martes, 7 de febrero de 2023

 

EL PROCESO CHAVISTA: UN ANÁLISIS HISTÓRICO COMPARATIVO[1]

THE CHAVISTA PROCESS: A COMPARATIVE HISTORICAL ANALYSIS

RESUMEN

El ensayo realiza un análisis histórico comparativo entre el denominado “Proceso Chavista” y los anteriores cuatro grandes procesos de transformación sociopolítica que se han suscitado en Venezuela desde la época de la Independencia. Se consideran aspectos fundamentales como: las causas de la quiebra de la estructura de dominación colonial durante la guerra de independencia. Los rasgos democráticos e igualitarios que se generaron en la sociedad venezolana a partir de ese proceso de independencia. La participación popular en la independencia y en todos los procesos de cambio sociopolítico posteriores. Las transformaciones políticas implementadas en esos grandes procesos de cambio histórico. La reiterada alianza cívico-militar progresista suscitada a lo largo del siglo XX. Las reiteradas traiciones que cada grupo revolucionario ejecuta contra su proyecto transformador, luego de consolidarse en el poder. Los procesos de conformación de las nuevas élites. Los períodos de regresión política y sus características. Se concluye definiendo las características principales de la gestión política de Hugo Chávez - Nicolás Maduro; y a la vez se formulan tendencias posibles de desarrollo histórico introduciendo un análisis prospectivo.

Palabras clave: igualitarismo social, participación popular, alianza cívico-militar, revolución política, regresión política.

ABSTRACT

The essay makes a comparative historical analysis between the so-called "chavista process" and the previous four great processes of socio-political transformation that have taken place in Venezuela since the time of Independence. Fundamental aspects are considered, such as: the causes of the breakdown of the structure of colonial domination during the war of independence. The democratic and egalitarian features that were generated in the Venezuelan society from that independence process. The popular participation in the independence and in all the subsequent processes of socio-political change. The political transformations implemented in those great processes of historical change. The reiterated progressive civil-military alliance throughout the 20th century. The also reiterated betrayals that each revolutionary group executed against its transforming project, after consolidating power. The processes of conformation of the new revolutionary elites. The periods of political regression and their characteristics. It concludes by defining the main characteristics of the political management of Hugo Chávez - Nicolás Maduro; and at the same time, possible tendencies of historical development are formulated, introducing a prospective analysis.

Key words: social egalitarianism, popular participation, civil-military alliance, political revolution, political regression.

 

 

INTRODUCCIÓN

El objetivo de este ensayo es exponer un análisis comparativo entre lo que ha sido el período de gobierno de lo que llamaremos “Chavismo”[2] y el proceso histórico venezolano a partir de la independencia. Durante siglos, los científicos sociales han intentado establecer regularidades y diferencias en los procesos históricos de las distintas culturas y los distintos espacios geográficos. John Stuart Mill (citado por Maier, 1993: 12) distingue “el método de la diferencia”, que busca establecer las variables diversas en situaciones semejantes, que explicarían los aspectos diferentes en los procesos históricos estudiados, y el “método de la concordancia”, que busca distinguir aspectos comunes en contextos diferentes, que son capaces de provocar fenómenos paralelos.

Como ejemplo del primero, Maier menciona el estudio comparativo que realizó Alexis de Tocqueville sobre el desarrollo de la democracia en los Estados Unidos y en Francia. Como representantes del segundo método, sus más destacados representantes serían Carlos Marx y Max Weber, entre los que buscaron una explicación del desarrollo histórico y una descripción sociológica general (Maier, 1993).

Marx dice en las primeras líneas de su obra “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como comedia” (Marx, 1951). Aquí Marx compara la figura de Napoleón Bonaparte (la tragedia) con la de su sobrino Luis Bonaparte (la comedia). Este análisis comparativo sobre distintos personajes (y sus circunstancias) que se presentan a través del tiempo en un mismo proceso histórico nacional, es el que hemos desarrollado en este ensayo.

Aunque uno de los objetivos de la historiografía comparada es descubrir regularidades o reglas de desarrollo, no pretendemos concluir en una vision cíclica de la historia venezolana, como tampoco consideramos que el proceso nacional se haya realizado de manera desvinculada de los acontecimientos continentales y mundiales, como advierte el historiador británico John Elliot al cuestionar los estudios históricos exclusivamente nacionales (citado por Caballero Escorcia, 2015).

La historia de Venezuela tiene, no obstante, sus especificidades, y no considerarlas al momento de explicar los acontecimientos suscitados en las tres últimas décadas puede conducir a conclusiones erróneas o a explicaciones insuficientes sobre el actual proceso “Chavista” o “Bolivariano”. Pretendemos aquí aportar en ese estudio comparativo de nuestra historia.

 

LOS CINCO REYES DE LA BARAJA[3]

La historia republicana de Venezuela ha tenido cinco grandes procesos de transformación sociopolítica, que la distinguen cualitativamente del resto de países del continente americano. Estos procesos de transformación sociopolítica serían:

1.      La propia Guerra de Independencia, como revolución social, y el subsiguiente período hegemónico de los generales de la independencia: 1824-1863. En el cual José Antonio Páez ocupa el lugar más destacado.

2.      La llamada Guerra Federal (1859-1863) y el subsiguiente período hegemónico de los generales federalistas: 1863-1899. En el cual Antonio Guzmán Blanco fungió como líder principal.

3.      La llamada Revolución Andina, y el subsiguiente período hegemónico de los andinos en el poder: 1899-1945. En dónde la figura central es la de Juan Vicente Gómez.

4.      La denominada Revolución Democrática, y el subsiguiente período hegemónico de los partidos democráticos constituidos a partir de la “Generación del 28”: 1945-1948 y 1958-1999. En el cual Rómulo Betancourt destaca como el liderazgo fundamental.

5.      La llamada “Revolución Chavista” o “Bolivariana”, y el período hegemónico entre 1999 y el presente (2022). En la cual resalta la figura de Hugo Chávez como líder fundamental.

Estos cinco procesos no se desarrollaron de manera lineal. Tuvieron sus respectivas crisis, y a lo largo de ellos se manifestaron derrocamientos y posteriores regresos al poder. Sin embargo, consideramos que esos períodos o intervalos donde otras fracciones políticas ocuparon el poder no constituyen impedimento significativo para determinar los mencionados cinco grandes procesos de cambio sociopolítico.

LA QUIEBRA DE LA ESTRUCTURA DE DOMINACIÓN COLONIAL DURANTE LA INDEPENDENCIA

La causa fundamental de que nuestra historia republicana se haya desarrollado de esta forma se encuentra en la Revolución Social que caracterizó los primeros cinco años de la Guerra de Independencia. Como es sabido, esa primera etapa de la independencia fue una “Guerra Civil”, como bien lo caracterizó Laureano Vallenilla Lanz en 1911[4].

Esta guerra civil, que enfrentó a dos grandes ejércitos de venezolanos, ocurrió por dos razones fundamentales:

1)      La clase social que declaró la independencia fueron los denominados “Mantuanos”, blancos criollos terratenientes-esclavistas, cuya expresión de influencia política eran los Cabildos. Esa declaración de independencia en 1810-1811 no incluía ningún tipo de “alianza de clase” con el grupo social mayoritario[5], los llamados Pardos[6], y la prueba principal de la exclusión de ellos del proyecto de independencia que se intentó entre 1810 y 1814 es que en el Congreso Constituyente de 1811 no había ningún representante de los pardos. El proyecto de independencia contenido en la Constitución de 1811 tampoco incluía la libertad de los esclavos. Básicamente el objetivo de los mantuanos era aniquilar el dominio español y darle continuidad al sistema productivo esclavista agroexportador que había sido implantado por España tres siglos antes.

2)      Los representantes del imperio español en Venezuela, estando plenamente conscientes del punto anterior, agitaron y movilizaron a la población de pardos y de esclavos para que combatieran contra sus opresores directos, los blancos criollos terratenientes y esclavistas. El éxito de esta política española condujo a la derrota de la Primera República (1811-1812) y de la Segunda República (1813-1814). La principal expresión triunfante de esta sabia estrategia española fue el ejército de llaneros y esclavos que al mando de José Tomás Boves[7] pulverizó a las fuerzas patriotas encabezadas por Simón Bolívar entre 1813 y 1814[8]. La guerra social que encabezó Boves se expresó en el aniquilamiento físico y expropiación territorial de la clase mantuana terrateniente-esclavista en las regiones en las cuales se manifestó la guerra (principalmente la zona llanera central y oriental, y la zona norte costera central y oriental). Según observadores de la época, los españoles en el ejército de Boves constituían el 0,5 %, y el resto eran principalmente pardos y esclavos venezolanos (Uslar, 1962: 97).

