolio, producción destinada esencialmente a los estratos de ingresos altos, usos de tecnologías sofisticadas, intensivas en capital y ahorradoras de fuerza de trabajo (Aranda, 1984: 210). De esta forma, nuestra industria “nacional” se construyó como una subsidiaria de las grandes multinacionales, sin ningún aporte significativo al desarrollo económico independiente del país.

Mientras el capital monopólico internacional asumía de hecho el control de todos los sectores importantes de la industria, comprometiendo así el desarrollo futuro del país, la burguesía venezolana se dedicó a colocar sus capitales en bienes inmobiliarios, en actividades financieras de tipo especulativo, en actividades comerciales y en la agricultura, la construcción y el transporte[68]. Sus inversiones en la industria se mantuvieron asociadas al capital extranjero.

El crecimiento de la economía venezolana se identifica durante la fase histórica de crecimiento secundario con el desarrollo del sistema capitalista interno. El modo de producción capitalista va absorbiendo y dominando sectores de producción tradicionales o precapitalistas.

En el proceso de crecimiento industrial, adquirió un fuerte peso el sector terciario[69], que se manifestó en el gran incremento relativo de la producción no material y de las actividades comerciales. En contraste, existía un reducido peso del sector manufacturero capitalista, el que aunque crecía a un ritmo acelerado, se veía opacado por el sector externo (petróleo) y las actividades terciarias. Por otra parte, tanto las nuevas inversiones como las mejoras y ampliaciones productivas se orientaron hacia el ahorro de la mano de obra. Esto produjo un círculo vicioso pues la escasa absorción de mano de obra frena el desarrollo del mercado interno y merma, por consiguiente, las oportunidades para nuevas inversiones.

Se producen igualmente cambios en la estructura de clases de la sociedad venezolana. Las nuevas clases dominantes nacen de la fusión del capital comercial y el capital industrial. Ellas son las beneficiarias principales de la alta productividad del sector capitalista externo. Surgen igualmente núcleos de una burguesía agraria, cuyo centro de gravedad será siempre la burguesía “urbana”. En el otro extremo, los sectores de trabajo asalariado alcanzan dimensiones importantes. Sin embargo, sigue existiendo un gran número de trabajadores “por cuenta propia”, de personas ocupadas en el servicio doméstico y en general, en el sector terciario de servicios. A la vez, se crean amplios sectores marginales y cuasi-marginales, no incorporados a los cambios socio-económicos que se desarrollan en el país. Esta conformación heterogénea dificultará el proceso de cohesión social y el desarrollo de la lucha política de los trabajadores, a diferencia de otros países latinoamericanos en los cuales el desarrollo de un importante sector industrial posibilitó el surgimiento de grandes movimientos obreros (como en México, Argentina, Chile, Brasil, Colombia).

Ya para fines de los 60 y comienzos de los 70 empezaron a hacerse visibles los mismos signos de agotamiento del esquema de crecimiento sustitutivo “hacia adentro”, que ya habían hecho su aparición en otros países latinoamericanos. El Estado interventor comenzaba a convertirse en un lastre difícil de financiar. Debido a la desigualdad social, el mercado interno era insuficiente para sustentar las escalas de producción requeridas. Las industrias se acostumbraron a la protección y perpetuaron la ineficiencia. Cada día se hacía más difícil avanzar hacia estadios más avanzados de integración industrial. Pero estos síntomas de agotamiento fueron postergados por la coyuntura petrolera de 1973. A comienzos de los 70, mientras Brasil, México y Argentina derivaban la tercera parte de su producto social del sector industrial, a pesar de sufrir igualmente el agotamiento del modelo sustitutivo, y mientras Colombia, Chile y Perú obtenían entre un 20 y un 30 % del mismo, Venezuela no pasaba del 14 %; en muestra evidente de nuestro atraso con relación a los propios países latinoamericanos.

Con el aumento de precios del petróleo a comienzos de la década del setenta, la economía venezolana recibió una masa de ingresos como nunca antes en su historia había recibido. Sin embargo, estos ingresos tuvieron un escaso efecto dinamizador de la economía, y por el contrario los acontecimientos de este período será el prólogo de la profunda crisis que aún hoy atravesamos. Las expectativas y las conductas derivadas excedieron con creces al nivel de ingresos, estimulando un gasto fiscal desmesurado, el consumismo, el derroche, la corrupción, y la despreocupación por los costos.

El gobierno no sólo nacionalizó el hierro y el petróleo, sino que impulsó gigantescos proyectos productivos en el sector público: acero y laminados de acero, aluminio, energía hidroeléctrica, petroquímica, etc. Simultáneamente emprendió muy importantes obras de infraestructura: autopistas en el interior del país, remodelación y ampliación de puertos, instalación de procesamiento y almacenaje de productos agrícolas, extensión de la red eléctrica nacional, etc. Estos proyectos no sólo comprometieron parte de los mayores ingresos de los primeros años, sino los ingresos del sector público cuando ya habían tenido una merma importante, en términos reales. Es cierto que el país cuenta ahora con una infraestructura considerablemente más amplia, moderna y eficiente, pero a costa de desequilibrios probablemente mayores que sus ventajas. No se puede dejar de reconocer, sin embargo, que como resultado de la disponibilidad adicional de recursos, el país avanzó en algunos aspectos importantes de la economía y de servicios como educación y salud.

Junto a los proyectos faraónicos de la Gran Venezuela del primer gobierno de Pérez, se contrajo una enorme deuda externa que hizo crisis a comienzos de los 80, cuando el alza de las tasas de interés en la economía norteamericana, unida al descenso de los precios de las principales materias primas en el mercado mundial, generó la profunda crisis de todas las economías latinoamericanas, crisis que en nuestro país se postergó unos años más debido a nuestra envidiable posición como exportadores de petróleo y la gran masa de reservas internacionales de que disponíamos.

Para el momento del estallido de la crisis de la deuda, el sector privado venezolano, consciente de la insostenibilidad de la situación, había puesto a buen resguardo en el exterior gran parte de su patrimonio. La devaluación de febrero de 1983, y el subsiguiente control de cambios (Recadi) no significaron ningún cambio de rumbo, sino simplemente el intento de alargar la vida del viejo esquema por unos años más, pero a costa de agotar las reservas internacionales, descapitalizar las empresas públicas y someter a la población al impuesto de la inflación.

Los gobiernos de Pérez, Herrera y Lusinchi profundizaron los elementos causantes de la crisis. Despilfarraron decenas de miles de millones de dólares en ingresos provenientes del petróleo. Tal vez en la historia mundial no ha existido un ejemplo igual de mala administración de recursos. En ese contexto, la industria nacional no fue capaz de superar las limitaciones que arrastraba desde el inicio del proceso sustitutivo de importaciones, y al calor de la crisis éstas se acentuaron, como su escasa productividad, su dependencia con respecto al proteccionismo estatal, su subordinación al capital multinacional, su incapacidad para generar empleo creciente y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores. De esta forma se crearon las condiciones para la ruptura del modelo intervencionista y la implantación de la apertura al mercado internacional iniciada desde febrero de 1989, cuyos resultados en una década nos hacen concluir que resultó peor el remedio que la enfermedad.


LA CRISIS DE LA ECONOMIA VENEZOLANA. EL AGOTAMIENTO DEL MODELO DE ACUMULACIÓN RENTISTA.


A comienzos de la década de los 80, el modelo de acumulación basado en la apropiación de la renta petrolera por parte del Estado venezolano, que se había desarrollado en el país desde la década del 20 del siglo XX, entró en crisis, a causa de la caída de los precios petroleros en el mercado mundial. Esta situación generó toda una serie de cambios en la sociedad venezolana, pues por décadas diversos sectores de la sociedad habían vivido parasitariamente de la renta que administraba y redistribuía el Estado (Espinasa y Mommer, 1991: 42).

Simultáneamente con la caída de los precios del petróleo, estalló en la década de los ochenta la crisis de la deuda externa en los países latinoamericanos[70]. En Venezuela, a partir de 1983, la mayor parte de los ingresos petroleros comenzaron a ser utilizados para el pago del servicio de la deuda externa, contribuyendo al agravamiento de la crisis económica interna que empezó a atravesar el país desde entonces.

Para entender a cabalidad la crisis venezolana se hace necesario retomar los análisis marxistas, partiendo de las mismas tesis que al respecto formuló Carlos Marx en sus diferentes obras, los cuales establecen varias causas originarias de las crisis recurrentes que sufre el capitalismo:

·      La crisis como disminución de la capacidad de consumo de las masas.
·      La crisis como efecto de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
·      La crisis a consecuencia de la superproducción de capital.
·      La crisis como resultado de la anarquía reinante en la producción capitalista, y el crecimiento desproporcionado de los distintos sectores y ramas de la economía. Esta es la causa de la crisis en Venezuela: coexisten sectores de la economía muy escasamente desarrollados, como la agricultura y la industria de bienes de capital, mientras otros sectores como el petrolero tienen un gran desarrollo; cuando hace crisis el sector petrolero, no hay otros sectores que lo puedan sustituir como fuente de ingresos a la nación. Por ello se dice que la crisis es de carácter estructural.

            Todas las medidas anticrisis llevadas a cabo por la burguesía buscan poner en práctica mecanismos que eleven la tasa de ganancias de los capitalistas, por medio de diversas vías (Lanz, 1996:10), las cuales aparecen en las distintas teorías burguesas que buscan darle salidas a las crisis, tanto las keynesianas como las neoliberales:

·      Aumento del grado de explotación del trabajo: mediante la prolongación de la jornada de trabajo o mediante la intensificación del trabajo mismo.
·      Desvalorización del salario: mediante la inflación y las restricciones a las políticas de seguridad social hacia los trabajadores, con el fin de abaratar costos en la fuerza de trabajo. Esta es una de las medidas fundamentales del neoliberalismo.
·      Desvalorización del capital constante (maquinarias y equipos): eliminando los capitales no competitivos. Toda crisis implica una concentración de capitales y fortalecimiento de monopolios.
·      Utilización del gasto productivo por medio del Estado: ampliando artificialmente la demanda y subsidiando la tasa de ganancia (política que aplicó el primer gobierno de Pérez). Esta es una de las medidas fundamentales del keynesianismo.

            Los efectos de la caída de la tasa de ganancia de los capitalistas a consecuencia del derrumbe de los precios petroleros en la década de los ochenta trataron de revertirlos los gobiernos burgueses a partir del de Luis Herrera Campins en 1979, año en que se detuvo la expansión del crecimiento económico que vivió el país a comienzos de los setenta (Castro Barrios, 1994: 97). A partir de 1989, la burguesía venezolana se propuso modificar el antiguo modelo keynesiano donde el Estado tenía el control fundamental de la economía, para imponer el modelo neoliberal.





LAS POLITICAS NEOLIBERALES APLICADAS POR LOS GOBIERNOS DE CARLOS ANDRÉS PÉREZ (1989-1993) Y RAFAEL CALDERA (1993-1999).


El paquete neoliberal de 1989 fue justificado en su momento debido al agotamiento de las reservas internacionales y al gran déficit fiscal que venía padeciendo la nación. Se argumentaba así la necesidad de recurrir al Fondo Monetario Internacional. 

El programa económico se fundamentó en la Carta de Intención firmada con el FMI.  Partiendo de la fe inquebrantable en el libre mercado, como el mecanismo óptimo para restablecer los equilibrios macroeconómicos, se planteó la total apertura al comercio internacional, dando libre flujo a las importaciones y las exportaciones. El mecanismo básico de ajuste consistía en la reducción de la demanda interna (depresión de salarios reales y reducción del déficit fiscal) a través del binomio inflación-devaluación. En otras palabras, el peso fundamental de las medidas recaía sobre el pueblo trabajador, que vio reducido su nivel de vida debido a la caída de los salarios reales producto de la inflación; similares argumentos, similares medidas y consecuencias iguales se produjeron con la Agenda Venezuela aplicada por el gobierno de Caldera.

Las medidas en lo concreto fueron las siguientes:

·      Liberación del tipo de cambio.
·      Liberación de la política de importaciones: eliminación progresiva de las restricciones cuantitativas a las importaciones; eliminación de las exoneraciones arancelarias; simplificación y reducción de aranceles.
·      “Política salarial prudente”, que no significaba otra cosa que favorecer la reducción de los salarios reales de los trabajadores por medio de la inflación y la devaluación monetaria.
·      Aumentos de precios de bienes y servicios públicos.
·      Eliminación del sistema de control de precios, exceptuando 25 productos y servicios esenciales que serían ajustados al ritmo de la inflación (en contraste con los 7 productos que actualmente mantiene regulados Caldera).
·      Liberación de las tasas de interés.
·      Aplicación de una serie de subsidios sociales, entre los cuales destacó la llamada beca alimentaria y el subsidio a algunos productos de la canasta alimentaria básica.

