lunes, 30 de marzo de 2026

 

LA LUCHA DE LOS TRABAJADORES POR EL SALARIO ES LA MISMA LUCHA POR RECUPERAR LA CONSTITUCIÓN Y LA DEMOCRACIA

 

            Roberto López Sánchez

 

El problema principal que se le plantea a la clase trabajadora venezolana, es que el nivel de destrucción de los derechos laborales y sociales que ha ejecutado el chavismo es tan grande, que su recuperación, al menos a los niveles de comienzos de siglo, costará mucho tiempo, siempre y cuando se fortalezca está unidad sindical y gremial que está surgiendo en Venezuela.

 

En los últimos meses, han surgido expectativas y esperanzas en el seno de los trabajadores venezolanos, referidas a que la actual dictadura tutelada de Delcy Rodríguez pueda emitir un decreto de aumento salarial para toda la administración pública. Opinamos que esas esperanzas son totalmente infundadas. La lucha histórica de la clase trabajadora mundial ha conquistado reivindicaciones ante el capital solo en base a su propio esfuerzo de movilización y organización.

 

No solamente el gobierno de Delcy es la continuidad exacta del anterior gobierno de Maduro, autor de la aniquilación total del derecho laboral en Venezuela, sino que por encima de Delcy se ha colocado la garra imperial de Donald Trump, cuyos intereses están a años luz de las aspiraciones de los trabajadores venezolanos, y en cambio buscan en nuestra patria, únicamente, el más descarado saqueo de nuestras abundantes riquezas naturales, como sus propios personeros lo dicen a diario sin ningún rubor.

 

Los derechos de los trabajadores sólo podremos recuperarlos los propios trabajadores. Aquí en Venezuela se aplicó, durante la última década, el más brutal programa económico neoliberal que haya visto y sufrido el pueblo latinoamericano. Nuestro país pasó en un solo viaje, de aprobar una avanzada ley laboral, en 2012, la LOTTT, a la conculcación de hecho de esos mismos derechos, mediante el Memorándum 2792 del ministerio del trabajo en 2018, el Instructivo Onapre de 2022, y el ejercicio de una represión brutal por parte del gobierno (ministerio del trabajo, cuerpos policiales y militares, poder judicial, fiscalía y defensoría, y muchas otras instituciones del Estado), que despidió, persiguió, amedrentó, chantajeó, detuvo, desapareció y condenó a decenas de dirigentes sindicales y gremiales que intentaron hacer valer los derechos que formalmente consagra nuestra Constitución y demás leyes.

 

Con la desaparición del salario, al reducirlo a menos de 0,25 dólares mensuales, el gobierno de Maduro, y ahora el de Delcy, destruyó todo el sistema de seguridad social que estaba consagrado en el artículo 86 de la CRBV. Al no existir el salario, que es la base de cálculo para determinar el financiamiento solidario que debía ser aportado por el Estado, por los patronos privados y por los trabajadores, toda la seguridad social desapareció, y los trabajadores perdimos la protección “en contingencias de maternidad, paternidad, enfermedad, invalidez, enfermedades catastróficas, discapacidad, necesidades especiales, riesgos laborales, pérdida de empleo, desempleo, vejez, viudedad, orfandad, vivienda, cargas derivadas de la vida familiar y cualquier otra circunstancia de previsión social”, que están consagradas en ese artículo 86.

 

El sistema de los “bonos”, y la entrega de bolsas de alimentos, son totalmente equivalentes al antiguo sistema de esclavitud que impuso el Estado Español durante los trescientos años de dominio colonial. La retribución del salario como producto del trabajo, que se generalizó en Venezuela durante el siglo XIX en la medida en que el país se integró al sistema capitalista mundial, lo desapareció Maduro, e impuso por la fuerza un régimen de esclavitud que apenas te aporta miserias para que el trabajador no se muera de hambre (aunque si te puedes morir de cualquier enfermedad simple, que no puedes tratarte por no existir el sistema de salud contemplado también en la constitución).