LOS RASGOS DEMOCRÁTICOS E IGUALITARIOS QUE SE INTRODUJERON DESDE LA INDEPENDENCIA

Las consecuencias de esta guerra civil se manifestaron de manera inmediata al obligar cambios trascendentales en la estrategia patriota, pero tuvieron también posteriores repercusiones a todo lo largo del período republicano, hasta el presente:

·         Bolívar y demás jefes patriotas modificaron radicalmente el proyecto independentista original, planteando una “alianza de clases”, que se reflejaron en los decretos bolivarianos de la Expedición de Los Cayos, en 1816, en los cuales se decretó primero la liberación de los esclavos que se incorporaran al ejército patriota, y posteriormente la liberación de los esclavos del yugo de la esclavitud como tal (aunque esto último no se ejecutara casi en ninguna parte); y se establecía de igual forma la igualdad de los ciudadanos ante la ley, principal reivindicación de los pardos (Ramos Guédez, 2016). En términos históricos, las grandes mayorías populares alcanzaron durante nuestra independencia una categoría de actores sociales relevantes que nunca habían tenido durante el período colonial[9].

·         En esta estrategia patriota parece haber jugado un papel muy destacado José Antonio Páez, quien a diferencia de los jefes patriotas provenientes del mantuanaje[10], buscó incorporar al ejército patriota a los llaneros capturados en las numerosas victorias militares que tuvo a partir de 1816, dándoles un buen trato durante su captura, liberándolos posteriormente y dejándolos regresar a sus pueblos[11]. Páez menciona en su autobiografía que la gran mayoría de esos llaneros capturados y posteriormente liberados regresaban a pedir incorporación al ejército patriota. El más conocido de esos llaneros que primero combatieron en el bando español y luego en el ejército patriota fue Pedro Camejo, el “Negro Primero”, uno de los héroes de la Batalla de Carabobo, en 1821.

·         La capacidad militar de ese ejército patriota de llaneros que conformó Páez lo expresó el propio Mariscal Pablo Morillo en una carta de 1817 que le dirige al rey de España comentando su derrota en la Batalla de Mucuritas. Allí es cuando Morillo le dice al Rey “usted me da 100 mil llaneros y me paseo por Europa en su nombre”, al referirse a las “catorce cargas consecutivas” de caballería que su ejército sufrió en Mucuritas (Páez, 1878: 126), proeza que le hizo modificar radicalmente su percepción inicial de que las fuerzas militares patriotas eran una montonera fácil de derrotar.

·         Ese ejército de llaneros conformado por Páez, en base a la estrategia bolivariana de incorporar a los esclavos y pardos al ejército patriota, fue el que posteriormente derrotó una y otra vez al ejército profesional español desembarcado por Morillo en 1815, en Boyacá, en Carabobo, en Pichincha, en Junín, en Bomboná y finalmente en Ayacucho, expulsando al imperio español del territorio continental suramericano, una proeza militar pocas veces vista en la historia mundial.

·         La participación en las filas patriotas de oficiales provenientes de los grupos sociales oprimidos (pardos y esclavos). Esta conformación popular del ejército venezolano lo diferenció de los otros ejércitos patriotas conformados durante la guerra de independencia en toda Hispanoamérica, característica que se ha mantenido en los últimos 200 años.

·         Pero las consecuencias de lo anterior no se limitan a nuestras fuerzas armadas. La aniquilación física de los blancos mantuanos ejecutada durante la guerra civil inicial, y la misma pérdida física de numerosos líderes militares y civiles mantuanos debido a la larguísima guerra de independencia (1810-1824), unido a la ruina económica de buena parte de ese núcleo mantuano que declaró la independencia en 1810-1811, debilitó considerablemente a esa clase social dirigente que por 300 años había encabezado (bajo dominio español) la sociedad colonial en Venezuela. Aunado a este debilitamiento de los mantuanos, el peso específico enorme que adquirieron los generales triunfantes en la independencia (sobre todo Páez, que no era mantuano), y la influencia general de un ejército popular de “pardos y negros” (Lombardi, 2019), que era el héroe fundamental de la victoria republicana, contribuyeron a una democratización política-cultural de la sociedad venezolana, a la expansión y permanencia en el tiempo de un espíritu igualitarista que nos diferencia radicalmente del resto de sociedades latinoamericanas (Pérez Arcay, 1977).

·         En el resto de los países de Suramérica, las élites blancas de terratenientes-esclavistas que se constituyeron como clase dominante durante los 300 años de dominio colonial español, fueron las que continuaron en el poder una vez alcanzada la condición de repúblicas independientes. En el resto del subcontinente, existió continuidad en esa dominación. Allí no se produjo ni la democratización social ni el espíritu igualitarista que se consolidó en Venezuela luego de la independencia (Halperin-Donghi, 1972).

·         En Venezuela no fue posible recomponer la estructura de dominación colonial rota debido al huracán de revolución social que significó la Guerra de Independencia[12]. Existieron esfuerzos relevantes en esa dirección. Historiadores como Catalina Banko y Federico Brito Figueroa han resaltado los intentos que realizó el capital inglés para desplazar a los militares patriotas del control del país, tratando de imponer a un civil representante de ese mantuanaje desplazado, José María Vargas, en 1835 (Banko, 1996) (Brito Figueroa, 1987). El mismo Vallenilla Lanz destaca cómo después de la victoria de Carabobo regresaron a Venezuela destacados mantuanos que no estando de acuerdo con el proyecto de independencia abandonaron el país en los primeros años de la guerra (uno de ellos el propio Vargas), mantuanos que deben haber influido en el entorno de Páez para la ruptura de éste con Bolívar y el abandono del proyecto de integración continental que se intentó con la Gran Colombia y con el Congreso de Panamá.

·         Aunque la esclavitud se mantuvo durante 30 años más después de la independencia (hasta 1854), y la igualdad de los ciudadanos también fue escamoteada en la constitución de 1830 (que estableció un sistema electoral exclusivo para los poseedores de rentas), la Venezuela que surgió de la independencia era muy distinta a la que se había conformado durante los 300 años de colonización española. En términos políticos el poder ya no descansaba en una clase mantuana muy debilitada por la guerra. La misma guerra sirvió para construir una nueva clase terrateniente fundada en el reparto de propiedades a los generales y altos oficiales de la independencia. Los privilegios sociales y políticos derivados del color de la piel y la “pureza de sangre” tendieron a desaparecer. Los mismos términos de división racial, como pardo, mulato y zambo, fueron execrados de hecho del lenguaje popular.

LA PARTICIPACIÓN POPULAR COMO FACTOR DECISIVO DE LOS CAMBIOS POLÍTICOS EN VENEZUELA

Una constante de nuestra historia desde la independencia se expresa en la masiva participación popular como factor determinante de los cambios políticos que permiten desplazar a la élite gobernante anterior (López Sánchez, 2015: 11). Ya analizamos cómo el programa asumido por Bolívar luego de la derrota militar ante Boves en 1814, al ofrecer “la libertad y la igualdad” (libertad para los esclavos e igualdad para los pardos), permitió la masiva incorporación de llaneros y otros sectores populares al ejército patriota, favoreciendo así la construcción de una considerable y efectiva fuerza militar que volvió añicos al imperio español en tierras suramericanas.

Esta masiva participación popular volvió a manifestarse al estallar la Guerra Federal en 1859, atraídos los campesinos por las consignas anti-latifundistas y democráticas enarboladas por Ezequiel Zamora.

La revolución democrática que comienza a manifestarse en el siglo XX tendrá también como factor decisivo la masiva participación popular en jornadas como el 18 de octubre de 1945 y el 23 de enero de 1958.

Hay que destacar que en estas expresiones de participación popular ocurrieron varias rebeliones o alzamientos populares espontáneos que han dado características específicas a la población de Caracas. En el siglo XIX destacan la movilización a favor de Antonio Leocadio Guzmán en 1844, cuando el pueblo rodea el tribunal donde era juzgado Guzmán por sus críticas al gobierno en el periódico El Venezolano (García Ponce, 1982); y la movilización en torno a la embajada de Francia en 1858 cuando es derrocado el gobierno de José Tadeo Monagas (Herrera Luque, 1991).

En el siglo XX ocurre la enorme protesta popular del 14 de febrero de 1936, como respuesta a la represión policial que ese mismo día había asesinado a varios ciudadanos en el centro de Caracas (Díaz Rangel, 1998). La insurrección espontánea del 22-23 de enero de 1958, que contribuyó a la rápida caída de la dictadura. Y la más relevante de todas, la rebelión conocida como El Caracazo, entre el 27 de febrero y el 3 de marzo de 1989, que sacó a las calles a cientos de miles de ciudadanos descontentos con la democracia punto-fijista, y que originó la más grande masacre de nuestra historia republicana (Barrios-Ferrer, 1990)).

Sobre todos estos procesos de masiva participación popular se montaron liderazgos que de alguna manera interpretaron el descontento social y formularon programas de transformación, aunque muchas de esas reivindicaciones populares hayan sido escamoteadas posteriormente por la gran mayoría de esos líderes.