            Al considerar agotado el modelo de acumulación basado en la renta petrolera, el paquete de CAP se planteó impulsar la llamada Reconversión Industrial (llamada también Reconversión Laboral), cuyos objetivos eran:

·      Incremento de la explotación del trabajo aumentando la intensidad del ritmo de producción, acelerando la cadencia de los equipos, extendiendo la jornada de trabajo, redoblando los turnos, incrementando el sobretiempo. Se trataría en este caso de producir plusvalía absoluta con el paquete industrial instalado.
·      Desvalorización del salario a través de la reducción de los gastos de reproducción de la fuerza de trabajo (educación, alimentación, vivienda, salud, transporte, etc.), mediante la manipulación inflacionaria que conduce al alza de precios de los bienes de subsistencia diaria.
·      Desvalorización del capital constante, depurando el capital ineficiente, llevando a la quiebra a las empresas que no posean cobertura financiera y sin ventajas en productividad. Esto implica un proceso de reacomodo al interior de las distintas fracciones de capitalistas (Lanz Rodríguez, 1990: 56).

Esta propuesta de reconversión se encuadra, siguiendo a Lanz, en el denominado nuevo paradigma industrial, como nueva división internacional de trabajo en donde el capital internacional cristalizado en los bloques económicos (Estados Unidos, Europa y Japón), seguirá manteniendo la hegemonía sobre las tecnologías de punta (microelectrónica, biotecnología, nuevos materiales, etc.) y delegarán un tipo de industrialización especializada en los países dependientes, utilizando las llamadas ventajas comparativas: bajos salarios, materia prima barata, buena infraestructura de servicios, seguridad jurídica, etc., y buscando la utilización rentable de equipos industriales obsoletos. Esta forma de industrialización especializada ha tomado forma en las Industrias Maquiladoras, con las cuales las transnacionales manufacturan partes y componentes en aquellos países con salarios bajos y demás condiciones favorables.

La industria de maquila implica cambios en la organización de la producción, en donde resalta el llamado trabajo domiciliario, en el cual aparentemente se es un trabajador independiente, pero en la realidad está subordinado, colocando al sector informal como una colonia del sector formal, afectando negativamente la capacidad de organización sindical y de lucha de los trabajadores. El nuevo paradigma industrial se plantea recomponer el proceso de trabajo y su articulación con el proceso de valorización del capital:

·      Racionalizando el parque industrial instalado.
·      Aplicando selectivamente nuevas tecnologías.
·      Cambiando las normas de rendimiento y productividad en el trabajo.
·      Modificando la relación salarial, cuestionando el salario social y las prestaciones.
·      Dando una nueva cualificación a la fuerza de trabajo, induciendo un nuevo modelo educativo de factura tecnocrática.
·      Modificación al ordenamiento jurídico y promoviendo nuevas formas de contratación (contrato individual y temporal, trabajo a domicilio, pequeñas empresas subsidiarias).

            El paquete de CAP señaló la salida que los capitalistas nacionales y extranjeros le daban al agotamiento del modelo de acumulación basado en la renta petrolera, alternativa que siete años después resucitó Rafael Caldera al aplicar un paquete económico similar al de CAP.


LA AGENDA VENEZUELA.

            El 15 de abril de 1996 Rafael Caldera anunció al país las nuevas medidas económicas contempladas en la llamada “Agenda Venezuela”. Dichas medidas fueron básicamente las siguientes:

·      Aumento del precio de la gasolina en más de un 500 %.
·      Liberalización total del control de cambios (que implicó una devaluación de más del 50 %).
·      Aumento en la tasa del Impuesto al Consumo Suntuario y de Ventas al Mayor, desde 12,5 % hasta 16,5 %.
·      Liberación de las Tasas de Interés.
·      Aumento del 40 % en el costo de los servicios públicos (electricidad, gas, etc.).
·      Privatización de empresas del Estado como las industrias del aluminio y la venta total de las acciones de la CANTV y Aeropostal, además de la venta de los bancos estatificados.
·      Apertura a la participación del capital privado en la Petroquímica, la minería y la industria vegetal.
·      Medidas compensatorias como un 70 % de aumento salarial para empleados públicos; subsidio al transporte público; duplicar la beca alimentaria y las pensiones a los jubilados; cesta básica subsidiada con cinco alimentos “esenciales”; y programas de capacitación para jóvenes desempleados y desertores del sistema escolar.
·      Continuidad en las políticas de flexibilización laboral y reconversión industrial.
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La Reforma a la Ley del Trabajo, en junio de 1997, sirvió para llevar adelante la tesis neoliberal de la “flexibilización” de las relaciones de trabajo. Dicha reforma eliminó el cálculo retroactivo para el pago de las prestaciones sociales de los trabajadores. Igualmente abarató los despidos al eliminar el pago o liquidación doble en caso de despido injustificado. Además, las formas de pago que estableció para las prestaciones acumuladas, sobre todo en la administración pública, constituyeron una estafa a los trabajadores, pues no se definieron claramente ni los lapsos para los pagos ni de dónde saldrían los recursos financieros para cumplir con dichas obligaciones. Finalmente, la nueva Ley de Seguridad Social amenazaba con terminar de vulnerar los derechos de los trabajadores. El gobierno de Caldera logró ejecutar las reformas flexibilizadoras del mercado laboral que formuló Carlos Andrés Pérez en 1989.

La reconversión industrial-laboral trajo igualmente efectos desastrosos para las clases trabajadoras (Iranzo, 1991: 77). El efecto negativo más importante de la reestructuración industrial fue el aumento del desempleo:

·      La estrategia industrial gubernamental suponía el crecimiento de sectores altamente intensivos de capital (actividades extractivas y de transformación primaria) y por ende poco generadores de empleo. A su vez, las ramas más afectadas por la crisis, los sectores industriales tradicionales, son los más intensivos en mano de obra.
·      La primera medida tomada por los empresarios para adaptarse a la nueva situación fue la de despedir trabajadores.
·      Como consecuencia de la caída de la demanda, se produjo una fuerte disminución del sector comercio.
·      La política dirigida hacia el sector agrícola significó un importante aumento del desempleo en el sector.
·      Con la introducción de nuevas tecnologías y maquinaria automatizada, se reducen puestos de trabajo.

La segunda tendencia negativa de la reconversión fue la informalización del sector moderno, como consecuencia de la generalización de formas de contratación que hasta ahora se denominaban “atípicas” porque no correspondían con las condiciones del trabajo formal. Basándose en la llamada “flexibilización del trabajo”, los empresarios comenzaron a ejercer fuertes presiones para desregularizar el mercado de trabajo, bajo el supuesto de que las normativas legales son las que impiden adecuarse a las nuevas circunstancias. De allí surgió la propuesta de  eliminar el cálculo retroactivo en las prestaciones sociales y la ley sobre despidos injustificados.

Las prácticas “flexibilizadoras” ya existían desde antes en Venezuela, pero durante los gobiernos de Pérez y Caldera se multiplicaron: contratos por tiempo determinado, a tiempo parcial, a domicilio, subcontratación, etc. Muchos sindicatos, ante la perspectiva de desempleos masivos, las aceptaron. El crecimiento del sector de trabajadores “flexibles” (Iranzo, 1991: 80) representa un serio problema social que profundiza la precarización de las condiciones de vida y de trabajo, ya pronunciadas con la expansión del sector informal. Todos ellos constituyen grupos sociales sin cobertura social ni protección legal, pues la ley no ampara a los trabajadores que no estén en condiciones de subordinación (lo que se ha superado con la nueva constitución de 1999). El cuadro final es, entonces, el aumento de la pobreza y de la indefensión social, factores de reforzamiento de las desigualdades sociales.

Otra tendencia desarrollada por la reconversión industrial es la intensificación del trabajo. Generada en primer lugar porque las empresas reducen sus plantillas al punto que sus volúmenes actuales de producción no se corresponden con la cantidad de trabajadores por unidad de producto que tenían previamente. Es decir, se incrementa la productividad laboral pero no por cambio tecnológico u organizativo sino por un aumento en el ritmo y la cantidad de trabajo individual y colectivo.

La segunda vía de intensificación del trabajo se basa en el uso de una mano de obra polivalente que cuenta con la capacitación necesaria para desplazarse por diferentes puestos de trabajo de acuerdo a las necesidades de la producción, lo que rompe con la tradicional distribución fija de responsabilidades propia de la organización taylorista. Esta “flexibilización” provoca la intensificación del trabajo en la medida en que no se puede fijar de antemano el tipo y la cantidad de tareas a realizar por parte de cada trabajador, pues ello depende de las circunstancias; de esta forma, los mecanismos tradicionales de regulación de la carga de trabajo se vuelven inoperantes (Iranzo, 1991: 83).

Los resultados de la Agenda Venezuela reflejaron la misma situación  vivida con el paquete de Pérez: cuentas macroeconómicas exitosas y un efecto nefasto sobre el nivel de vida de la población. Los planes neoliberales de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, pese a presentar logros macroeconómicos relativamente destacados, redundaron fundamentalmente en el aumento de los niveles de explotación de la masa trabajadora, en el deterioro tanto de las condiciones de trabajo como del nivel de vida de la mayoría de la población, favoreciendo el aumento de los niveles de ganancias por parte de los empresarios criollos y extranjeros.  Los ricos se hicieron más ricos, los pobres aumentaron su pobreza y aumentaron también su número, pues un grueso sector de la antigua clase media se empobreció en la última década. Aumentó el desempleo y la economía informal alcanzó el 50% de la fuerza de trabajo. El salario real de los trabajadores se desvalorizó en más del 50 %.

Nuestra economía aumentó su grado de dependencia para con el capitalismo multinacional, debido a los procesos privatizadores y a la apertura indiscriminada al mercado mundial. El descontento de las grandes mayorías sociales por diez años de neoliberalismo en Venezuela fue el detonante del comportamiento electoral que condujo al triunfo de Hugo Chávez en las elecciones de 1998, y la consiguiente modificación del panorama político del país. A partir de esa nueva realidad se abrió la posibilidad de modificar el rumbo neoliberal que llevaba nuestra economía, y que se comiencen a superar la dependencia y el subdesarrollo.






EL MODELO DE DESARROLLO ECONÓMICO QUE PROMUEVE HUGO CHÁVEZ. LA TRANSFORMACIÓN DEL CAPITALISMO RENTÌSTICO VENEZOLANO EN UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO SOCIALISTA.


            El plan de desarrollo económico ejecutado durante el período de gobierno de Hugo Chávez se ha cristalizado particularmente con la definición del Proyecto Nacional Simón Bolívar 2007-2013, denominado el Primer Plan Socialista de la Nación[71]. En el mismo se propone la constitución de un Nuevo Modelo Productivo Socialista, elemento determinante que lo diferencia de todos los modelos económicos anteriores que fueron concebidos como capitalistas.

            El punto de partida del Plan Simón Bolívar es la crítica al modelo productivo capitalista, fundamentado en la explotación intensiva del trabajo asalariado y de los recursos naturales, el cual genera desempleo, pobreza, miseria y exclusión social (Álvarez, 2010: 22).

            De cara a la construcción del nuevo modelo productivo socialista, el Gobierno Bolivariano plantea que:

“La producción en la búsqueda de lograr trabajo con significado se orientará hacia la eliminación de la división social del trabajo, de su estructura jerárquica actual y a la eliminación de la disyuntiva entre satisfacción de necesidad y producción de riqueza. El modelo productivo responderá primordialmente a las necesidades humanas y estará menos subordinado a la reproducción del capital” (RBV, 2007: 60).

            La transformación del capitalismo rentístico venezolano implica:

  1. Cambiar las relaciones sociales de producción.
  2. Transformar la estructura del aparato productivo.
  3. Modificar la distribución territorial de la actividad económica.
  4. Reorientar la intervención del Estado.


LA NECESIDAD DE CONSTRUIR UN NUEVO MODELO PRODUCTIVO.