 

Maduro, en conjunto con Delcy, su vicepresidenta, y toda la alta dirigencia del PSUV y alto mando militar, aniquilaron derechos laborales y sociales que se habían conquistado desde hace casi un siglo, a partir de la huelga petrolera de 1936-37. Nos retrocedieron a los regímenes laborales del siglo XIX, e incluso, a lo que existió hasta 1854, la esclavitud como sistema de trabajo productivo.

 

Maduro-Delcy aplanaron toda la escala salarial de la administración pública. Hoy en Venezuela, un profesional con maestría y doctorado, obtiene un “ingreso” exactamente igual al que recibe un trabajador recién ingresado y sin mayor nivel educativo (menor a bachiller). No existe ningún tipo de incentivo material para que la ciudadanía estudie y se prepare para aportar a cualquier plan de desarrollo de la nación. Seas obrero raso, o seas doctor con varias especialidades, tus ingresos serán iguales. Iguales de bajos, porque la sumatoria de los bonos no llega en ningún caso ni a los 200 dólares, a pesar de que la canasta alimentaria familiar oscila entre los 600 y 700 dólares, y la canasta normativa está por el orden de los 1.500 dólares.

 

Esta política de salario cero y de destrucción del ingreso familiar, ha servido para desmantelar a la vez al sistema universitario, al generar una migración masiva de profesionales de muy alta calificación. En cualquier universidad latinoamericana, un profesor del más alto escalafón recibe un salario alrededor de los tres mil dólares, cuando aquí en Venezuela no recibe salario, y el “ingreso” o bonificación esclavista que instauró Maduro no llega a los 200 dólares. Más bien es milagroso que aún existan profesores universitarios en las instituciones públicas venezolanas.

 

Otro elemento que también desapareció con la política madurista de salario cero, fueron las cajas de ahorro, que funcionaron por décadas como instituciones de mutuo auxilio, organizadas por asociaciones de trabajadores para contribuir a las necesidades básicas del grupo familiar de cada trabajador. Teniendo en Venezuela una existencia de más de 80 años, en algunos casos, las cajas de ahorro funcionaron por décadas para resolver necesidades de las familias trabajadoras que generalmente eran de difícil solución al considerar los bajos ingresos salariales. Al desaparecer el salario, y con ello desaparecer cualquier posibilidad de ahorro para los trabajadores, Maduro aniquiló un mecanismo solidario que la misma clase trabajadora había consolidado en las distintas instituciones públicas y privadas de Venezuela.

 

La conclusión, que todo trabajador venezolano conoce y sufre desde hace años, es que la desaparición del salario y la abolición en la práctica del derecho laboral en Venezuela, retrotrajo al país al siglo XIX. Milton Friedman, si resucitara, iría hasta la cárcel donde tienen a Maduro para abrazarlo, porque logró destruir lo que él siempre se propuso. Maduro aniquiló todos los derechos que los trabajadores venezolanos conquistaron en el último siglo, y lo hizo, irónicamente, en nombre de su supuesto “socialismo”.

 

Si existe un logro histórico conquistado por el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), ha sido la implementación más brutal del modelo de flexibilización laboral que concibieron los teóricos neoliberales de los 70 y 80, logrando niveles de sobre explotación del trabajo que no había logrado el capitalismo mundial ni siquiera en las férreas dictaduras militares de esas décadas.

 

Yo no sé si esta salvaje conquista del PSUV pueda calificarse como crimen de lesa humanidad. Lo que sí puedo afirmar es que en los hechos ha sido una especie de “genocidio programado”, al dejar sin sustento a millones de ciudadanos de la tercera edad, que perdieron sus pensiones y jubilaciones al desaparecer el salario que las constituía, y quedar a la buena de dios ante cualquier contingencia de salud, que se presentan sin falta en todos los seres humanos a medida que van envejeciendo y entran en una situación en la cual ya no pueden seguir trabajando, aunque quieran, debido a las limitaciones físicas y mentales que comienzan a padecer.