CADA REVOLUCIÓN COMIENZA DE CERO Y REALIZA ALGUNAS TRANSFORMACIONES

El no cumplimiento del programa fundamental que movilizó a esclavos y pardos a favor de la independencia, es decir, la libertad de los esclavos y la igualdad de los ciudadanos ante la ley, será el origen de numerosas rebeliones populares que se escenificarán en las primeras décadas de la República. Destacando la rebelión campesina liberal de 1846-1847 encabezada por Ezequiel Zamora y Francisco Rangel. Hasta que ocurre el estallido de la gran Guerra Federal (1859-1863), iniciada por el mismo Zamora, que terminó de desplazar a los generales de la independencia del poder, y una nueva elite política, con un programa de claro contenido popular, asciende al poder por las siguientes cuatro décadas.

“Tierra y hombres libres” y “horror a la oligarquía” son las consignas que enarbola Zamora y que van a movilizar durante cinco años al campesinado venezolano, enfrentando a la nueva oligarquía terrateniente que se había conformado en torno a Páez y el resto de los generales de la independencia (Pérez Arcay, 1977). Aunque Zamora muere al iniciarse la guerra federal, y quienes terminan dirigiendo el bando federalista no asumían ese contenido claramente popular que le imprimió a la guerra el “general de hombres libres”, la llegada al poder de los federalistas significará el desplazamiento de toda la elite independentista[13] y propiciará el nacimiento de una nueva burguesía.

En realidad, la llegada al poder de los federalistas no puede tomarse como un simple cambio de élites en el poder. Cada nuevo grupo dominante enarboló en su momento importantes consignas de transformación social, y algunas de ellas se ejecutaron. A manera de ejemplo, aunque no hemos realizado un estudio detallado de la influencia religiosa en la historia republicana de Venezuela, sí nos llamó la atención, hace algunos años, el contraste entre la juramentación ante la biblia de Evo Morales en Bolivia y de Néstor Kirchner en Argentina, respectivamente, y la juramentación de Hugo Chávez sobre la constitución nacional en febrero de 1999, grandes diferencias que nos separan del resto de América Latina.

Por ejemplo, Guzmán Blanco estableció el Registro Civil, el matrimonio civil y la realización de censos no eclesiásticos en la década de 1870, eliminando la influencia religiosa que hasta ese momento había prevalecido (Carrera Damas, 1985). En concordancia con eso, Guzmán expulsó de Venezuela a todas las órdenes religiosas, las cuales no regresaron hasta varias décadas después. También Guzmán decretó la educación primaria pública, gratuita y obligatoria (aunque poco pudo aplicarse este decreto mientras existió un estado en permanente crisis económica, como ocurrió en todo el siglo XIX, hasta la aparición del petróleo entrado el siglo XX). Nuestro estado laico deriva de las revoluciones del siglo XIX, mientras en países como Chile y Colombia, predominó el matrimonio eclesiástico hasta fechas muy recientes (no había divorcio en Chile hasta 2004 y en Colombia hasta 1992; el divorcio en Venezuela data de 1904. Otro elemento de la influencia guzmancista fue que la duración de los períodos presidenciales fue reducida a dos años (entre 1874 y 1891) para intentar acallar y controlar las pugnas caudillistas por el ejercicio del poder, medida que no permitió el objetivo que buscaba y que fue revertida por la constitución de 1891 que volvió a establecer el período presidencial a 4 años (Brito Figueroa, 1987).

Otro ejemplo significativo referente a los logros históricos de los grupos que han alcanzado el poder en cada proceso “revolucionario” lo podemos ver en las conquistas del llamado “Trienio Adeco” (1945-1948). La Constitución Nacional aprobada en 1947 reconoció derechos laborales de gran significación como el derecho a organizar sindicatos, la estabilidad en el trabajo de los directivos sindicales, el derecho a contratación colectiva y el derecho a huelga. Téngase en cuenta que los derechos laborales, en los países occidentales, son propios de reglamentos del trabajo y no aparecen en la constitución del respectivo país. Venezuela fue el segundo país de América, después de la Constitución de Querétaro, en México (aprobada en 1917), que incorporó derechos de sus trabajadores en la propia carta magna nacional, (López Sánchez, 2017: 123)

En este trienio de gobierno del partido Acción Democrática[14], el número de sindicatos en el país se cuadruplicó, pasando de 215 en 1945 a 1053 para noviembre de 1948. Las negociaciones colectivas aumentaron de 227 en 1946 a 575 en 1947; durante el primer semestre de 1948 se firmaron 261 contratos colectivos. En este período se creó el Ministerio del Trabajo (dirigido por Raúl Leoni), que antes formaba parte del ministerio de comunicaciones. Si bien desde el gobierno se favoreció abiertamente a los sindicatos adecos y se obstaculizó la creación de sindicatos comunistas, de manera general el trienio adeco sirvió para fortalecer organizativa y legalmente un movimiento obrero que comenzó a actuar como factor relevante de la política nacional.

La principal conquista del trienio adeco fue la consagración constitucional del sufragio universal, permitiendo el voto directo y secreto de mujeres y analfabetos, mayores de 18 años, para elegir al presidente de la República. Una de las consignas fundamentales de la independencia, la “igualdad” (de los ciudadanos ante la ley), se conquistaba más de 120 años después de Carabobo.

Otro dato interesante referido a las conquistas de la “revolución democrática” se encuentra en la ampliación del sistema universitario. Para 1957, último año de la dictadura militar, la cantidad de estudiantes universitarios en todo el país apenas llegaba a 10.000. Para 1981, un poco más de dos décadas de gobiernos democráticos, el número de estudiantes se había multiplicado más de treinta veces (331.115 estudiantes universitarios) (López, 2007: 47). Tengamos presente que Hugo Chávez se jactaba de haber multiplicado por cuatro el número de estudiantes universitarios, de 600.000 en 1998 a 2.500.000 en su primera década de gobierno. Pero multiplicar el número de estudiantes 33 veces es muy superior a aumentarlo 4 veces.

El desplazamiento de la élite política en el poder, y con ello el desplazamiento de la precaria burguesía de una o dos generaciones constituida al amparo de esa élite política, se repetirá en cada uno de los procesos de cambio sociopolítico que mencionamos al comienzo de este trabajo.

Cada “revolución” política en Venezuela ha significado el volver a comenzar de cero. Desde la ruptura de la estructura de dominación colonial, la burguesía occidental no logró recomponer una clase burguesa lo suficientemente sólida como para mantenerse en el poder más allá de 30-40 años. Podemos afirmar con propiedad que en Venezuela no existe una burguesía criolla como tal, si la comparamos con las burguesías latinoamericanas que dominan el resto de los países del continente desde la época colonial.

Cada grupo que llegó al poder constituyó su propia burguesía. Así ocurrió con Páez, con Guzmán, con Gómez, con Betancourt, y ahora con Chávez-Maduro.

Otra característica común de cada “revolución política” es su llegada al poder por la fuerza de las armas. El único grupo que llegó por medios pacíficos y constitucionales fue Chávez. Todos los demás recurrieron a alzamientos insurreccionales que les permitió derrocar al grupo dominante.

Cada grupo de caudillos o eran militares con importantes triunfos militares, como Páez, Guzmán y Gómez, o construyeron una importante influencia en los sectores militares, como Betancourt y Chávez.

LA ALIANZA CÍVICO-MILITAR ENTRE GRUPOS DE IZQUIERDA Y MILITARES PROGRESISTAS COMO CONSTANTE DEL SIGLO XX

La conspiración militar encabezada por Hugo Chávez que se manifestó el 4 de febrero de 1992 representó una nueva expresión de un fenómeno político que se desarrolló en Venezuela desde la misma dictadura gomecista.

La rebelión militar del 7 de abril de 1928, dirigida por oficiales medios del ejército, descontentos con la dictadura, incluía a la vez una alianza política con dirigentes sociales del medio estudiantil universitario[15] y de las pocas organizaciones obreras existentes en Caracas. Esta rebelión representó el primer alzamiento propiamente urbano en una Venezuela que se había transformado en su composición social a partir de la industria petrolera, dejando atrás las rebeliones campesinas o alzamientos provenientes de la periferia agraria que caracterizaron a todo el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Aunque este alzamiento fracasó, y no tuvo mayores repercusiones en la estabilidad de la dictadura, significó una primera expresión de convergencia política entre militares y civiles con un programa democrático de transformación social.

La alianza entre militares “progresistas” y partidos o líderes de “izquierda” se volvió a suceder en la conspiración que derrocó al último presidente andino, Isaías Medina Angarita, el 18 de octubre de 1945. En este caso, entre el partido Acción Democrática, el cual tenía un claro perfil nacionalista y antiimperialista (aunque a la vez deslindado del comunismo) y mandos medios de las fuerzas armadas, formados en la Academia Militar, que deseaban quitar del medio a los viejos generales de montoneras que provenían del gomecismo.