            En su obra “Venezuela ¿Hacia dónde va el modelo productivo?”, Víctor Álvarez[72] enumera las condiciones que van madurando en Venezuela para permitir la transformación del capitalismo rentístico en un nuevo modelo productivo (Álvarez, 2010: 24):

  • Agotamiento del patrón de acumulación capitalista, generador de desempleo, pobreza y exclusión social, al basarse en la explotación intensiva de la fuerza de trabajo, la explotación irracional de los recursos naturales y la contaminación del ambiente.
  • Necesidad de saldar la deuda social acumulada a través de la participación activa y protagónica del pueblo organizado en la dirección y control de los procesos de generación, distribución e inversión de la producción y los excedentes, en función de contribuir a una mejora sostenida de la calidad de vida y de la mayor suma de felicidad posible para el pueblo trabajador.
  • Crisis del capitalismo rentista en el marco del cuestionamiento a la División Internacional del Trabajo que nos condena a ser simples proveedores de petróleo y otras materias primas, lo cual inhibe el desarrollo endógeno de las potencialidades nacionales.
  • Necesidad de impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas internas, con base en el fortalecimiento de capacidades tecnológicas e innovativas para agregar valor a las abundantes fuentes de materias primas y recursos energéticos que posee Venezuela, en función de sustituir importaciones y diversificar las exportaciones, superando la dependencia tecnológica de los grandes centros industrializados.
  • Urgencia de profundizar la inversión y distribución progresiva de la renta petrolera y del ingreso nacional en función de impulsar un nuevo esquema para la generación y distribución de la riqueza.
  • Crisis del neoliberalismo y de las políticas a favor del libre mercado, y reconocimiento de la importancia de la intervención del Estado para orientar el curso del desarrollo económico en función de los grandes intereses nacionales.
  • Creciente exigencia de facilitar y apoyar la participación de los trabajadores en la reactivación, organización y control de la producción de los bienes y servicios básicos y esenciales que garantizan la plena satisfacción de sus necesidades materiales y espirituales.
  • Imperativo de avanzar en la sustitución de la inoperante estructura del Estado burgués por el Estado revolucionario que impulse un nuevo modelo organizativo y funcional de los poderes públicos.
  • Necesidad de desplazar los grupos de poder enquistados en la estructura burocrática por servidores públicos comprometidos y responsables con la tarea de impulsar nuevas formas de poder popular, para hacer rendir al máximo los recursos destinados a saldar la deuda social y transformar el modelo productivo.
  • Reclamos por impulsar un cambio profundo de las relaciones económicas a través del impulso a la economía social como portadora de nuevas relaciones sociales de producción.
  • Demandas de participación activa y protagónica del pueblo organizado en función de asumir el control de la producción de los bienes y servicios esenciales.
  • Necesidad de corregir los desequilibrios territoriales y el desarrollo desigual entre las diferentes regiones, estados, municipios y comunidades en todo el país.
  • Afrontar el deterioro y daños irreversibles al ambiente debido al mal manejo de las emanaciones gaseosas, efluentes líquidos y desechos sólidos que contaminan el ambiente y arruinan la salud de los trabajadores y las comunidades.
  • Corregir el deterioro de los más elementales valores éticos que mantienen cohesionada y garantizan la integridad y seguridad de una sociedad.

Observamos que el Proyecto Nacional Simón Bolívar intenta abordar los puntos neurálgicos que han impedido hasta ahora el desarrollo independiente del país. Intenta resolver el problema de la dependencia de nuestro modelo económico a los requerimientos diseñados por el capitalismo internacional, realidad que hemos arrastrado desde la misma época colonial. Pero a la vez intenta resolver otros problemas cuya caracterización se ha realizado más recientemente, como la cuestión de la destrucción ambiental generada por los sistemas productivos copiados e impuestos desde el extranjero, los desequilibrios territoriales resultantes de esa economía foránea predominante, la dependencia tecnológica, los altos niveles de desigualdad social, etc.

También aborda la superación del modelo neoliberal que hoy está colapsando a nivel mundial, y retoma el papel del Estado como garante de los intereses nacionales y de las grandes mayorías sociales. Pero va mucho más allá al proponer la participación democrática de los trabajadores en la conducción de las nuevas estructuras productivas que se plantean desarrollar. La transformación profunda del estado burgués, y el desplazamiento definitivo de los grupos de poder que hemos heredado del capitalismo de la “cuarta república”.

En general, el Proyecto Simón Bolívar propone una transformación profunda de la sociedad venezolana, perfilando una nueva sociedad socialista, superadora del capitalismo como sistema productivo. En este punto es la primera vez en la historia de Venezuela que un gobierno se plantea objetivos tan radicales de transformación nacional.

El modelo productivo venezolano se orientó desde el siglo XIX en la perspectiva del liberalismo económico, desde José Antonio Páez hasta Juan Vicente Gómez. Posteriormente, a tono con la evolución de la economía capitalista mundial, se impuso el keynesianismo a partir del gobierno de Eleazar López Contreras, el cual se mantuvo hasta que el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez impuso en 1989 el paquete neoliberal que ya comentamos anteriormente. El neoliberalismo tuvo una efímera vida hasta 1999, cuando Rafael Caldera entregó el poder a Hugo Chávez Frías.

Aunque en los años iniciales de su mandato Chávez no habló específicamente de socialismo[73], es innegable que desde un principio desarrolló una estrategia económica totalmente enfrentada al neoliberalismo dominante en el mundo capitalista, manteniendo y fortaleciendo los aspectos positivos del modelo keynesiano, y abriendo experimentos que se orientaban al desarrollo de la economía social, como sucedió con el impulso de las cooperativas.


LA ECONOMÍA SOCIAL[74].

Uno de los fundamentos del nuevo modelo productivo enarbolado por el gobierno de Chávez ha sido la llamada economía social. La economía social no constituye en sí un modelo económico acabado que podría encerrarse dentro de los que tradicionalmente se ha definido como economías solidarias o sociales, ni solamente en sus formas institucionales más conocidas: cooperativas, microempresas, empresas mutuales, etc. La economía social es en primer lugar, y dentro del contexto socio-económico específico a naciones periféricas a los centros mundiales de capital como la nuestra, aquella economía que se desarrolla precisamente sobre los márgenes de los grandes nudos de acumulación de capital. Se trata entonces de prácticas sociales reales de producción, distribución y consumo de bienes y servicios que configuran en estos momentos todo un universo productivo particular. Empieza por las laberínticas formas de economía de subsistencia hasta lugares de asociación y solidaridad entre individuos desde los cuales se emprenden iniciativas multifacéticas de producción cognitiva, de bienes materiales, de servicios sociales, de producción simbólica y comunicacional, que decantan por lo general en la formación de amplios potenciales socio-económicos. Desgraciadamente, dados los ritos y normas del orden económico constituido, se trata de órdenes de producción que son excluidos, marginados o apropiados por los agentes estatales y privados que gobiernan el orden dominante (Denis, 2003).

            Sin embargo, cabe notar que desde el seno de dichas prácticas sociales, siendo ellas mismas prácticas de resistencia con larga data de experiencia y reflexión, se ha venido levantando un perfil ideo-político de las mismas que constituye un lugar síntesis de su propia utopía. Síntesis que por supuesto siguen abiertas al debate de acuerdo a las nuevas experiencias asociativas en desarrollo y los horizontes que se abren dentro del mundo económico de hoy. Por nuestro lado ese lugar síntesis de definición lo resumimos en los siguientes siete elementos:

1. La economía social es una economía alternativa.
2. Donde privan las prácticas democráticas y autogestionarias.
3. Motorizada por las formas de trabajo asociado y no asalariado.
4. Donde la propiedad sobre los medios de producción es colectiva (salvo en el caso excepcional de las microempresas).
5. Centrada en el reparto igualitario del excedente.
6. Solidaria con el entorno social en que se desarrolla.
7. Y aferrada a su propia autonomía frente a los centros monopólicos del poder económico o político.

            El problema que se nos plantea entonces es cómo hacer viable este esquema alternativo de producción dentro de una realidad económica llena de adversidades nacionales y globales para ella y una herencia socio-cultural que como efecto causal de la realidad económica que la determina, y sobretodo en los últimos tiempos, más que ayudar a asociar u organizar el trabajo y el mundo productivo en general lo que ha hecho es desaparecerlo o diseminarlo e individualizarlo en grados cada vez más extremos y patéticos. Hemos llamado a esto la “buhonerización” de la sociedad en todo su conjunto. No estamos entonces ante un camino fácil de recorrer si de verdad se quiere, como en efecto rezan los mandatos constitucionales expresados en los artículos 70, 112, 118, 184, 308, de la Constitución Nacional, llevar adelante un proceso profundo de transformación la realidad económica nacional, donde, entre otras cosas, se logre hacer de ella un lugar prioritario y estratégico para el desarrollo material y cultural de la democracia participativa y protagónica como de la misma economía nacional.

            Estamos por tanto parados ante un doble reto. Primeramente promover un camino abierto a toda la ciudadanía desde donde se recuperen las mejores enseñanzas de toda esa economía de subsistencia de la cual es partícipe en buena parte. Una realidad que es hija de la precariedad estructural de nuestras naciones y la inmensa desigualdad e injusticia que recorre toda nuestra historia, pero sobretodo, de la crisis profunda que hoy en día vive el capitalismo como modelo global de producción; crisis que arropa y determina el destino gris al cual pareciera que estaríamos condenadas la inmensa mayoría de las naciones pobres y los pobres del mundo. Pero además de las enseñanzas se trata de un mundo laberíntico lleno de potencialidades y donde efectivamente se mueven en suma enormes cantidades de capital que en caso de comenzar a hacerse partícipes de un proyecto más integral y trascendente al mero interés individual que priva sobre ella, podrían convertirse en una palanca sustancial al desarrollo integral y equitativo de la sociedad.

            Con igual reconocimiento nos referimos a la experiencia asociativa y autogestionaria propiamente dicha, de cuya historia extraemos todas las premisas ideopolíticas y experienciales de la economía social. Pero en este caso ya no estamos hablando de una realidad masiva y extensa, sino de corrientes y experiencias, unas más tradicionales, otras más nuevas y creadoras, que deben servirnos de escuela para la nueva realidad que seguiremos construyendo.  Pero a la vez se trata de un mundo que debe tomar conciencia que como tal debe ser trascendido y emplazado a hacerse partícipe del ímpetu que viene adoptando la economía social hoy en día y que sin duda terminará revolucionado toda la experiencia originaria que ya conocemos.

            Además de este reto, situado sobre el acumulado social y material desde el cual debemos partir, tenemos ante nosotros el reto de la recuperación de los valores éticos y culturales para la economía social que rodean el sueño transformador al cual la inmensa mayoría de venezolanos hemos apostado. También sumamos entre estos principios éticos:

1. La expansión de los valores democráticos y libertarios hacia todas las prácticas sociales. 2. El compromiso de hermandad y solidaridad con los entornos comunitarios y laborales en que nos movemos.
3. El encuentro igualitario con el otro.
4. La lucha por la plena libertad y dignificación de nuestras naciones.
5. El profundo amor hacia la tierra y la naturaleza.
6. El respeto absoluto por los derechos humanos.
7. La prioridad del interés general sobre los intereses individuales.

Ellos constituyen principios ético-culturales que también deben convertirse en principios rectores de la economía social. De lo contrario también ella puede sufrir, como de hecho ya le ha pasado, los efectos devastadores que el modelo del privatismo y la uniformidad ha tenido sobre esta dimensión esencial de la vida.    


OBJETIVOS Y FUNDAMENTOS DEL NUEVO MODELO PRODUCTIVO SOCIALISTA.


            El Proyecto Simón Bolívar (PSB) establece cuatro objetivos principales en este aspecto:

  1. Desarrollar el nuevo modelo productivo endógeno como base económica del Socialismo del Siglo XXI y alcanzar un crecimiento sostenido.
  2. Incrementar la soberanía alimentaria y consolidar la seguridad alimentaria.
  3. Fomentar la ciencia y la tecnología al servicio del desarrollo nacional y reducir diferencias en el acceso al conocimiento.
  4. Desarrollar la industria básica no energética, la manufactura y los servicios básicos (RBV, 2007: 73).

Para el cumplimiento de estos objetivos el PSB busca poner en funcionamiento nuevas formas de generación, apropiación y distribución de los excedentes económicos y una nueva forma de distribución de la renta petrolera. En la búsqueda de este nuevo modelo productivo, se plantea cohesionar las fuerzas sociales en productores asociados, haciéndolas responsables de prácticas productivas y administrativas autogestionadas, a la vez que se sustituye la concentración y centralización de la toma de decisiones por una genuina autonomía descentralizada que alcance hasta las comunidades locales.

El modelo productivo socialista se conformará básicamente por las Empresas de Producción Social (EPS), que son concebidas como el germen y el camino hacia el Socialismo del Siglo XXI, aunque persistirán empresas del Estado y empresas capitalistas privadas.