 

El salario cero, la desaparición de las contrataciones colectivas, la aniquilación de toda la seguridad social, el despido de los trabajadores que luchan por sus derechos (despido, enjuiciamiento y condenas de largos años de cárcel, en muchos casos), es una facilidad que no la van a desperdiciar las grandes multinacionales, dueñas del mundo, al momento de venir a invertir en Venezuela.

 

Esta destrucción de derechos laborales y sociales son parte de las "ventajas comparativas" que ofrece actualmente Venezuela a los inversionistas gringos y de cualquier otro país.

 

Sólo la lucha de los trabajadores recuperará el salario como derecho constitucional, y demás derechos sociales que se supone consagra nuestra Constitución.

 

Contar con los gringos para recuperar estos derechos, es pura ilusión. Acaso aceptarán un mínimo salarial para buscar contener la migración de trabajadores hacia USA y América Latina (porque de hecho, la migración continúa, no se ha detenido).

 

Por eso es que esta unidad sindical y gremial que estamos construyendo en Venezuela, debe seguir actuando, aún si llegase a caer el gobierno de Delcy (por elecciones u otra causa), y asumiera un gobierno opositor.

 

En todas partes del mundo, los trabajadores se representan a sí mismos, y no esperan que las dádivas de otras fuerzas sociales sean las que mejoren sus condiciones de vida y de trabajo, y las de sus familias.

 

Vaya todo nuestro respaldo al Acuerdo Sindical Unitario que se logró el pasado mes de diciembre entre todas las centrales de trabajadores independientes (distintas a la oficialista CBST), es decir, entre la CTV, CUTV, UNETE, CGT, CODESA y ASI, acuerdo que ha impulsado las significativas jornadas de protesta laboral desarrolladas en todos los estados del país los días 26 de febrero, 12 y 23 de marzo, y que en este momento cuenta con la participación de más de 200 organizaciones sindicales en todo el país.

 

Se ha introducido ante el Ministerio del Trabajo y ante la Asamblea Nacional un pliego de peticiones que resume el diagnóstico y la caracterización que el movimiento de trabajadores de Venezuela tiene sobre esta profunda crisis laboral que vivimos, y que exige principalmente (https://bitacoraeconomica.com/trabajadores-y-sindicatos-consignaron-pliego-de-exigencias-salariales/) (https://lis-isl.org/es/2026/02/pliego-de-exigencias-legitimas-de-los-trabajadores-a-los-organos-del-poder-publico-de-venezuela/) :

 

·         Restitución del salario como remuneración del trabajo, a partir del art. 91 de la CRBV, que permita cubrir el costo de la canasta básica familiar.

·         Restablecer la discusión de las contrataciones colectivas de trabajo.

·         Libertad plena e inmediata de todos los trabajadores que permanecen detenidos.

·         Derogar las leyes que han servido para criminalizar las luchas de los trabajadores, como la Ley contra el odio, ley Simón Bolívar y decreto de conmoción exterior.

·         Dejar sin efecto el Memorandum 2792 y el Instructivo Onapre.

·         Cesar toda persecución contra la actuación de sindicatos y dirigentes que hagan valer los derechos contemplados en la Constitución y las leyes.

 

Como integrante del Comité Nacional de Conflicto – Trabajadores en Lucha (CNC-TL), principal espacio de unidad sindical nacional que promueve este renacer de la lucha laboral en Venezuela, comprometemos nuestro esfuerzo, desde nuestra condición de representante de la Asociación de Profesores de LUZ ante la Federación Nacional FAPUV, y desde la UNASSG (Unión Nacional de Acción Social, Sindical y Gremial del Zulia), en nuestra condición de Coordinador Gremial.

 

¡¡ POR LA CONQUISTA DE UN SALARIO DIGNO  ¡¡

 

¡¡ LA LUCHA DE LOS TRABAJADORES APENAS COMIENZA ¡¡

 

Maracaibo, Tierra del Sol Amada. 29 de marzo de 2026.