El derrocamiento de Medina no significó un simple golpe de estado. La Junta Revolucionaria de Gobierno procedió a convocar en pocos meses a una Asamblea Constituyente, la cual consagró importantes logros democráticos por los cuales el pueblo venezolano había luchado desde la independencia. La radicalización progresiva del nuevo gobierno hegemonizado por el partido Acción Democrática, y la influencia perniciosa de la embajada de los Estados Unidos y de las compañías petroleras extranjeras, originó la ruptura de esa alianza cívico-militar y provocó el golpe militar del 24 de noviembre de 1948, que tuvo características de las conspiraciones similares que en toda Latinoamérica han promovido los Estados Unidos para derrocar a gobiernos progresistas, nacionalistas y de izquierda.

Nuevamente se manifestó la convergencia de militares con fuerzas políticas de izquierda en varios intentos insurreccionales que se suscitaron a lo largo de la dictadura militar entre 1948-1958. Como el intento fracasado de alzamiento en la Base Aérea de Palo Negro (Maracay) en 1952, el cual fue impulsado desde la clandestinidad por Acción Democrática y militares afines a ese partido. Este acercamiento entre fuerzas militares y partidos de izquierda finalmente derrocó a la dictadura en los alzamientos del 1° y el 23 de enero de 1958, abriendo un período de 40 años de gobiernos “democráticos” constituidos en base al llamado “Pacto de Punto Fijo”, entre los partidos AD, COPEI y URD[16], que generó un gobierno aliado a los intereses de los Estados Unidos, excluyendo al partido comunista[17].

La deriva autoritaria y pro-estadounidense del gobierno de AD electo en diciembre de 1958 (con su candidato y principal líder Rómulo Betancourt) generó una nueva alianza cívico-militar de izquierda que se expresó en los alzamientos militares de Carúpano y Puerto Cabello, en mayo y junio de 1962. Esta alianza se conformó entre los partidos PCV (Partido Comunista de Venezuela) y MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) con numerosos oficiales medios, afines a esos partidos o con visiones progresistas y nacionalistas dentro de las fuerzas armadas venezolanas. Se constituyeron en la clandestinidad el Frente de Liberación Nacional (FLN) y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), con representantes de ambos partidos y de los oficiales rebeldes. Uno de los más relevantes comandantes del FLN-FALN fue el coronel Juan de Dios Moncada Vidal. Esta alianza cívico-militar llevó también a la incorporación de oficiales rebeldes de las fuerzas armadas a los frentes guerrilleros que en todo el país se organizaron en el primer lustro de los 60.

Finalmente, esta alianza cívico-militar volvió a concretarse históricamente el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, cuando Hugo Chávez y otros oficiales de los cuatro componentes de las FAN se vincularon a dirigentes de la izquierda venezolana para impulsar esos alzamientos, los cuales, aun fracasando, impactaron profundamente en la estabilidad de la democracia puntofijista, la cual terminó hundiéndose seis años después, aunque por vías electorales.

El alzamiento de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992

 no fue un rayo en cielo despejado. Representó históricamente una cultura política originada desde la independencia, por la conformación popular de nuestras fuerzas armadas, y al mismo tiempo una alianza entre fuerzas políticas de izquierda y mandos medios progresistas de las fuerzas armadas, que se manifestó reiteradamente en los momentos de crisis política a lo largo del siglo XX venezolano.

CADA NUEVA ELITE EN EL PODER TERMINA TRAICIONANDO SU PROGRAMA ORIGINAL

Una característica común presente en cada uno de estos grupos es el alejamiento de su programa original durante el ejercicio del poder, degenerando hacia lo mismo que criticaron a la oligarquía anterior. De las consignas antiimperialistas se pasó en poco tiempo a la alianza con los mismos imperialismos.

Un ejemplo resaltante lo constituye Juan Vicente Gómez. Como se sabe Gómez, como ministro de guerra y marina de Cipriano Castro, fue el que derrotó militarmente a la llamada “Revolución Libertadora”, guerra civil promovida y financiada por las multinacionales[18] con el objetivo de derrocar a Castro. Es decir, Gómez actuó como líder nacionalista y antiimperialista, como ministro de un gobierno que llegó a tomar algunas medidas relevantes como la moratoria de la deuda externa y la expropiación de algunas empresas extranjeras, derrotando al intervencionismo del capital foráneo. Para luego, en 1908, derrocar al propio Castro con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos.

Otra manifestación de esas volteretas escenificadas en nuestra historia republicana es el caso de Rómulo Betancourt. Como es sabido, el derrocamiento del presidente adeco Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de 1948 fue antecedido por un ultimátum escrito entregado a Gallegos por el alto mando militar, y cuyo primer punto era la expulsión inmediata de Rómulo Betancourt del territorio nacional. Detrás de ese ultimátum militar estaba una conspiración orquestada desde el gobierno de los Estados Unidos, y la causa principal era la amenaza “comunista” que se encubría a lo interno del partido Acción Democrática (Catalá, 2008).

Betancourt pasó de ser considerado como el enemigo número uno de los intereses yanquis en Venezuela, a ser el artífice en 1958 del Pacto de Punto Fijo que implicaba un acuerdo general con el gobierno de los Estados Unidos para gobernar a Venezuela excluyendo a los comunistas.

EL PROCESO DE CONFORMACIÓN DE LAS NUEVAS ELITES “REVOLUCIONARIAS”

De los cinco procesos de cambio sociopolítico en Venezuela, el que se inició con mayores debilidades en cuanto a la maduración de una élite política de vanguardia con un programa de cambios más o menos definido, ha sido precisamente el chavismo.

La revolución social de independencia consolidó una élite de mandos militares curtidos en la larga guerra emancipadora, con una muy grande influencia social en todo el país, que les facilitó acceder al poder en las décadas siguientes al nacimiento de la República. El programa enarbolado por Bolívar, como la política de integración hispanoamericana y los derechos ciudadanos (incluyendo la abolición de la esclavitud), en un marco de estado liberal, fue rápidamente dejado de lado. Se impuso una nueva alianza comercial con las principales potencias capitalistas, comenzando por Inglaterra y Francia, y la rápida sustitución de la vieja oligarquía terrateniente mantuana por una nueva oligarquía terrateniente surgida de los generales victoriosos de la independencia.

El desarrollo de la guerra federal tuvo que ver con el liderazgo madurado a través del Partido Liberal, fundado en 1840 por Antonio Leocadio Guzmán y principal fuerza opositora a la oligarquía paecista. Tanto Ezequiel Zamora, como Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco eran los líderes fundamentales de ese partido liberal para 1859.

La llegada de los andinos en 1899 hay que vincularla necesariamente con el auge de la explotación del café como principal producto de nuestra economía agroexportadora, cultivo desarrollado principalmente en los tres estados andinos (Mérida, Táchira y Trujillo) y particularmente en el Táchira, estado del cual provino la expedición militar conocida como Revolución Liberal Restauradora, en cuyo ejército marcharon hasta Caracas los tachirenses Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez y Eleazar López Contreras, sucesivos presidentes entre 1899 y 1941[19].

Los líderes fundamentales de la revolución democrática se forjaron en la lucha estudiantil de la Generación del 28 y en la lucha política en oposición a la dictadura gomecista, lucha que comenzó a ser influida por las modernas corrientes ideológicas provenientes de Europa: el comunismo, la socialdemocracia y la democracia cristiana. Resaltamos la circunstancia de que al momento de acceder por segunda vez al poder en 1959 el partido Acción Democrática[20], constituía una organización cuyos cuadros principales tenían 30 años de experiencia desde su participación en  la generación estudiantil del 28, que habían pasado por la cárcel y el exilio, que habían impulsado y triunfado en dos oportunidades en rebeliones cívico-militares (18 de octubre de 1945 y 23 de enero de 1958), que habían sido derrocados por una conspiración imperialista (24 de noviembre de 1948), que habían pasado largos años de clandestinidad y exilio, que tenían una muy relevante experiencia en el desarrollo de luchas sociales, huelgas obreras y expresiones de lucha armada contra la dictadura encabezada por Marcos Pérez Jiménez. Para 1958-1959 AD era un partido con arraigo en sectores obreros y campesinos, con importantes cuadros de dirección y excelentes profesionales entre sus militantes.

Al triunfar Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de 1998, su partido Movimiento Quinta República (MVR), fundado en 1997, era una organización aluvional[21] recién conformada, sin experiencia en la lucha social y sin experiencia en la lucha parlamentaria, sin programa político definido y unido básicamente por el liderazgo caudillista-mesiánico que desde un principio comenzó a construir el propio Chávez y sus más cercanos colaboradores. Incluso si se considera la incorporación al MVR de algunos cuadros de la vieja izquierda venezolana, podemos recordar que a partir del 27 de febrero de 1989 se había evidenciado en el país la profunda bancarrota de los partidos de izquierda, tanto de los que participaban en el “juego democrático” del puntofijismo como de los impulsores de la lucha armada. Esa izquierda que ingresó al MVR[22] y se vinculó a Chávez era una izquierda desarticulada y dividida, sin programa coherente y sin mayores vínculos sociales, que había vivido numerosas derrotas políticas y militares en los 40 años precedentes (López Sánchez, 2015: 83).