Otros elementos resaltantes de PSB son:

  • Consolidar el carácter endógeno de la economía, priorizando la satisfacción de las necesidades del país.
  • Potenciar la capacidad interna de producción de bienes y servicios, desarrollando los encadenamientos internos que permita utilizar la existencia de materias primas y recursos naturales dentro del país.
  • Diversificar el potencial exportador de bienes y servicios, una vez satisfechas las demandas internas, utilizando nuestros recursos naturales y con el mayor grado de elaboración posible.
  • Impulsar un desarrollo tecnológico interno que posibilite la autonomía relativa de las actividades productivas.
  • La garantía de la seguridad alimentaria será el desarrollo rural integral, que abarca los subsectores vegetal, animal, forestal y pesquero.
  • La capacidad interna de producción de alimentos debe promoverse elevando la inversión productiva en la agricultura, y particularmente en materia de riego, saneamiento de tierras y vialidad rural.

Finalmente, el PSB enumera una serie de estrategias y políticas para implantar el nuevo modelo productivo socialista:

  1. Mejorar sustancialmente la distribución de la riqueza y el ingreso.
  2. Expandir la Economía Social cambiando el modelo de apropiación y distribución de los excedentes.
  3. Fortalecer los sectores nacionales de manufactura y otros servicios.
  4. Asegurar una participación eficiente del Estado en al economía.
  5. Consolidar el carácter endógeno de la economía.
  6. Incrementar la participación de los productores y concertar la acción del Estado para la agricultura.
  7. Consolidar la revolución agraria y eliminar el latifundio.
  8. Mejorar y ampliar el marco de acción, los servicios y la dotación para la producción agrícola.
  9. Rescatar y ampliar la infraestructura para el medio rural y la producción.
  10. Incrementar la producción nacional de ciencia, tecnología e innovación hacia necesidades y potencialidades del país.
  11. Rediseñar y estructurar el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI).
  12. Incrementar la cultura científica.
  13. Mejorar el apoyo institucional para la ciencia, la tecnología y la innovación.


MARCO LEGAL DEL NUEVO MODELO PRODUCTIVO.


La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) supedita el régimen económico    a la función social de la economía y se otorga un papel fundamental al Estado como regulador de las relaciones económicas. Se plantea la creación de un modelo de desarrollo alternativo, centrado en la organización colectiva para el trabajo y la productividad, y en la soberanía sobre los recursos naturales. A su vez, obliga al Estado a proteger a los sectores productivos tradicionales y a promover y proteger la organización productiva solidaria (Álvarez, 2010: 26).

La actual Constitución deja implícito el planteamiento de trascender el capitalismo e ir más allá del capital como forma predominante o única de organización social de la producción. Aunque la Constitución reconoce el derecho a la propiedad privada (artículos 112, 115, 299), al mismo tiempo establece el mandato de impulsar la participación y el protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía económica a través de la autogestión, la cogestión, las cooperativas, las empresas comunitarias y demás formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la solidaridad (art. 70).

El artículo 308 de la CRBV señala que el Estado protegerá y promoverá la pequeña y mediana industria, las cooperativas, las cajas de ahorro, así como también la empresa familiar, la microempresa y cualquier otra forma de asociación comunitaria para el trabajo, el ahorro y el consumo, bajo régimen de propiedad colectiva, con el fin de fortalecer el desarrollo económico del país, sustentándolo en la iniciativa popular.

El PSB se plantea precisamente para fortalecer y profundizar los elementos alternativos del modelo productivo apenas esbozado en nuestra constitución. Buscando trascender la economía capitalista, el gobierno venezolano establece en el PSB:

“El capitalismo, además de ser responsable de la actual situación de nuestro pueblo, es la negación de los valores de igualdad y solidaridad necesarios para superar colectivamente su postración social y económica. Por contraposición, el socialismo propone la primacía del desarrollo social y humano y de los valores colectivos” (Proyecto Simón Bolívar, 2007:10).

            El gobierno bolivariano promueve la participación activa y protagónica del pueblo organizado, para que asuma el control de los procesos de producción y comercialización de los bienes y servicios requeridos para satisfacer sus necesidades materiales y espirituales, en el marco de nuevas relaciones sociales de producción gobernadas por los principios de solidaridad, cooperación, complementación, reciprocidad, equidad y sustentabilidad.

En el año 2008 fue aprobado el Decreto con Valor, Rango y Fuerza de Ley para el Fomento y Desarrollo de la Economía Popular. El mismo tiene por objetivos:

  1. Incentivar en la comunidad valores sociales basados en la igualdad, solidaridad, corresponsabilidad y justicia social.
  2. Promover las formas de organización comunal dirigidas a satisfacer las necesidades sociales de la comunidad.
  3. Fomentar un modelo productivo socioproductivo comunitario y sus formas de organización comunal en todo el territorio nacional.
  4. Aportar las herramientas necesarias para fortalecer las potencialidades económicas de las comunidades.

Son principios y valores del modelo socioproductivo comunitario la corresponsabilidad, cooperación, sustentabilidad, libertad, justicia social, solidaridad, equidad, transparencia, honestidad, igualdad, eficiencia y eficacia, contraloría social, rendición de cuentas, asociación abierta y voluntaria, gestión y participación democrática, formación y educación, respeto y fomento de las tradiciones, la diversidad cultural, articulación del trabajo en redes socioproductivas, cultura ecológica y la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales.

                  El decreto-ley considera como formas de organizaciones socioproductivas:

·         Empresa de propiedad social directa o comunal.
·         Empresa de propiedad social indirecta. Propiedad ejercida por el Estado a nombre de la comunidad, transfiriendo progresivamente la propiedad a las comunidades.
·         Empresa de producción social.
·         Empresa de distribución social.
·         Empresa de autogestión.
·         Unidad productiva familiar.
·         Grupos de intercambio solidario.
·         Grupos de trueque comunitario.


DESARROLLO ESPECÍFICO DEL NUEVO MODELO PRODUCTIVO SOCIALISTA.


            Para avanzar en dirección a un nuevo modelo productivo, el gobierno bolivariano ha dado una serie de pasos iniciales que deben permitir recorrer el camino esbozado en el PSB:

  1. Renacionalización de una serie de empresas que habían sido privatizadas durante los gobiernos anteriores. Tal es el caso de la Compañía Nacional de Teléfonos (CANTV), la Siderúrgica del Orinoco (SIDOR), la Electricidad de Caracas y otras. Luego de la derrota del paro petrolero-golpista de 2002-2003, se procedió a una reorganización de la empresa petrolera estatal, PDVSA, debido a que buena parte del personal de gerentes, empleados y técnicos se incorporó al paro y debieron ser despedidos de la empresa para poder garantizar la continuidad de su funcionamiento.
  2. Expropiación de empresas privadas que se encontraban paralizadas y colocadas en producción bajo control del Estado y la conducción de sus trabajadores. En este caso vemos a Venepal (ahora llamada Invepal), Venezolana de Válvulas (Inveval), Parmalat, Lácteos Los Andes, Cemento Andino y otras.
  3. Expropiación de contratistas de la industria petrolera, en 2009. Particularmente en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, en el Estado Zulia.
  4. Desarrollo de la Faja Petrolífera del Orinoco como eje impulsor del desarrollo económico, social, industrial, tecnológico y sustentable del país, mediante la valorización y desarrollo óptimo de sus recursos de hidrocarburos. Venezuela pasa de esta forma a poseer la mayor reserva de hidrocarburos líquidos a nivel mundial. La diversificación de las inversiones en la Faja del Orinoco, en la perspectiva multipolar que defiende el gobierno bolivariano, ha establecido convenios con empresas petroleras de India, Rusia, China, España, Irán, Brasil, Estados Unidos, Noruega y Gran Bretaña.
  5. Impulso del cooperativismo como un modelo alternativo a la empresa privada capitalista tradicional[75].
  6. Impulso de los llamados Consejos de Trabajadores como expresión de la participación laboral en la conducción de las empresas nacionalizadas. Estos consejos de trabajadores adolecen todavía de un marco legal, y en la práctica se han desarrollado de diversas maneras en cada una de las empresas nacionalizadas. Los consejos de trabajadores se han concebido como la expresión en el terreno productivo de los Consejos Comunales, organizaciones novísimas de poder popular que sí poseen una ley específica (recientemente modificada) y cuyo desarrollo en todo el país augura el nacimiento embrionario de un nuevo modelo de estado, de democracia participativa y protagónica, radicalmente distinto al viejo estado liberal y sus engañosas formas de representación.
  7. Atención especial merece el llamado Plan Guayana Socialista, desarrollado en las empresas básicas del Estado Bolívar, lo que se ha dado en llamar el Control Obrero, y que ha culminado en mayo de 2010 con la transferencia de la dirección de las empresas del estado a los trabajadores electos por los trabajadores para ocupar los cargos directivos de las mismas (Sidor, Alcasa, Ferrominera y otras).
  8. Similar experiencia de Control Obrero se ha iniciado en 2010 en la industria eléctrica recién constituida en corporación nacional (Corpoelec), en la cual los trabajadores, en el marco de la crisis eléctrica vivida en Venezuela durante el primer semestre de 2010, han iniciado una mayor participación en los procesos directivos de la empresa estatal. A la vez se ha aprobado la contratación colectiva de los trabajadores eléctricos, que llevaba varios años demorada por presiones de la burocracia interna.

Junto a estas experiencias en el terreno  productivo, el gobierno bolivariano ha ensayado nuevos mecanismo de distribución, como son los llamados MERCAL y PDVAL, organismos para la distribución nacional de alimentos y otros productos de primera necesidad. Aunque estas organizaciones han atravesado no pocos problemas, acusadas de corrupción, de desvío de productos hacia el contrabando, y de permitir la descomposición de alimentos almacenados, al mismo tiempo han logrado resolver casi totalmente el problema del desabastecimiento.

Es de resaltar que el impulso de un nuevo modelo productivo socialista en Venezuela ha encontrado no pocos oponentes. La gran burguesía nacional, representada en Fedecámaras y otras organizaciones gremiales empresariales, han desarrollado múltiples iniciativas para incluso derrocar al gobierno de Chávez. Recordemos el golpe del 11 de abril de 2002, en el cual el que fungía como presidente de Fedecámaras en ese momento, el empresario Pedro Carmona Estanga, fue el que asumió la presidencia del efímero gobierno golpista que gobernó a Venezuela durante menos de 48 horas. Otro intento de derrocar a Chávez ocurrió con la huelga petrolera-empresarial desarrollada en diciembre 2002 y enero-febrero de 2003, la cual fracasó luego de 63 días de paralización de actividades tanto en la industria petrolera como en todas las empresas privadas del país.

Luego de estas derrotas, el empresariado nacional ha desarrollado tácticas de saboteo solapado a la economía nacional, ya sea promoviendo el desabastecimiento (como los ha acusado reiteradamente el gobierno de Chávez) o abandonando-paralizando empresas en producción, a la vez que se aprovecha de las amplias facilidades de financiamiento que el propio gobierno chavista ha desarrollado para promover la reactivación de la industria y la agricultura nacionales.

Las empresas multinacionales extranjeras han tenido choques puntuales con el gobierno bolivariano, como ocurrió con la empresa argentina Techint al proceder a la nacionalización de Sidor. Igual ocurrió cuando se modificó el marco legal de los convenios con las empresas petroleras extranjeras, y dos de esas empresas no compartieron el nuevo marco legal y procedieron a retirarse del país (la Conoco-Philips y la Exxon-Mobil). Una de estas empresas, la Exxon-Mobil, demando al estado venezolano ante tribunales internacionales, aunque sin mayores consecuencias para los intereses nacionales.

El nuevo modelo productivo socialista ha sido concebido como un proceso continental de transformación económica, política y social, basado en la integración de los países latinoamericanos, y que se fundamenta en iniciativas como el ALBA y otros mecanismos de integración.

Al considerar las posibles limitaciones del nuevo modelo productivo que adelanta el gobierno bolivariano, hay que tomar en cuenta la crítica realizada a las deficiencias del socialismo practicado en la URSS y demás países del llamado “socialismo real” a lo largo del siglo XX. Particularmente el crecimiento exacerbado de un capitalismo de estado, dirigido por un régimen político monopartidista, razones que hemos expresado antes como las que determinaron el colapso soviético a fines de los 80 y comienzos de los 90. En la Venezuela bolivariana se pudiera estar incubando un camino similar, en donde crezca desproporcionadamente el control del estado sobre la economía, y los escenarios de control obrero y autogestión participativa de los trabajadores se reduzcan al mínimo, lo que unido al predominio absoluto del PSUV configuraría una estructura burocrática difícil de manejar y que pudiera repetir el desgaste y agotamiento reflejado en los países otrora socialistas.