LOS PERÍODOS DE REGRESION POLÍTICA, SOCIAL Y ECONÓMICA

En nuestro período republicano destacan varios procesos de regresión política. La larga dictadura de 27 años de Juan Vicente Gómez (1908-1935); la dictadura militar cuyo hombre fuerte fue Marcos Pérez Jiménez (1948-1958); y las dos últimas décadas del puntofijismo (1979-1999).

La dictadura de Gómez se caracterizó por su fuerte autoritarismo, por el personalismo absoluto, y por la modificación radical del modelo económico imperante, que pasó de la agro-exportación a la producción petrolera. Gómez desapareció todo tipo de oposición legal a su régimen. Encarceló, torturó, exilió y asesinó a todo aquel que intentó oponérsele, así fueran simples escritores o periodistas. Enfrentó con éxito las últimas montoneras que desde los espacios agrarios se intentaron contra su régimen, y enfrentó también la primera rebelión urbana representativa de la nueva conformación de clases surgida del petróleo, el alzamiento militar con respaldo civil del 7 de abril de 1928[23]. Durante todo su gobierno Gómez actuó siguiendo los intereses del gobierno de los Estados Unidos, y de las compañías petroleras como la Standard Oil Company (estadounidense) y la Shell (angloholandesa).

Por su parte la dictadura militar encabezada por Pérez Jiménez disolvió los principales partidos democráticos (primero AD en 1948, el PCV en 1950, y URD en 1952). Anuló la constitución de 1947, disolvió los sindicatos más importantes (incluyendo las federaciones petroleras) y encarceló hasta el final de la dictadura a todos los dirigentes obreros que pudo capturar. Este régimen militar, como dijimos antes, surgió de una conspiración aupada por la embajada estadounidense en Caracas, y actuó de la mano de los intereses del Departamento de Estado, como ocurrió con la realización en marzo de 1954 en Caracas de la X Conferencia Interamericana, la cual aprobó una fuerte resolución condenando el comunismo como sistema incompatible con los pueblos de América, la cual sirvió como pretexto para la invasión militar con fuerzas mercenarias contra el gobierno democrático de Guatemala presidido por Jacobo Arbenz, el cual fue finalmente derrocado dando paso a treinta años de gobiernos autoritarios en ese país.

El intervalo dictatorial entre 1948 y 1958 anuló todas las conquistas democráticas del trienio adeco e incluso de lo alcanzado en los últimos gobiernos gomecistas (López Contreras y Medina Angarita). Pero el perezjimenismo como tal no logró trascender debido a las limitaciones de su programa político, y a la reducida alianza política que representaba (falta de consenso entre las élites políticas, económicas y el mismo imperialismo).

La represión política aplicada durante la naciente democracia, en la década de 1960, fue muy superior a la represión de la anterior dictadura perezjimenista[24]. Se ilegalizaron los partidos políticos de la izquierda (el PCV y el MIR); se detuvo por varios años a los parlamentarios y otros dirigentes de dichos partidos. Se persiguió implacablemente a la militancia de dichos partidos, involucrados en la lucha armada a partir de 1962. La represión desatada introdujo por primera vez en Latinoamérica la figura de los desaparecidos. Los cuerpos policiales y militares especializados en la represión política recibieron asesoría directa de las instituciones de inteligencia del gobierno de los Estados Unidos (la CIA y otros organismos similares), con presencia de funcionarios extranjeros dirigiendo personalmente a la Digepol y el SIFA (como el cubano Luis Posada Carriles). El número de detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos entre 1962 y 1969 superó ampliamente a las víctimas de la represión política entre 1948 y 1958 (Oliveros, 2012). Además de la figura del desaparecido, el gobierno torturó hasta la muerte a significativos dirigentes de la izquierda, como Alberto Lovera, Jorge Rodríguez y Noel Rodríguez. Asesinó impunemente a otros dirigentes como Fabricio Ojeda, Tito González Heredia y Jesús Márquez Finol. Los horrores de las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez no superaron los crímenes políticos que continuaron con la flamante “democracia” representativa[25].

Los últimos 20 años de la democracia puntofijista fueron de regresión absoluta. En materia económica, a partir del “viernes negro” de febrero de 1983 se terminó de hundir el modelo rentístico petrolero y se hizo evidente la bancarrota de la política de sustitución de importaciones impulsada en las décadas anteriores. El salario de los trabajadores alcanzó niveles mínimos no vistos desde muchas décadas atrás, y los derechos laborales en general fueron abiertamente violentados por los patronos y el ministerio del trabajo. En materia política el bipartidismo de AD-Copei mantuvo su deriva de corrupción administrativa e ineficiencia de las instituciones y servicios públicos.

El sistema educativo que durante las dos primeras décadas del período democrático aumentó significativamente la matrícula escolar y universitaria, se estancó completamente y comenzó a predominar la exclusión escolar y universitaria de centenares de miles de jóvenes. Igual retroceso se vivió en el sistema de salud y el resto de los servicios públicos.

En términos represivos, ocurrieron grandes masacres como la de Cantaura (1982), Yumare (1986) y El Amparo (1988). A partir de 1987 la lucha de clases tuvo un cambio sustancial en Venezuela a partir de las protestas populares como respuesta a la crisis económica en curso. La rebelión estudiantil a partir del marzo merideño (1987) abrió un periodo de protestas masivas que no se escenificaban en el país desde 1958, y la política represiva del gobierno pasó de selectiva (represión contra las organizaciones de izquierda vinculadas a la lucha armada y las protestas sociales) a masiva, teniendo su principal expresión en la masacre contra el pueblo caraqueño como respuesta a la insurrección espontánea del 27 y 28 de febrero de 1989, conocida como “El Caracazo”[26].

La dimensión de la rebelión de febrero del 89 introdujo un factor de desestabilización en el bloque social dominante desde el Pacto de Punto Fijo[27], incluyendo una progresiva división en el seno de las fuerzas armadas que condujo a los alzamientos del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992, que siguiendo su curso de crisis interna condujo el enjuiciamiento y destitución del presidente Carlos Andrés Pérez (CAP) en 1993, creó las condiciones para la victoria electoral de Rafael Caldera (apoyado por la izquierda) ese mismo año, y finalmente permitió que el descontento popular del 27 de febrero de 1989 se manifestara electoralmente en las presidenciales de 1998, con el triunfo de Hugo Chávez.

El Caracazo introdujo a la democracia puntofijista en una crisis terminal. No obstante, el sistema democrático se mantuvo durante una década más, intentando fórmulas de salvación como la Reforma del Estado (intentada en 1989 con las elecciones de Gobernadores y Alcaldes), la misma destitución de CAP como “chivo expiatorio” de la crisis de legitimidad del sistema, y la candidatura “progresista” de Rafael Caldera en 1993. Es de resaltar esta prolongada agonía de 10 años del sistema político nacido del Pacto de Punto Fijo. Las razones de esto habría que buscarlas en la ausencia de una oposición de izquierda con fortaleza suficiente como para capitalizar electoralmente la caída del respaldo hacia AD y Copei[28].

La izquierda venezolana, en la década de los 90, sufría la crisis de identidad derivada de la caída del Bloque Socialista de la URSS y Europa Oriental, unida a la profunda división en múltiples partidos derivada del fracaso de la lucha armada en los 60-70 y 80, y del similar fracaso de las experiencias electorales intentadas desde 1973 en adelante. En los hechos, el auge de la lucha de clases entre 1987 y 1991 no pudo ser capitalizado por ninguna fuerza de izquierda, y a partir del 4 de febrero del 92 las esperanzas de cambio del pueblo se centraron en la figura del líder militar insurrecto, Chávez.

ALGUNAS CONCLUSIONES

La llegada al poder de Hugo Chávez a partir de febrero de 1999 es derivada directamente del hundimiento político del bloque social dominante desde 1958. En cierta forma, Chávez significó una nueva expresión de la mencionada alianza cívico-militar que bajo programas progresistas se manifestó varias veces a lo largo del siglo XX. Pero la llegada al poder del chavismo puede verse al mismo tiempo como una carambola causada por el vacío político que dejaba la bancarrota de los partidos Acción Democrática y COPEI.