La alternativa a esto es recorrer el sendero que postula el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, al enfatizar en la democracia participativa y protagónica, y en la economía social, lo que traducido al plano económico implicaría el desarrollo de un verdadero poder de los trabajadores expresado en la constitución de los Consejos Obreros como órganos dirigentes de las empresas públicas, capaces de ejercer una verdadera contraloría social sobre la gerencia (elegida por la base de los trabajadores), con una ejecución presupuestaria transparente y participativa, con la incorporación de las comunidades y sus necesidades locales, municipales y regionales, con la creación de un plan nacional surgido de la integración de las necesidades generales del país con los requerimientos particulares de las localidades.


LOS PROCESOS DE INTEGRACION. ALCA vs. ALBA.


Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar para las empresas norteamericanas el control de un territorio que va del polo Artico hasta la Antártida, y el libre acceso, sin ningún obstáculo o dificultad a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio”.
Colin Powell
Secretario de Estado del Gobierno de Bush (2000-2004)

            En años recientes, los Estados Unidos promovieron el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) como una supuesta fórmula para el desarrollo de la economía de la región. El gobierno venezolano expuso internacionalmente sus objeciones al ALCA y sus propuestas de integración latinoamericana, que últimamente se han concretado con el ingreso de Venezuela al MERCOSUR. Exponemos a continuación los razonamientos que la comisión de la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela publicó con respecto a la integración de las economías regionales[76].

“En Venezuela hay una creciente preocupación y conciencia sobre los nefastos efectos que el ALCA puede generar en los ámbitos económico, político, ambiental, cultural, laboral y de derechos humanos… Para Venezuela, el ALCA no es sólo un acuerdo comercial. Si bien el objetivo es crear una Zona de Libre Comercio, no deja de ser menos cierto que lo que está planteado es el establecimiento de un orden legal e institucional supranacional que finalmente terminaría por prevalecer sobre el que actualmente rige nuestro país”.

“El ALCA representa un proyecto geopolítico de dominación de la principal potencia económica y militar del mundo. Aunque comience con la creación de una Zona de Libre Comercio, terminará por el establecimiento de un orden legal e institucional de carácter supranacional que le permitirá al mercado y las transnacionales una total libertad de acción. Los países que lo suscriban tendrán que “constitucionalizar” tales arreglos, viendo aún más debilitada su capacidad de negociación y debiendo renunciar a su soberanía en la implementación de políticas de desarrollo”.

“De allí la necesidad de priorizar y acelerar la integración latinoamericana como alternativa para enfrentar esta amenaza. Se trata de construir alianzas estratégicas para evitar los efectos no deseados de una propuesta tan abarcante como la del ALCA que expondría al aparato productivo regional a una desventajosa competencia”.

“Cohesionados en bloque será posible enfrentar y derrotar una aparente propuesta de integración comercial que tiene serias implicaciones políticas, donde sólo las potencias más desarrolladas tienen la posibilidad de salir favorecidas, mientras que los países en vías de desarrollo quedan condenados a renunciar a su capacidad de maniobra para estimular e incentivar la inversión y producción nacionales”.

El ALCA significó un proyecto geopolítico de los Estados Unidos, basado en un marco legal e institucional hecho a su conveniencia, que intentó imponerse a los países de Latinoamérica y el Caribe, retrasando su real integración y obligándolos a sucumbir a un proyecto hegemónico que trastocaría la vida de sus pueblos para siempre. Al no poder desarrollar el ALCA, el cual tenía como plazo para su implementación el año 2005, los Estados Unidos optaron por fortalecer el desarrollo de Tratados de Libre Comercio (TLC) acordando por separado con algunos países de América Latina, como México, Chile, Perú y Colombia (este último todavía en 2010 no ha sido aprobado por el congreso norteamericano). Es de resaltar que en el fracaso del ALCA tuvo mucho que ver la campaña en su contra desarrollada por el gobierno de Venezuela.

Presentamos un resumen breve de las objeciones realizadas por el gobierno Venezolano al ALCA, que igual sirven de argumentos para enfrentar los TLC’s que Estados Unidos ha firmado por separado con algunos gobiernos latinoamericanos:

  1. El ALCA limita la acción reguladora de los Estados en sus respectivas economías. La libre competencia sólo conduce al fortalecimiento de los más fuertes y a un debilitamiento aún mayor de los más débiles, profundiza las disparidades entre las diferentes clases sociales, regiones, países y actividades productivas.

  1. Las negociaciones sobre el ALCA no fueron transparentes ni democráticas. Se ha defendido el criterio que la eventual incorporación de los países latinoamericanos al ALCA debe ser sometida a referéndum popular para su aprobación. Esto no ha ocurrido en ninguno de los países que han firmado tratados de libre comercio con los Estados Unidos (Chile, México, Colombia, Perú, Centroamérica).

  1. El ALCA violenta los compromisos previamente adquiridos por nuestros países en materia de tratados internacionales sobre derechos humanos, laborales, culturales y ambientales.

  1. Lejos de resolverlos, el ALCA profundiza los principales problemas de América Latina: el intercambio desigual con los grandes países industrializados; la falta de acceso a la información, el conocimiento y la tecnología; las disparidades y asimetrías de nuestras naciones con el primer mundo; el peso de la deuda externa; y el impacto negativo de las políticas de ajuste estructural impuestas por los organismos financieros internacionales.

Hay evidentemente concepciones distintas sobre la forma cómo los países latinoamericanos debemos enfrentar a la globalización y los procesos de integración económica. Defendemos aquí la necesidad de fortalecer en todo momento nuestra identidad y nuestros intereses nacionales, pues no debe contraponerse, como lo hacen los centros de poder mundial, el localismo-regionalismo al universalismo, el nacionalismo a la globalización. Al respecto, Theotonio Dos Santos plantea:

“Varios autores ven una oposición entre el nacionalismo económico del Tercer Mundo y su integración en la economía mundial. Nada más equivocado. Solamente la realización de los ideales nacionalistas de integración de las economías nacionales y el aumento de su potencial productivo volcado hacia su mercado interno daría a esas naciones el poder de incorporarse realmente al mercado mundial como vendedoras y compradoras” (Dos Santos, 1993: 107).

Según Jesús Machuca (Ob.cit.: 171), hay dos maneras distintas de entender la incorporación de países con vigorosas culturas nacionales[77] en el proceso de globalización económica, política y cultural. Los actuales procesos de integración no serán completos mientras América Latina no resuelva la cuestión de la dependencia. Aquí juega un papel tanto el nacionalismo económico como el fortalecimiento de una identidad que actúe como freno a las ambiciones expansionistas del capital multinacional.

Dos Santos agrega que no pueden esperarse grandes resultados mientras

“la región no disponga del control de su propia economía y no pueda aplicar una política de desarrollo volcada hacia sus propias necesidades, superando la dependencia estructural, las sobrevivencias oligárquicas de su clase dominante y su condición subordinada, antinacional y antipopular, las fuertes concentraciones de la renta y de la propiedad, etc.” (Dos Santos, 1993: 106).

Y en lo cultural, anteponer la alternativa de un proyecto autónomo, el de Nuestra América mestiza, que rompa con el modelo homogeneizador dictado por los centros financieros internacionales.

Los procesos políticos desarrollados en América Latina en la última década, caracterizados por el surgimiento de gobiernos de corte izquierdista que enarbolan la soberanía de sus pueblos ante la tradicional hegemonía estadounidense, han permitido el surgimiento y fortalecimiento de escenarios de integración que reivindican los principios mencionados antes. El escenario más significativo es el ALBA, promovido inicialmente por el gobierno de Venezuela y que ha logrado integrar a los gobiernos más ubicados en una posición socialista. Pero también han surgido otras iniciativas como el Banco del Sur, la UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe.


ALBA: ALIANZA BOLIVARIANA PARA LOS PUEBLOS DE NUESTRA AMÉRICA.

El ALBA es el espacio de unidad solidaria de nuestros pueblos en la perspectiva histórica de poder realizar los sueños de nuestros Libertadores, de construcción de la Patria Grande Latinoamericana y Caribeña (ALBA-TCP, 2010).
El 14 de diciembre de 2004 se realizó en La Habana la Primera Cumbre del ALBA. El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, y el Presidente del Consejo de Estado de Cuba, Fidel Castro, firman la  Declaración Conjunta para la creación del ALBA y el Acuerdo de aplicación del ALBA.
En el texto de la histórica Declaración Conjunta se señala: “Afirmamos que el principio cardinal que debe guiar el ALBA es la solidaridad más amplia entre los pueblos de América Latina y el Caribe, que se sustenta con el pensamiento de Bolívar, Martí, Sucre, O’Higgins, San Martín, Hidalgo, Petión, Morazán, Sandino, y tantos otros próceres, sin nacionalismos egoístas que nieguen el objetivo  de construir una Patria Grande en la América Latina, según lo soñaron los héroes  de nuestras luchas emancipadoras”.
Actualmente, 9 países han firmado su adhesión al ALBA: la República Bolivariana de Venezuela, la República de Cuba, la República de Bolivia, la República de Nicaragua y la Mancomunidad de Dominica, la República de Honduras[78], la República de Ecuador, San Vicente y las Granadinas y Antigua y Barbuda.
País
Superficie/km2
Población
Venezuela
916.445
27.000.000
Cuba
110.860
11.400.000
Bolivia
1.098.545
9.630.000
Nicaragua
129.494
5.470.000
Mancomunidad de Dominica
754
70.000
Honduras
122.702
7.326.000
San Vicente y las Granadinas
389
117.500
Ecuador
256.370
14.233.000
Antigua y Barbuda
443
68.700
Total
2.636.002
75.315.200

La integración que promueve el ALBA se desarrolla a través de los Tratados de Comercio de los Pueblos (TCP) y los Proyectos y Empresas Grannacionales. Son acuerdos entre los países para ir avanzando en el desarrollo sostenible, aprovechando las potencialidades de cada uno y atendiendo las necesidades sociales de mayor urgencia para la población.
Los TCP son tratados de intercambio de bienes y servicios para satisfacer las necesidades de los pueblos. Se sustentan en los principios de solidaridad, reciprocidad, transferencia tecnológica, aprovechamiento de las ventajas de cada país, ahorro de recursos e incluyen convenios crediticios para facilitar los pagos y cobros. Los TCP nacen, para enfrentar a los TLC, Tratados de Libre Comercio, impuestos por Estados Unidos, que conducen al desempleo y la marginación de nuestros pueblos, por la destrucción de las economías nacionales, a favor de la penetración del gran capital imperialista.
Los Proyectos Grannacionales materializan y dan vida concreta a los procesos sociales y económicos de la integración y la unidad. Abarcan desde lo político, social, cultural, económico, científico e industrial hasta cualquier otro ámbito que puede ser incorporado. El concepto de Empresas Grannacionales surge en oposición al de las empresas transnacionales, por tanto, su dinámica económica se orientará a privilegiar la producción de bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades humanas, rompiendo con la lógica de la ganancia y acumulación de capital.
El concepto Grannacional se fundamenta en lo histórico y geopolítico en la visión bolivariana de la unión de las repúblicas latinoamericanas y caribeñas para la conformación de una gran nación. En lo socioeconómico es la estrategia de desarrollo de las economías de nuestros países con el objetivo de producir la satisfacción de las necesidades sociales de las grandes mayorías. Y en lo ideológico implica la afinidad conceptual de quienes integran al ALBA, en cuanto a la concepción crítica acerca de la globalización neoliberal, la necesidad del desarrollo sustentable con justicia social, la soberanía y el derecho a la autodeterminación de los pueblos, generando un bloque en la perspectiva de estructurar políticas regionales soberanas.
Actualmente el ALBA desarrolla los siguientes proyectos grannacionales (ALBA-TCP, 2010):
AREAS
PROYECTOS GRANNACIONALES
Finanzas
Banco del ALBA
Educación
Alfabetización y postalfabetización.
Infraestructura
Desarrollo de la infraestructura portuaria, ferroviaria y aeroportuaria
Ciencia y tecnología
Centro de ciencia y tecnología
Alimentación
Empresa productos agroalimentarios  y empresa alimentos
Energía
Empresa de energía eléctrica, petróleo y gas
Ambiente
Empresa para el manejo de bosques, producción y comercialización de productos de la industria de la madera
Agua y saneamiento
Salud
Empresa distribución y comercialización de productos farmacéuticos
Centro regulatorio del registro sanitario
Minería
Empresa de cemento
Comercio Justo
Empresa importadora exportadora
Tiendas del alba
Turismo
Universidad del turismo
Industria
Turismo social

Complejos productivos
Cultura
Fondo cultural alba
Telecomunicaciones
Empresa de Telecomunicaciones

            Finalmente, el ALBA ha comenzado a crear una zona monetaria común con la aprobación del SUCRE (Sistema Unitario de Compensación Regional). La implementación de una moneda común persigue liberar a los países del ALBA de la dependencia del dólar y de cualquier otra moneda extranjera.

OTRAS INICIATIVAS DE INTEGRACIÓN REGIONAL EN MARCHA.

UNASUR: La UNASUR tuvo su antecedente en la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSN), que se inició el 8 de diciembre del 2004 a través de la Declaración del Cusco. Los países firmantes de este documento fueron Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. El 16 de abril del 2007 se efectúan en Isla Margarita, Venezuela, paralelamente el Diálogo Político de los Jefes de Estado y de Gobierno y, la Cumbre Energética de los países de América del Sur. En este marco se decide adoptar el nombre de Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) para el proceso sudamericano de integración. En la Declaración de Margarita se establece que Quito sea la sede de la Secretaría General. Los países miembros de UNASUR son Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. El Tratado Constitutivo de la UNASUR fue suscrito en Brasilia, el 23 de mayo de 2008 (UNASUR, 2010).
BANCO DEL SUR: En el contexto de la Segunda Cumbre Suramérica y África, celebrada en la Isla de Margarita en septiembre de 2009, siete de los ocho mandatarios sudamericanos presentes (Hugo Chávez de Venezuela, Luiz Inacio Lula da Silva de Brasil, Rafael Correa de Ecuador, Fernando Lugo de Paraguay, Evo Morales de Bolivia, Cristina Kirchner de Argentina y Tabaré Vázquez de Uruguay), firmaron el acta de fundación del Banco del Sur, que arrancará con un capital global de 7 mil millones de dólares[79]. El fondo inicial del Banco del Sur, cuya sede será Caracas, se formará con aportaciones individuales de 2 mil millones de dólares de Brasil, Venezuela y Argentina, mientras Bolivia, Ecuador, Paraguay y Uruguay entregarán cantidades no definidas con las que se pretende cerrar la suma de 7 mil millones
COMUNIDAD DE ESTADOS LATINOAMERICANOS Y CARIBEÑOS (CELAC): En el marco de la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, celebrada en Playa del Carmen, México, en febrero de 2010, se acordó la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe. La I Cumbre de la CELAC, con el objetivo de su constitución definitiva y de integración frente a la crisis económica, tuvo lugar en Caracas, Venezuela, los días 2 y 3 de diciembre de 2011.El nuevo organismo nace con vocación de promover la cooperación entre los mecanismos subregionales y al abrigo de principios como el respeto al derecho internacional, la igualdad soberana de los estados, el no uso ni amenaza del uso de la fuerza, y la promoción de la democracia y los derechos humanos. El funcionamiento formal el bloque ocurrirá cuando se hayan acordado sus estatutos. Según la opinión del presidente de México, Felipe Calderón, “están dadas las condiciones para avanzar hacia la constitución de una organización regional puramente latinoamericana y caribeña y que represente a las 33 naciones independientes de la América Latina y el Caribe”. Los países que la integran son: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Haití, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, Barbados, Trinidad y Tobago, Jamaica, Granada, Surinam, Dominica, Santa Lucía, Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas, Bahamas, San Cristóbal y Nieves, Belice y Guyana. Honduras fue suspendida momentáneamente de su participación en la CELAC debido al golpe de estado que derrocó al presidente Zelaya en 2009; en 2011 fue readmitida.
MERCOSUR[80]: La República Argentina, la República Federativa de Brasil, la República del Paraguay y la República Oriental del Uruguay suscribieron el 26 de marzo de 1991 el Tratado de Asunción con el objeto de crear el Mercado Común del Sur, MERCOSUR. Los cuatro Estados Partes que conforman el MERCOSUR comparten una comunión de valores que encuentra expresión en sus sociedades democráticas, pluralistas, defensoras de las libertades fundamentales, de los derechos humanos, de la protección del medio ambiente y del desarrollo sustentable, así como su compromiso con la consolidación de la democracia, la seguridad jurídica, el combate a la pobreza y el desarrollo económico y social con equidad. En la actualidad los Estados Asociados al MERCOSUR son Bolivia, Chile, Perú, Ecuador y Colombia. Un aspecto de particular relevancia en los últimos años es el relacionado con la solicitud de ingreso de la República Bolivariana de Venezuela como miembro pleno al MERCOSUR. Dicha solicitud se enmarca en lo establecido por el artículo 20 del Tratado de Asunción, mediante el cual se admite la adhesión de los demás países miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) al bloque. En ese sentido, los Estados Partes del MERCOSUR han reafirmado la importancia de la adhesión de la República Bolivariana de Venezuela al MERCOSUR para la consolidación del proc[1]eso de integración de América del Sur en el contexto de la integración latinoamericana. El 4 de julio de 2006 se aprobó el Protocolo de Adhesión de la República Bolivariana de Venezuela al MERCOSUR, mediante el cual se establecen las condiciones y los plazos previstos para la plena incorporación de Venezuela al bloque. En conformidad con lo establecido en el Protocolo, la República Bolivariana de Venezuela desarrollará su integración en el MERCOSUR de acuerdo con los compromisos derivados del mismo, bajo los principios de gradualidad, flexibilidad y equilibrio, reconocimiento de las asimetrías, y tratamiento diferencial, así como los principios de seguridad alimentaria, medios de subsistencia y desarrollo rural integral. La entrada en vigencia del Protocolo requería que el mismo fuera ratificado por los Congresos de los cinco países implicados. Dicha adhesión fue aprobada por los Parlamentos de Venezuela, Argentina, Brasil y Uruguay, y estaba pendiente de aprobación por el Parlamento de Paraguay. La destitución de Fernando Lugo como Presidente de Paraguay ocurrido el 22 de junio de 2012, permitió que en la reunión de Presidentes del Mercosur celebrada en Argentina el 29 de junio de 2012 se acordara el ingreso pleno de Venezuela al Mercosur, al mismo tiempo que decidían suspender al Paraguay de dicha organización debido a la violación de la Cláusula Democrática del Protocolo de Ushuaia. La presidenta de Argentina, Cristina Fernández,  anunció que Venezuela se incorporaría al bloque a partir del 31 de julio de 2012.

















A MANERA DE CONCLUSIÓN: VENEZUELA Y AMÉRICA LATINA, HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN NUEVO MODELO DE DESARROLLO.

            Hemos presentado una perspectiva general de Venezuela en el marco del sistema capitalista globalizado, enfatizando en los tiempos actuales, caracterizados por la crisis económica mundial, el colapso de los paradigmas que rigieron los modelos económicos de las últimas décadas, y el surgimiento de propuestas alternativas de desarrollo que se enarbolan desde las tierras nuestramericanas.
Partiendo de la caracterización de los mecanismos de dominación global que han impedido nuestro desarrollo a lo largo de los últimos siglos, enfatizamos en los procesos políticos fracasados mediante los cuales se intentó en el pasado reciente superar la dependencia económica y alcanzar la plena soberanía sobre nuestras riquezas naturales y nuestro aparato productivo. Culminamos el presente trabajo exponiendo cómo los esfuerzos que Venezuela realiza desde hace una década apuntan precisamente a resolver los nudos fundamentales que han impedido nuestro desarrollo.
            Venezuela en particular, y Latinoamérica en general, han vivido en la última década (1999-2010) una serie de cambios sociopolíticos que se caracterizan principalmente por el crecimiento de las fuerzas de izquierda y el debilitamiento de los factores tradicionales de poder. Diversos representantes de una izquierda que aún pareciera estar en proceso de definición y conformación han obtenido resonantes triunfos electorales en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay y El Salvador. Sólo el fraude electoral parece haber impedido los triunfos en países como Perú y México. Al mismo tiempo, nuevos movimientos sociales han surgido con fuerza relevante y actúan como elementos de definición de los procesos políticos en sus respectivos países.

Acorde con este proceso de cambios políticos internos, en las relaciones internacionales Venezuela y toda América Latina también está viviendo una época inédita, en la cual de diferentes formas están insubordinándose a los dictados del gobierno de Estados Unidos. Todas las iniciativas de integración que desde América Latina se promueven de manera independiente con relación a los Estados Unidos, ejemplifican de manera contundente que ha nacido una fuerza sociopolítica de clara tendencia izquierdista, nacionalista y antiimperialista, aunque esté representada por factores nacionales muy diversos entre sí.

Hoy América Latina trabaja por construir el ALBA, el Banco del Sur, fortalecer el MERCOSUR, la UNASUR, el acuerdo de defensa suramericano y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe.. Estas iniciativas, las principales de varios proyectos en pleno desarrollo, constituyen de por sí una política independiente de los dictados de los Estados Unidos y de los factores del centro de poder mundial que tradicionalmente habían dominado nuestros países.

            El fin de la historia vaticinado por Francis Fukuyama no ha ocurrido y, por el contrario, nuevas teorías revolucionarias se desarrollan al calor de procesos de lucha social y confrontación política que ratifican que las contradicciones del capitalismo global siguen intactas. Exacerbadas cada día por los efectos de la recesión mundial, las desigualdades entre ricos y pobres, entre explotados y explotadores, entre países imperialistas y países dependientes, vuelven a presentarse como motorizadores de la lucha de nuestros pueblos por conquistar la verdadera independencia nacional, la integración regional y el bienestar colectivo de los ciudadanos.

Sin dudas el mundo ha cambiado en las últimas décadas, particularmente después de la caída del bloque de países socialistas encabezados por la antigua URSS. Pero pareciera que los cambios por venir serán aún de mayor profundidad. La izquierda que ha surgido en Latinoamérica no se parece mucho a la anterior, pero los triunfos alcanzados ahora comienzan a perfilarse como una época de cambios en la cual pudieran alterarse los mecanismos de dominación tradicionales que por varios siglos ha mantenido el capitalismo global hacia América Latina. La soledad del gobierno de Estados Unidos al quedar por fuera de la convocatoria a la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en febrero de 2010, es clara demostración de que vivimos una nueva época, en la cual el imperio del norte ya no dicta las órdenes a gobiernos latinoamericanos sumisos, y que lo que comenzó como una circunstancia muy específica, el triunfo electoral de Hugo  Chávez en 1998, ha terminado convirtiéndose en una gran avalancha sociopolítica que abre una nueva era de cambios para América Latina.

Como dicen diversos autores, desde los años 90 se abrió en América Latina un período de auge social, de movilización popular, de derrumbe de las viejas instituciones y de las viejas formas de representación, y por ahora nada parece indicar que este período se esté agotando. Por lo contrario, el desgaste prematuro de algunas referencias transformadoras parece estar siendo sustituido por propuestas más radicales aún. Los movimientos sociales parecen estar tomando un respiro para iniciar de nuevo una presión hacia cambios de mayor trascendencia.

El sueño de los libertadores, de ver a Nuestra América como una gran nación desde México hasta la Patagonia, con pleno desarrollo soberano de sus potencialidades económicas y sus riquezas socio-culturales, motivación que ha impulsado diversos proyectos de transformación en Latinoamérica en los dos últimos siglos, pareciera haberse colocado al alcance de la mano en la última década. Este trabajo persigue contribuir a comprender esta problemática histórica e incita a comprometerse con los procesos de cambio que hoy vive nuestro continente nuestramericano.

La rueda de la historia ha comenzado a girar en este continente, una circunstancia que tal vez no se presentaba regionalmente desde la época de la independencia. Por ahora, los pueblos de Nuestra América parecen decididos a determinar su futuro por sí mismos, sin sujeciones imperiales ni tutelajes tradicionales.




















CONCEPTOS:

GLOBALIZACIÓN: En sentido estricto, significa la interdependencia entre los distintos pueblos del mundo en lo económico, político, social y cultural. La globalización se inició en el siglo XV con la expansión colonial de Europa sobre el resto de continentes, y se ha desarrollado bajo la hegemonía del llamado mundo occidental y cristiano (Europa Occidental y los Estados Unidos). Globalización no es sinónimo de neoliberalismo ni de predominio del capital financiero, pero así lo pregonan los grandes centros de poder mundial (los Estados Unidos y el grupo de los 7 países más industrializados, los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y las grandes corporaciones multinacionales que dominan el proceso económico mundial). No existe un camino único y predeterminado para el proceso de globalización; el mismo responde históricamente a las variaciones en la correlación de fuerzas entre las grandes potencias mundiales y los países dependientes, y entre las clases y grupos sociales dentro de cada país. Debido a ello la globalización ha tenido períodos de auge y de declive a lo largo de estos 500 años. En la actualidad a nombre de la globalización, y aprovechando la revolución en las comunicaciones y la informática de las últimas décadas, se ejecuta un proceso de cambios socioeconómicos, políticos y culturales que persiguen aumentar el poder hegemónico del capital financiero sobre todos los pueblos del mundo, intentando destruir los derechos y conquistas que los trabajadores y los países independientes lograron en los últimos 150 años. Sin embargo, sí es posible concebir una globalización humanizada, que potencie los vínculos de solidaridad entre las naciones y los pueblos, y contribuya a la superación de los grandes males que hoy padece la humanidad, los cuales amenazan peligrosamente su existencia futura.