Chávez y el chavismo no representaban como tal ninguna referencia político-organizativa que hubiera estado al frente de la oposición durante las cuatro décadas del puntofijismo, salvo por las pocas horas que duraron los alzamientos militares de 1992. Ni los líderes de la lucha armada ni los líderes de la lucha electoral figuraban entre la dirigencia del recién creado Movimiento Quinta República (MVR, conocido antes como Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 - MBR200). Tampoco estaban allí los líderes que de alguna manera estuvieron en las barricadas durante 1987-1991 (como Carlos Lanz y Roland Denis). El movimiento chavista aluvional juntaba individualidades de izquierda con militares de derecha, detrás de un líder con ínfulas mesiánicas que postulaba una “tercera vía” bastante difusa.

Con el paso de los años, y después del golpe imperialista fracasado de abril de 2002, Chávez concluyó que asumir declarativamente un programa “socialista” le podía rendir mejores frutos que la tercera vía de Tony Blair. Sin embargo, ese programa “socialista del siglo XXI” nunca fue claramente definido por el propio Chávez ni por ningún otro dirigente del chavismo. En general Chávez terminó promoviendo fórmulas parecidas a las utilizadas por el aliado gobierno de Fidel Castro en Cuba, como la creación de un “partido único de la revolución”, y la ejecución de nacionalizaciones masivas contra empresas nacionales y extranjeras. Chávez identificó su “socialismo” con medidas de asistencia social, propias de un Estado de Bienestar, en un momento en que el capitalismo occidental ya tenía más de dos décadas de haber abandonado ese modelo.

Para Chávez su socialismo era la construcción de viviendas para las clases trabajadoras, la conquista de reivindicaciones laborales, la ampliación de los servicios de educación y salud, la construcción de obras públicas como ferrocarriles, puentes y carreteras, etc. Medidas todas que en el medio siglo anterior habían sido ejecutadas tanto por los gobiernos puntofijistas como por la dictadura perezjimenista y los últimos gobiernos del gomecismo.

Tal vez el aspecto en el cual se podía trascender al capitalismo es cuando se impulsó la constitución de un “poder popular” que nacería desde los Consejos Comunales, inspirados en una democracia “participativa y protagónica”.  El poder comunal se formuló enfrentado a los principios de la democracia liberal burguesa, fundada en la representatividad partidista, valorando un nivel de decisiones políticas partiendo desde las mismas asambleas comunitarias y obreras. Concebido como una estructura que crecería paralelamente a las instituciones del estado burgués heredado del puntofijismo (que en líneas generales tuvo continuidad en la Constitución de 1999), en realidad no llegó a tener mayor desarrollo, siendo absorbido y controlado ese “poder comunal” por los poderes tradicionales dominados por el partido gobernante.

Para finalizar, enumeramos algunas conclusiones en base al análisis comparativo de 200 años de vida republicana y los 23 años de chavismo:

1.      El chavismo-madurismo es el quinto proceso de transformación sociopolítica escenificado desde la Guerra de Independencia. Los cuatro procesos anteriores tuvieron una duración aproximada de 40 años cada uno.

2.      La caída de las anteriores “revoluciones” se produjo cuando ya existía una vanguardia política opositora más o menos estructurada en los años inmediatamente anteriores. El grupo chavista es el que ha llegado al poder con una estructuración más débil como fuerza política organizada[29].

3.      El chavismo ratifica una vez más la ausencia en Venezuela de una clase burguesa consolidada, y la permanente reconstitución de la clase dominante en cada proceso “revolucionario” que se va sucediendo.

4.      Por razones históricas, el chavismo reproduce características de todos los procesos revolucionarios anteriores, como el caudillismo-mesianismo; el militarismo; el uso de consignas antiimperialistas y democráticas que atraen a las masas populares; la conquista de algunas reivindicaciones históricas (aunque muchas son rápidamente abandonadas y revertidas en el proceso final de degeneración política del respectivo grupo o elite dominante); el paso de programas nacionalistas y antiimperialistas a ejecutorias exactamente contrarias, al hacer alianzas como socios menores de las grandes potencias mundiales; el uso de la represión selectiva y masiva como práctica cotidiana contra la protesta social y contra las vanguardias políticas que les hacen oposición; y la importante movilización social que por momentos logran canalizar para sus propios intereses de grupo y de clase (como “nueva” clase burguesa en proceso de conformación).

5.      El proceso chavista introdujo una práctica democrática que mejora en forma cualitativa las anteriores experiencias, con la figura del referéndum popular, usado para convocar la Asamblea Constituyente y para aprobar la nueva constitución en 1999, para ratificar la permanencia de Chávez en el poder en 2004 (referéndum revocatorio), y también usado para someter la reforma constitucional que fue rechazada en 2007. El gobierno de Nicolás Maduro se ha alejado totalmente de esa práctica de democracia participativa utilizada por Chávez, reflejando con ello su declive absoluto como programa de transformación en Venezuela.

6.      Otro aspecto relevante del período de gobierno de Hugo Chávez fue la revitalización de la propuesta de unidad continental latinoamericana que hace más de 200 años formularon e intentaron llevar a cabo Francisco de Miranda y Simón Bolívar. Esta política permitió la creación de organismos de integración como la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, creada en 2011); la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas, creada en 2008); ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América, creada en 2004); y el fortalecimiento de organizaciones ya existentes como el MERCOSUR. En el marco de esas políticas de integración, Chávez jugó un papel central en el rechazo al ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas, propuesta de Estados Unidos formulada en 1994), en la IV Cumbre de las Américas, realizada en 2005. Más allá de los procesos de integración, el gobierno de Chávez desarrolló una considerable incidencia política en todos los países latinoamericanos, y el “chavismo” se convirtió en el principal contendiente político de las fuerzas, partidos y gobiernos aliados de USA a lo largo y ancho del continente. Con el posterior gobierno de Maduro, esa influencia chavista se perdió casi totalmente, los procesos de integración tendieron a paralizarse, y la experiencia venezolana es considerada hoy como algo muy negativo en todo el continente, incluso de parte de los nuevos gobiernos de izquierda que han asumido en años recientes (como en Chile, Perú y Colombia). Para la historia, Chávez revivió en pleno siglo XXI el sueño de Bolívar y Miranda de construir una gran nación latinoamericana. Propuesta que sigue vigente y que espera por escenarios más favorables para su desarrollo.

7.      El actual gobierno de Nicolás Maduro mantiene el mismo discurso radical de su antecesor, y se presenta como un gobierno genuinamente “obrerista”[30] y “socialista”[31], que cuenta con el respaldo de los sindicatos mayoritarios (López, 2012). Sin embargo, ha ejecutado un verdadero cambio de rumbo económico, abriendo las puertas a las políticas neoliberales, en un marco de creciente autoritarismo (Alarcón 2017); (Luna 2019) (Vivas 2019) (Sutherland 2020). Maduro representa hoy la traición al programa original de Hugo Chávez, fenómeno presenciado varias veces antes en nuestra historia (PCDC, 2021).

Aunque no defendamos una perspectiva cíclica de la historia, la reiteración de estos procesos sociopolíticos de transformación y desplazamiento de élites gobernantes es un hecho indudable en nuestro proceso republicano desde la independencia.

De acuerdo con las características del período chavista trascurrido hasta ahora (casi 24 años), podemos intentar un análisis prospectivo de los posibles escenarios futuros en el corto plazo:

A.    Tanto el gomecismo como la democracia puntofijista tuvieron un período de fuerte represión política antes de transitar en sus últimos años por cierto tipo de apertura política[32]. Ese fenómeno pudiera presentarse en Venezuela, en la medida en que sectores del madurismo gobernante opten por una apertura política que intente detener el creciente deterioro de la aceptación popular hacia el régimen PSUV-militares. Este escenario pudiera producirse debido a reveses electorales o a una creciente elevación de la protesta social.

B.     En un escenario completamente distinto al anterior, el madurismo pudiera evolucionar hacia formas autoritarias aún no desarrolladas completamente en este período. Incluyendo la represión selectiva-masiva contra todo tipo de protesta popular y la persecución-ilegalización de las principales organizaciones representativas de la izquierda que hace oposición al chavismo. En este escenario la evolución inmediata del madurismo reflejaría múltiples expresiones de violencia contra el pueblo.

C.     Hasta ahora no se vislumbra la constitución de una élite política y un programa de transformación que se presente como recambio del chavismo-madurismo gobernante. Eso no implica necesariamente que no puedan ser derrocados en el corto plazo. Lo que resultaría es que un nuevo gobierno sustitutivo del chavismo pasaría por etapas de definición antes de consolidarse como una nueva élite gobernante (la sexta, desde la independencia).

 

Por otro lado, las experiencias del socialismo mundial erigidas sobre fundamentos mesiánicos han terminado fracasando de diversas maneras. Así ocurrió con la Rusia de Stalin (no cayó el sistema, pero fue sustituido todo su entorno al morir Stalin), con la Yugoslavia de Tito (se desató una brutal guerra civil que partió al país en 5-6 repúblicas distintas), la Albania de Enver Hoxha y la China de Mao. El fundamento mesiánico del chavismo actúa como un lastre hacia el futuro para mantener una élite en el poder, porque cada vez son más los chavistas originarios marginados del poder que los que quedan en la elite gobernante.