DEPENDENCIA: Es una relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en la cual la actividad productiva de las naciones subordinadas es diseñada y controlada desde los países capitalistas industrializados. El atraso en el desarrollo económico de los países dependientes se explica en el proceso histórico del sistema capitalista, en el cual la explotación por Europa de territorios en América, Asia y África determinó que se constituyeran simultáneamente dos polos claramente diferenciados: un centro rico e industrializado, y una periferia pobre y atrasada. Las relaciones de dependencia se han fortalecido a partir del auge del modelo económico neoliberal.

CLASES SOCIALES: Son grandes grupos de personas que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en la producción, por su relación con el tipo de propiedad, por el modo de vida y por la parte que obtienen de la riqueza social. Según el marxismo, la lucha o confrontación entre las clases sociales antagónicas actúa como motor de la historia. Sobre el concepto de clases sociales existen múltiples definiciones. Los intelectuales defensores del orden establecido excluyen a las clases sociales de todos los análisis relacionados con las ciencias humanas, como un mecanismo para ocultar las grandes injusticias que persisten y se profundizan en nuestro mundo globalizado.

ESTADO: Es un conjunto de instituciones políticas, jurídicas y militares que sirven a la dominación económica de una clase o grupo de clases sociales minoritarias sobre el resto de clases que conforman la mayoría de la sociedad.

FORMACIÓN ECONÓMICO-SOCIAL: Es una unidad social concreta, históricamente determinada, compuesta por la unidad entre estructura y superestructura, en la cual pueden coexistir diversos modos de producción, siendo uno de ellos el dominante y el que la caracteriza. El proceso histórico implica la sucesión de formaciones económico-sociales distintas, es decir, la sucesión de diferentes modos de producción predominantes en cada caso.

MODO DE PRODUCCIÓN: Es un concepto abstracto que explica la manera como cada sociedad organiza su actividad económica a lo largo del proceso histórico. Implica la combinación de las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Algunos modos de producción serían: el comunal, el tributario, el esclavista, el feudal, el capitalista y el socialista. Los conceptos de formación económico-social y de modo de producción son fundamentales para comprender la teoría marxista.

FUERZAS PRODUCTIVAS: Están integradas por el trabajo del hombre, los recursos naturales que sirven de materias primas para la producción, y las maquinarias, herramientas y conocimientos científico-técnicos que permiten emplearlos.

RELACIONES DE PRODUCCIÓN: Es la forma en que se relacionan los individuos en la actividad productiva. De manera general pueden ser de colaboración (los miembros de una cooperativa) o de explotación (entre obreros y patronos). En lo jurídico se presentan como relaciones de propiedad sobre los medios de producción. Son el fundamento de la división social en clases con intereses antagónicos. Constituyen la estructura de la sociedad, sobre la cual se eleva la superestructura jurídica, política, religiosa, filosófica y artística, a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social.









FUENTES CONSULTADAS:

·      ACOSTA, Nebis y BRACHO, Yajaira. 2007. Para entender el proceso de globalización e integración. Maracaibo, Venezuela. Universidad del Zulia. 121 p.
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Maracaibo, septiembre de 2010 (actualizado en junio de 2012).




[1]



[1][1]A partir de 1450 (fecha del viaje del portugués Vasco de Gama circunnavegando África y llegando hasta la India), cuando se inician los llamados “viajes de exploración y descubrimiento” por parte de los países de Europa Occidental. Otros viajes de importancia destacada fueron los de Cristóbal Colón (llegando hasta el continente americano) y Fernando Magallanes (dándole la vuelta al mundo).
[2] La ciudad-estado de Caral-Supé, en Perú, descubierta en tiempos relativamente recientes (1994), tiene una antigüedad de 5.000 años, constituyendo el centro urbano más antiguo del continente americano, superando ampliamente a civilizaciones como los Mayas. Caral es contemporánea con las antiguas civilizaciones de Mesopotamia, Egipto, India y China.
[3] Se puede localizar en multitud de páginas de internet: http://identidadandaluza.wordpress.com/2007/11/14/la-carta-de-guaicaipuro-cuauhtemoc-que-chavez-le-recomendo-leer-al-rey/
[4] Marx, Carlos. 1976. El Capital. Crítica de la Economía Política. Tomo I. Fondo de Cultura Económica. Bogotá
[5] André Gunder Frank. http://www.h-debate.com/. Tuvimos la oportunidad de escuchar esta tesis del propio Gunder Frank en 2004, cuando asistimos al II Congreso Internacional de Historia a Debate, celebrado en Santiago de Compostela, España. En la dirección indicada se puede ver el video de su conferencia del jueves 15 de julio de 2004, titulada “ReOrient Global Historiography and Social Theory”. Gunder Frank falleció en 2005.
[6]“El imperialismo implica, como condición necesaria, la existencia de países capitalistas con avanzado grado de desarrollo de las fuerzas productivas y de la concentración del capital, en los cuales la necesidad de alimentar incesantemente el proceso de crecimiento acumulativo del capital impone la expansión hacia zonas de menor desarrollo, hacia donde exportar capitales excedentes y mercancías industriales, y desde donde obtener las materias primas y otros productos primarios requeridos por su aparato productivo” (Córdova, 1975: 18).
[7] http://www.h-debate.com/.
[8] Adolfo Hitler, principal líder y gobernante de la Alemania Nazi.
[9]Confrontación relativamente pacífica, pues no se desarrollaron grandes guerras mundiales como en el período anterior. Las guerras de carácter regional, como las de Corea y Vietnam, fueron una de las características del período de guerra fría.
[10]De la crisis del socialismo real surgió un nuevo panorama geopolítico. La URSS se desintegró en 15 repúblicas distintas: Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Estonia, Letonia, Lituania, Kazajstán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kirguizia y Tayikistán. La antigua República Democrática Alemana (RDA) desapareció al integrarse a la República federal Alemana. Checoslovaquia se disolvió en dos repúblicas: la Checa y la Eslovaca. Yugoslavia también se disolvió en varias repúblicas: Eslovenia, Croacia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia y Serbia-Montenegro. Junto con esto, la caída del resto de gobiernos comunistas en Polonia, Hungría, Bulgaria, Rumania y Albania. Del viejo bloque socialista mundial aún permanecen aisladamente China, Vietnam, Corea del Norte y Cuba. Aunque los dos primeros han introducido profundas reformas económicas que los colocan muy cerca del capitalismo occidental.
[11] Manteniéndose siempre en los marcos del sistema capitalista, es decir, en la explotación del trabajo asalariado por el capital.
[12]Derechos como el de la salud, educación, trabajo, seguridad social, vivienda, recreación, sindicalización, contratación colectiva, servicios públicos, todos concebidos como obligación del estado y de prestación gratuita o en condiciones de pago apropiadas a los ingresos de las clases trabajadoras y populares. Nuestra constitución nacional es una buena muestra de esos derechos sociales que hace más de 60 años consagró el estado benefactor impuesto por el capitalismo keynesiano.
[13] Decimos “tipo de keynesianismo” pues en la crisis que vivimos actualmente, desde el 2008, y ante la ausencia de un enemigo poderoso para los intereses del capital, las medidas interventoras de la economía por parte de los estados sólo se han limitado a financiar rescates hacia los bancos y empresas privadas. En vez de fortalecer los derechos sociales y laborales de los trabajadores, simultáneamente con los rescates financieros a los bancos el poder mundial ha promovido toda una política de restricciones cada vez mayores hacia esos derechos sociales y laborales. Ante la falta de un enemigo que amenace el futuro del capitalismo, las medidas anticrisis no contemplan ninguna concesión para los sectores populares, y en cambio profundizan la flexibilización laboral desatada por el neoliberalismo en los últimos 30 años.
[14] La teoría liberal es una manera de concebir el funcionamiento de la economía capitalista, como lo es también la teoría formulada por Keynes, y la que formuló Carlos Marx (ésta última como crítica de toda la economía política burguesa; es decir, no persigue justificar al capitalismo, sino criticarlo para subvertirlo desde sus fundamentos).
[15] Economistas de la Universidad de Chicago, encabezados por Milton Friedman.
[16]Carlos Andrés Pérez, como presidente de Venezuela, firmó la Carta de Intención con el FMI en febrero de 1989.
[17] Medidas aplicadas en el país por los segundos gobiernos de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera.
[18] En 1994-1995 el gobierno de Rafael Caldera otorgó a los bancos siete mil millones de dólares, con el fin de rescatarlos de la bancarrota. No obstante, los bancos terminaron quebrando, y los banqueros huyeron del país con el dinero recibido del gobierno. La crisis sirvió para fortalecer más al capital financiero y para empobrecer más a las grandes mayorías populares.
[19] Ver conceptos al final de este trabajo.
[20] López Sánchez, Roberto. 2006. Una perspectiva actual del socialismo. Revista Cuestiones Políticas. Nº 36. Enero-Junio 2006. Maracaibo (Venezuela).
[21]Entrevista realizada a Samir Amin por Graciela Roffinelli y Néstor Kohan en Buenos Aires, agosto de 2003.
[22] Las opiniones del Che Guevara sobre la economía soviética aparecen en el trabajo “Notas al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS”, inédito hasta 2008. Las mismas son extraídas de la obra “El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara” de Carlos Tablada, publicado por primera vez en 2001.
[23] Francis Fukuyama (intelectual estadounidense), sostuvo en un artículo publicado en 1989 (publicado luego como libro) lo que él llamó “el fin de la historia”, entendiendo por ello que el modelo neoliberal imperante en el mundo globalizado era capaz de eliminar los conflictos en nuestras sociedades, destinadas a vivir en armonía de aquí en adelante (Fukuyama, 2002).
[24] Empresas como la Ford, Shell y Mitsubishi son emblemáticas de las grandes corporaciones multinacionales.
[25] Los países miembros del G-20 son, además de los integrantes del G-8: Argentina, Brasil, México, India, China, Suráfrica, Arabia Saudita, Australia, Indonesia, Corea del Sur, Turquía, y la Unión Europea. España es invitado permanente. A fines de junio de 2010 se ha reunido el G-20 en Toronto, Canadá, sin tomar decisiones relevantes que tengan que ver con medidas para salir de la crisis, y en cambio han tenido que enfrentar masivas y violentas protestas populares que generaron más de 600 detenidos.
[26] Las principales potencias que los neoconservadores ubican como “competidoras” futuras de la hegemonía yanqui son China y Rusia.
[27] Como plantea Armando Córdova, “la unidad dialéctica entre la acumulación de capitales en el centro y la desacumulación y subdesarrollo en la periferia” (Córdova, 1975: 28).
[28] El déficit fiscal de los países en desarrollo comenzó a ser financiado con créditos externos. Se fue generando la llamada “cadena de la felicidad”: se acumula el déficit, crece el endeudamiento; los intereses aumentan el déficit inicial, se requieren más préstamos; el atraso cambiario deteriora la balanza comercial, se agrava el déficit primitivo; surgen temores, desconfianza, fuga de capitales, más endeudamiento. Finalmente la cadena explota, y los pueblos pagan las consecuencias (Castellanos, 1993: 108).
[29] Presidente de Brasil antes de Lula da Silva. Falta saber si aún suscribe esta perspectiva.
[30] “En ninguna región del mundo en desarrollo son los contrastes entre la pobreza y la riqueza nacional tan notables como en América Latina y el Caribe. A pesar de ingresos per cápita que son en promedio cinco y seis veces mayores que los de Asia Meridional y del África subsahariana, casi una quinta parte de la población de la región sigue viviendo en la pobreza. Esto se debe a un grado excepcionalmente elevado de desigualdad en la distribución del ingreso” (Banco Mundial, 1990: 161. Citado por Aranda).
[31] “La verdadera integración  entre los países latinoamericanos... es una de las respuestas a la marginación creciente de amplios sectores de la población. Esa respuesta es moral y legalmente indispensable para cumplir con la obligación ineludible de otorgar a los menos favorecidos un ingreso decente, educación apropiada, salud adecuada y ambiente en armonía con la naturaleza, así como garantías de autorespeto y autoestima. Ello no es posible con el modelo privatista, subsidiario y apendicular, centrado en la empresa y el mercado, y transnacionalizador, cuyo soporte es el autoritarismo y cuya naturaleza es antidemocrática” (Castellanos, 1996: 40).
[32] Como dice James Petras: “Desde comienzos de la década de 1990, se produjeron en toda América Latina movimientos extraparlamentarios sociopolíticos masivos, acompañados por alzamientos populares a gran escala que llevaron al derrocamiento de diez presidentes neoliberales clientes de EEUU/UE: tres en Ecuador y Argentina, dos en Bolivia y uno en Venezuela y Brasil”. PETRAS, James. 2006. Petras, Evo, Chávez y el imperialismo. http://www.voltairenet.org/article139664.html#article139664.
[33] David Brooks/La Jornada. 2008. Se acabó la hegemonía de EEUU en América Latina. 15/05/08 - www.aporrea.org/tiburon/n114150.html
[34] Aunque en 2010 haya vuelto a ganar la derecha en ese país, los períodos de gobierno de la “izquierda socialista” chilena quedan como referencia importante de los cambios que se suscitan en Latinoamérica.
[35] Cuba Socialista ha pasado a jugar un papel significativo en este ascenso de la izquierda latinoamericana, por intermedio del enorme apoyo político y económico que ha recibido del gobierno de Hugo Chávez. La participación de médicos, educadores y profesionales cubanos de diversas áreas por casi toda Latinoamérica ha revitalizado el fervor revolucionario de los pueblos hacia quien fuera la referencia principal de las luchas de la izquierda latinoamericana durante los años 60, 70 y 80.
[36] El chileno José Miguel Insulza, electo con el apoyo de Venezuela, en una votación en la cual se derrotó al candidato mexicano respaldado por los Estados Unidos.
[37] En febrero de 2010, en reunión sostenida en México, todos los países latinoamericanos y del Caribe acordaron la constitución de esta organización, dejando por fuera a los Estados Unidos y Canadá. Una clara demostración que los países latinoamericanos y caribeños desean recuperar su autodeterminación política y económica.
[38] Por Centro de Poder Mundial, entendemos, siguiendo a Parra Luzardo, el Grupo de Países industrializados (G-7), las organizaciones económicas multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y las grandes corporaciones multinacionales. Véase: PARRA LUZARDO, Gastón. 1998. De la nacionalización a la apertura petrolera. Derrumbe de una esperanza.  Centro Experimental de Estudios Latinoamericanos (CEELA). Universidad del Zulia. Maracaibo (Venezuela). P.261.
[39] Tal como lo había vaticinado Francis Fukuyama,. FUKUYAMA, Francis. 2002. El fin de la historia y el último hombre. Editorial Planeta. Madrid (España).
[40] Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Principal organización insurgente del vecino país.
[41]La búsqueda de beneficios es la fuerza motora del capitalismo y, cada vez en mayor medida, sólo pueden obtenerse cuantiosos beneficios gracias a la especulación financiera, en lugar de conseguirlos gracias a la inversión industrial”. Walden Bello. 2008. Un capitalismo con tonos apocalípticos. http://www.pensamientocritico.org/walbel0408.html.
[42]China sería el principal ejemplo de este traslado de las inversiones de capital hacia regiones de la periferia que ofrecen mejores condiciones para la explotación del trabajo.
[43] Jorge Beinstein. Las crisis en la era senil del capitalismo. Esperando inútilmente al quinto Kondratieff. Publicado en la revista El Viejo Topo, nº 253, febrero de 2009. Barcelona.
[44] Nicolai Dimitriev Kondratieff (1892-1938). Economista de origen ruso que estudio los ciclos de crisis y prosperidad que se suceden en la economía mundial con una regularidad aproximada de 50 años. Fue crítico de los bolcheviques y fusilado por Stalin en 1938.
[45]Paul Krugman. La Tercera Depresión. Publicado en inglés en el diario New York Times, y en español en el diario El País, de Madrid. http://www.elpais.com/articulo/economia/global/tercera/depresion/elpepueconeg/20100704elpnegeco_4/Tes.. Fecha de consulta: 04/07/2010.
[46] Joseph Stiglitz. Los gobiernos deberían crear sus propios bancos.  Le Monde, 22/05/2010. http://www.cincodias.com/articulo/economia/Stiglitz-gobiernos-deberian-crear-propios-bancos/20100627cdscdseco_6/cdseco/.  Fecha de consulta: 27/06/2010.
[47] Samuel Quilombo. A vueltas con la gran depresión. Artículo de Rebelión. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=109101&titular=a-vueltas-con-la-gran-depresión-. Publicado en Rebelión el 05/07/2010. Fecha de consulta: 07/07/2010.
[48] Un incremento en los precios del petróleo incidió en que aumentara el monto de las importaciones a su mayor ritmo en 18 años durante enero 2011, lo que derivó en que el país mostrara su déficit comercial más cuantioso en seis meses. El déficit general de enero podría traducirse en una cifra anual de 556.100 millones de dólares. El desbalance del 2010 fue de 495.700 millones de dólares, una alza de 32,7% en comparación con 2009. 10/03/2011. http://noticias.latino.msn.com/eeuu/articulos.aspx?cp-documentid=27951952
[49] CASTELLANOS, Jorge Eliécer. 2011. Déficit fiscal en USA y colapso en Europa, aceleran crisis en el 2012. Revista Eje 21. http://eje21.com.co/index.php?option=com_content&task=view&id=40600&Itemid=2. Fecha de consulta: 23/11/11. Todas las tablas son de elaboración propia, en base a datos obtenidos de páginas de  internet (agencias de noticias, diarios y revistas especializados), o datos citados por los autores mencionados a lo largo del texto. Una de las fuentes es Cuba Debate: http://mesaredonda.cubadebate.cu/noticias/2011/07/27/en-medio-crisis-economica-estados-unidos-mantiene-gasto-militar-en-mas-700-mil-millones-dolares/
[50] MORENO, Marco Antonio. 2011. La deuda pública de Estados Unidos desde 1790 hasta hoy, ¿qué hay de nuevo, viejo?. http://www.elblogsalmon.com/economia/la-deuda-publica-de-estados-unidos-desde-1790-hasta-hoy-que-hay-de-nuevo-viejo. Fecha de consulta: 23/11/11.
[51] Informe del Commonwealth Fund. Publicado en www.aporrea.org, 10/06/08.
[52]Víctor Wilches. 2006. La era del dominio unipolar de Estados Unidos declina aceleradamente. lunes, 18 de diciembre de 2006. http://www.elclarin.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=5080&Itemid=996.
[53]Jorge Beinstein. 2008. El hundimiento del centro del mundo. Estados Unidos entre la recesión y el colapso. www.aporrea.org.
[54]Walden Bello. 2008. Un capitalismo con tonos apocalípticos. http://www.pensamientocritico.org/walbel0408.html.        
[55]DilipHiro. 2007. La aparición de un mundo multipolar. www.rebelión.org.
[56]Ese imperialismo colectivo se ubica en el capitalismo occidental. Amin agrega otros dos focos de poder luego de 1945: la experiencia socialista, que colapsó en 1989-1991, y la experiencia nacionalista-antiimperialista que desarrollaron naciones del Tercer Mundo entre 1955-1975, incluyendo principalmente al nacionalismo árabe y los Países No Alineados. Samir Amin. 2000. La economía política del siglo XX. MonthlyReview.
[57] Según declaraciones del ex-presidente italiano Francesco Cossiga, los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes planificaron y ejecutaron los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, para acusar de terrorismo a los países árabes y así poder atacar Irak y Afganistán. http://www.corriere.it/politica/07_novembre_30/osama_berlusconi_cossiga_27f4ccee-9f55-11dc-8807-0003ba99c53b.shtml. Estas declaraciones fueron publicadas en español en www.rebelión.org.
[59] “China pide a EEUU que respete la soberanía de Pakistán”. Noticia aparecida el 21 de mayo de 2011, en: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=128834&titular=china-pide-a-ee.uu.-que-respete-la-soberana-de-pakistn-
[60] “A quienes en el curso de las guerras habían ascendido a altos cargos militares, el Estado, en recompensa a sus servicios, les otorgó tanto haciendas y hatos que habían sido confiscados a los realistas, como grandes extensiones de tierras baldías”. Salvador de la Plaza. El problema de la tierra. Volumen V. p.78.
[61] Es sabido que Bolívar y demás jefes patriotas tuvieron que decretar la libertad de los esclavos que se incorporaran a la lucha de independencia, y la igualdad de los ciudadanos ante la ley, como una forma de poder contrarrestar el poder que alcanzaron los realistas, con Boves a la cabeza, en 1814.
[62] El diario El Globo del 23/03/99 titulaba su primera página: “EEUU pide protección para inversionistas. El embajador Maisto presiona en Miraflores. El gran reto del gobierno es explicar lo que está pasando aquí, para dar todas las seguridades al inversionista, expresó el diplomático”.
[63] “Las compañías petroleras obraron en Venezuela, durante las primeras décadas de su dominación, como si estuviesen frente a un protectorado complaciente. Nuestro país, pese a tener un Estado, se asimiló al Irán o a cualquiera de las satrapías donde el petróleo gozó de ilimitadas ventajas” (Rangel, 1977: 30).

[64] Las economías de “enclave” implicaron la introducción en una economía dependiente precapitalista de una industria de extracción altamente tecnificada, pero desligada del resto de la economía interna, y vinculada fundamentalmente con el exterior (el petróleo en Venezuela, el cobre en Chile, etc.).
[65] Por bienes de capital se entiende a las máquinas, que permiten fabricar bienes de consumo o bienes intermedios, en general.
[66] La Ley de Hidrocarburos de 1943, que unificó toda la legislación petrolera y permitió una mayor participación del Estado venezolano en los frutos de la industria petrolera.
[67] El llamado “fifty-fifty”, que elevó hasta el 50 % la participación del Estado en la renta petrolera.
[68] La falta de nacionalismo de nuestra burguesía se reflejaba a fines de los 90, cuando se informaba sobre la existencia de depósitos bancarios de venezolanos en el exterior por el monto de 120 mil millones de dólares, casi 10 veces las reservas internacionales del país. No ha existido burguesía nacional, en sentido estricto. A nuestra burguesía jamás le ha interesado el desarrollo de la nación. Sólo le preocupan sus propias ganancias.
[69] Por sector terciario se entiende a la fase del ciclo económico que se ocupa de la distribución de bienes (el comercio) y de los servicios en general.
[70] Según datos de la CEPAL, entre 1980 y 1988 la deuda externa de América Latina, lejos de decrecer se duplicó de 221 a 410 millones de dólares. El aumento de las tasas de interés en los Estados Unidos coincidió con el descenso de los precios de las materias primas provenientes de los países subdesarrollados, lo que generó el estallido de la crisis de la deuda externa, al multiplicarse dicha deuda por efectos de la subida de intereses, y disminuir a la vez los ingresos de los países deudores.
[71] República Bolivariana de Venezuela. 2007.  Proyecto Nacional Simón Bolívar.  Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas (Venezuela).
[72] Quien fuera Ministro de Industrias Básicas del gobierno bolivariano.
[73] Chávez realizó en 2006 una campaña por la presidencia de la república enfatizando que votar por él significaba votar por una Venezuela socialista.
[74] Tomado del texto “La Nueva Ratio Productiva (por un modelo alternativo de desarrollo)”, cuyo autor es Roland Denis, 2003. Para ese momento, Denis era viceministro de Planificación.
[75] El desarrollo de cooperativas en los primeros años de gobierno de Hugo Chávez generó numerosas deformaciones en las mismas, debido a errores en su implementación, sobre todo por la deficiente formación teórico-práctica de las personas que asumieron la organización de las nuevas cooperativas. Junto a esto, muchas empresas privadas se disfrazaron de cooperativas para aprovechar los créditos del Estado y rehuir los derechos laborales de sus trabajadores. El resultado terminó siendo sumamente negativo, y hoy las cooperativas han dejado de jugar el papel central que tuvieron en el primer lustro de gobierno chavista.
[76] Comisión Presidencial para el ALCA. 2004. Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe. Principios rectores del ALBA. República Bolivariana de Venezuela. P.16.
[77]             El autor se refiere al caso mexicano.
[78] Luego del golpe de estado que derrocó a Manuel Zelaya en junio de 2009, Honduras se retiró del ALBA.
[79] La Jornada, 28 de septiembre de 2009. P.29.