Para que el proceso histórico venezolano pueda retomar un camino de transformación social tantas veces extraviado en las distintas etapas vividas desde la independencia, debe surgir un poderoso movimiento popular organizado que mediante la lucha de calle construya un nuevo programa de cambios que retome las tradiciones de rebelión de la corriente histórico-social y avance a perfilar una clara vanguardia que pueda transitar los desafíos que plantea el capitalismo global en profunda crisis.

Maracaibo, 15 de diciembre de 2022

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[1] Publicado en la revista Debates por la Historia. Vol. XI. N° 1. Enero-junio 2023. Pp. 47-84. https://doi.org/10.54167/debates-por-la-historia.v11i1.1055 Universidad Autónoma de Chihuahua. ISSN-e: 2594-2956. Para descargar PDF: https://vocero.uach.mx/index.php/debates-por-la-historia/article/view/1055

[2] Periodos de gobierno de Hugo Chávez (1999-2012) y Nicolás Maduro (2012-2022).

[3] En alusión a la obra de Francisco Herrera Luque, “Los cuatro reyes de la baraja”, publicada en 1991, que hace referencia a cuatro principales líderes o caudillos de la historia republicana venezolana: José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez y Rómulo Betancourt. Cuando fue escrito el libro, Hugo Chávez aún no era figura pública, y fue sólo en 1999 que se inició su primer período de gobierno.

[4] Idea expresada en su libro “Cesarismo Democrático”. Esa conceptualización de “guerra civil” no formó parte de los textos de enseñanza de la Historia de Venezuela en la escuela primaria y secundaria a lo largo del siglo XX, ni era considerada hasta hace una década en las aulas universitarias. El libro Cesarismo Democrático es muy conocido por su tesis del “gendarme necesario”. La tesis de la “guerra civil” es apenas mencionada en la historiografía tradicional. La idea del gendarme necesario consiste en que Vallenilla, al reconocer que la independencia quebró completamente la estructura social de dominación colonial, valoró la figura de José Antonio Páez como el “gendarme” que logró recomponer al orden social y dominar las fuerzas populares de pardos y esclavos desatadas durante la independencia. Ese papel de gendarme necesario también lo habría cumplido Juan Vicente Gómez, para quien trabajó Vallenilla. Los rasgos principales de esos “gendarmes necesarios” era que fueran militares que, proviniendo de la misma revolución social desatada, tuvieran de esa manera la autoridad necesaria para detener la igualación social en desarrollo (en otras palabras, que traicionaran a la propia causa de la cual provenían).

[5] Los historiadores (como Arturo Cardozo y Federico Brito Figueroa)) coinciden en que los Pardos constituían aproximadamente el 50 % de la población de la Capitanía General de Venezuela (Cardozo, 1987: 193). Las cifras aportadas por Humboldt, que visitó Venezuela para 1800, apuntan en esa misma dirección (Brito Figueroa, 1985: 226). La población esclava se ubicaría en aproximadamente un 15 %. Y los grupos indígenas sobrevivientes constituirían otro 15 % (con la característica de que estos grupos indígenas sobrevivían en la periferia de la Capitanía General, sin mayor vinculación socioeconómica ni política con la sociedad colonial implantada). Sobre un total de población alrededor del millón de personas, los blancos criollos serían otro 15 % (destacando que sólo una fracción minoritaria de esos blancos criollos eran poseedores de tierras y de esclavos; el resto lo denominaban “blancos de orilla”), y los blancos peninsulares ocuparían el 5 % restante. Numerosos mandos del ejército de Boves eran pardos o antiguos esclavos. Todos ellos fueron destituidos a partir de 1815 cuando el mariscal Pablo Morillo desembarcó en Venezuela con un ejército profesional de 10.000 soldados españoles y 75 barcos.

[6] El término de Pardo abarcaba a todos los grupos derivados de la mezcla entre europeos, indígenas y africanos. Se construyó toda una división social que acuñó términos como “Mestizos” (producto de la mezcla entre europeos e indígenas), Mulatos (mezcla entre africanos y europeos) y Zambos (mezcla de indígenas y africanos), y otros términos subderivados (como “salto atrás” y otros). La sociedad colonial restringía la intervención política y social de los pardos. No podían integrar los cabildos. Tampoco podían estudiar en las universidades ni ejercer profesiones liberales como medicina y derecho. Tenían su puesto secundario en las iglesias a la hora de la misa. Y por supuesto, no podían usar mantas las mujeres pardas. De allí el término mantuano: nobleza de manta (Cardozo, 1987, 194).

[7] Boves era de origen asturiano, radicado en Venezuela como comerciante desde inicios del siglo XIX.

[8] Un estudio magistral de esta epopeya de Boves está contenido en el libro “La revolución popular de 1814”, de Juan Uslar Pietri.

[9] En las filas patriotas destacaron notables jefes militares provenientes del estamento “pardo”, como el general Manuel Carlos Piar (conductor y héroe de las batallas de El Juncal, 1816, y San Félix, 1817, que consolidaron la liberación del oriente de Venezuela); y el Almirante José Prudencio Padilla (conductor y héroe de la batalla naval del Lago de Maracaibo,1823, que culminó la liberación de todo el territorio venezolano). Ambos jefes militares fueron fusilados posteriormente por participar en supuestas conspiraciones contra la jefatura de Simón Bolívar. Al respecto puede consultarse el reciente libro de Amílcar Figueroa: “Piar: La contradictoria lectura de la historia”.

[10] Páez era “blanco de orilla”, no poseía bienes de fortuna, ni la “limpieza de sangre” que reclamaba la clase mantuana.

[11] “…resolví separarme y poner en práctica la resolución que había tomado en Mérida de irme a los llanos de Casanare, para ver si desde allí podía emprender operaciones contra Venezuela, apoderándome del territorio del Apure y de los mismos hombres que habían destruido a los patriotas bajo las órdenes de Boves, Ceballos y Yáñez. Todos … creían que era poco menos que delirio, pues no veían posibilidad ninguna de que los llaneros, que tan entusiastas se habían mostrado en la lucha contra los patriotas, cambiasen de opinión y se decidiesen a defender la causa de estos” (Páez, 1878: 57).

[12] Sobre este tema ha escrito importantes obras Germán Carrera Damas, como “La disputa de la Independencia” (1995).

[13] Cuando Páez sale de la presidencia en 1863 ya tiene 73 años. En cierta forma era también un relevo generacional.

[14] A los miembros del partido Acción Democrática (AD), se les denomina “adecos”.

[15] Líderes estudiantiles que en años posteriores fundaron los partidos Acción Democrática, Unión Republicana Democrática y Partido Comunista de Venezuela. Entre ellos estaban Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Andrés Eloy Blanco (Acción Democrática); Jóvito Villalba (URD); Juan Bautista Fuenmayor, Rodolfo Quintero y Kotepa Delgado (PCV).

[16] Las siglas COPEI significaban originalmente Comité de Organización Política Electoral Independiente; Partido de tendencia socialcristiana. Las siglas URD derivaban del partido Unión Republicana Democrática.

[17] Al período histórico entre 1958 y 1998 se le denomina “puntofijismo”, por ser resultante de esa alianza política entre los partidos AD, COPEI y URD, que se reunieron en 1958 en la casa de habitación de Rafael Caldera (principal líder de COPEI). Dicha casa se llamaba “Punto Fijo”.

[18] Compañías como la New York and Bermúdez Company y el Cable Francés, expropiadas por Castro, financiaron a la “Revolución Libertadora”, en 1902-1903.

[19] El cuarto presidente andino, también tachirense y militar, Isaías Medina Angarita, pertenecía a una segunda generación de los andinos en el poder.

[20] El cual gana las elecciones presidenciales de diciembre de 1958, con su candidato y líder fundamental Rómulo Betancourt. Las elecciones fueron convocadas luego del derrocamiento de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez en enero de 1958.

[21] En Venezuela se denomina “organización aluvional” a las fuerzas políticas que surgen sin mayor planificación previa, constituidas por individuos y grupos provenientes de diferentes y hasta antagónicas experiencias de organización política.

[22] En realidad, fueron muy pocos los activistas o cuadros de la izquierda que se incorporaron al movimiento de Chávez. Muchos de ellos como Nicolás Maduro y Elías Jaua, apenas habían sido militantes medios de sus respectivas organizaciones, sin mayor experiencia en la conducción política de un partido revolucionario. Otros como Luis Miquelena si tenía una larga experiencia, pero a la vez tenía como 30 años apartado de la política.

[23] Insurrección del Cuartel San Carlos, en Caracas, encabezada por el capitán Rafael Alvarado, en la cual participaron líderes estudiantiles como Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba (incluso estos últimos con fusiles en mano). La insurrección fue controlada en un acto de audacia por el ministro de guerra y marina, Eleazar López Contreras, quien a pecho descubierto ingresó al cuartel insurrecto y logró su rendición. Gómez se encontraba en su residencia en Maracay.

[24] Hay que destacar que el partido Acción Democrática, bajo los gobiernos de Rómulo Betancourt (1959-1964) y de Raúl Leoni (1964-1969), ejecutaron una violenta represión contra sus propios excompañeros de partido del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que se habían dividido de AD al comienzo de la década. Esa represión incluyó persecuciones, detenciones, torturas, exilios y asesinatos contra sus antiguos camaradas de partido.

[25] El libro de la historiadora y activista revolucionaria Elia Oliveros Espinoza, “La lucha social y la lucha armada en Venezuela”, realiza una cronología detallada de la represión política entre 1958 y 1973. Una obra poco conocida pero única por su valioso contenido como memoria de la lucha popular y la represión política en ese período de nuestra historia.

[26] El gobierno reconoció oficialmente cerca de 280 fallecidos durante el Caracazo, pero la cifra de muertos podría superar el millar, según los analistas de la época (Colmenarez, 1989).

[27] Bloque dominante integrado por las cúpulas de los partidos AD y Copei, el alto mando militar, la jerarquía de la Iglesia Católica, el empresariado reunido en Fedecámaras, la dirigencia obrera de la CTV (Confederación de Trabajadores de Venezuela) y los grandes medios de comunicación.

[28] Aunque en las elecciones presidenciales de 1993, la candidatura de Andrés Velásquez por el partido Causa R obtuvo aparentemente una mayor votación a la que oficialmente registró el organismo electoral, votos escamoteados por irregularidades denunciadas en ese momento.

[29] Comparable tal vez con la revolución andina, cuyas definiciones y conformación también era difusa.

[30] Maduro fue activista sindical del Metro de Caracas, empresa en la cual trabajó como chofer de autobuses en la década de los 80. En la disputa escenificada al interior de las fuerzas sindicales chavistas a partir del 2003, se impuso la tendencia FBT (Fuerza Bolivariana de Trabajadores), gracias al gran respaldo dado por Chávez a su principal dirigente Nicolás Maduro. La conformación de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST) en noviembre de 2011 se realizó bajo control casi total de la FBT, siendo desplazadas completamente las tendencias más radicales.

[31] Maduro hizo una primera militancia en el partido Liga Socialista, organización marxista-leninista que existió desde la década de los 70 hasta su integración en el PSUV cuando este último fue conformado por Chávez en 2007. La Liga Socialista envió a Maduro a Cuba en algún momento de la década de los 80, para formarse políticamente.

[32] La férrea dictadura de Gómez, una vez muerto el dictador, dio paso a los gobiernos aperturistas de Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita. La democracia de Punto Fijo pasó por períodos de fuerte represión (Betancourt, Leoni, Caldera I, CAP I y II, Lusinchi), antes de finalizar con el relativamente tranquilo gobierno de Caldera II.

viernes, 18 de noviembre de 2022

 

MOVIMIENTOS SOCIALES Y VANGUARDIAS PARTIDISTAS ANTE LA CRISIS POLÍTICA.

PROFUNDIZACIÓN O RETROCESO DE LAS DEMOCRACIAS PARTICIPATIVAS LATINOAMERICANAS[i]

Roberto López Sánchez. Belinda Colina Arenas.

Lino Meneses Pacheco. Lorelli Paredes Valecillos (Venezuela)

 

Publicado en: https://www.clacso.org/movimientos-sociales-y-vanguardias-partidistas-ante-la-crisis-politica-profundizacion-o-retroceso-de-las-democracias-participativas-latinoamericanas/

 

Programa de Becas CLACSO: Amenazas y desafíos para las democracias en América Latina y el Caribe: ¿derechos en cuestión? Septiembre 2022.

LINEAMIENTOS PARA LA ACCION

La importancia de realizar propuestas de lineamientos para la acción e intervención resulta medular. Esto es porque, de la investigación realizada, se desprende que existen en Perú, Bolivia y Ecuador (y de manera general en toda América Latina) fuerzas sociales en movimiento que formulan y promueven cambios significativos de los viejos sistemas políticos heredados del liberalismo occidental y de los modelos económicos extractivistas, impuestos nuevamente por el neoliberalismo en las últimas décadas.

Las energías desplegadas por la movilización organizada de los pueblos (en este caso de Ecuador, Bolivia y Perú) vienen tropezando con barreras que restringen la participación política ciudadana, incluso en aquellos países en los que se promulgaron nuevas constituciones inspiradas en el protagonismo popular.

Del estudio de esta realidad se deriva que las amenazas a las democracias latinoamericanas no sólo provienen de los intentos reiterados de los poderes occidentales por recuperar y/o mantener los territorios continentales que han explotado económicamente desde la época colonial, sino que se originan también en las deficiencias presentes en las propuestas de transformación social que intentan desarrollarse en nuestros países.

Es por ello que, producto de la reflexión teórica y de la investigación actualizada sobre las realidades políticas en Ecuador, Bolivia y Perú, hemos considerado las siguientes propuestas de lineamientos para la implementación de políticas públicas y para el accionar sociopolítico de las fuerzas populares, que propugnan avances democráticos y aspiran a la soberanía económica en Nuestra América.

1) Promover la democracia participativa, como fórmula para la profundización de las democracias en Nuestra América, permitiría superar la dinámica contradictoria entre Estado, partidos y movimientos sociales/organizaciones indígenas; dinámica que afecta la solidez de las propuestas de cambio sociopolítico en Bolivia, Ecuador y Perú. La solución de este conflicto pasa por la profundización de la democracia en los esquemas de gestión de políticas públicas, enmarcadas en la democracia participativa, que abra canales de actuación política que hagan posible la interacción entre el Estado, partidos políticos y movimientos sociales/organizaciones indígenas.

2) Fomentar la creación de una nueva institucionalidad democrática, que prescinda de la forma de representación única en los partidos políticos, que busca perpetuar a los sistemas de representación partidista heredados del viejo liberalismo, y que actúa como barrera a la democracia participativa. Pues se trata de propiciar nuevas formas de representación ciudadana que den cabida a los movimientos sociales, a las comunidades indígenas, y a los ciudadanos en sentido genérico, sin que se imponga como requisito el ser “profesional” de la política como condición de participación.

3) Promover espacios amplios donde participen académicos, políticos, movimientos sociales e indígenas. Estos espacios permitirían repensar y recrear los sistemas políticos latinoamericanos con el fin de explorar y ensayar nuevas rutas para la superación de la tradicional “representación” del liberalismo burgués. Así, se avanzaría a formas de organización ciudadana que impidan la conformación de elites que terminan usurpando la soberanía popular. En la democracia participativa ejercida en los movimientos sociales y en las formas de organización y de representación ancestrales que mantienen las naciones indígenas se encuentran las claves para el avance de los procesos de cambio sociopolítico. Procesos que permitan la profundización de las democracias en Nuestra América.

4) Promover la libertad de expresión y asociación, el acatamiento y la observancia de las leyes, el respeto a las garantías de los derechos humanos, la revocatoria del mandato, la elección popular de todos los cargos públicos, la rendición de cuentas, la necesaria transparencia gubernamental en la gestión política, el ejercicio de referéndum para los temas fundamentales de la acción ejecutiva, el libre juego de las ideas y el debate político a todos los niveles, con el fin de profundizar la democracia participativa.

5) Fomentar políticas que incluyan a las organizaciones de los pueblos, naciones y comunidades indígenas; que reconozcan la pluralidad étnica-cultural, ya que no pueden ser considerados como simples “movimientos sociales”, pues son grupos étnicos que tienen su lengua y su historia, y su territorio propio. Tienen sistemas jurídicos, políticos, económicos, de salud y educativos propios, preexistentes incluso a la invasión europea y que, por lo tanto, imponen una complejidad que choca en la mayoría de los casos con la forma de Estado liberal existente en cada país, que no están consustanciados con la racionalidad de la participación política en las democracias occidentales, y tampoco, con la racionalidad de las nuevas democracias “participativas”.

 

SOBRE LOS AUTORES Y LAS AUTORAS

Roberto López Sánchez (Caracas, 1958). Profesor Titular de la Universidad del Zulia (LUZ) Doctor en Ciencias Políticas. Actualmente dicta 6 materias en la Licenciatura de Antropología en LUZ. Ha dictado seminarios de doctorado y maestría en universidades venezolanas; y seminarios de Historia de Venezuela en universidades de Chile y España. Actualmente Coordina la Unidad Académica de Antropología. Correo: cruzcarrillo2001@gmail.com. Venezuela.

Belinda Colina Arenas. Es de Maracaibo-Venezuela. Socióloga Universidad del Zulia (LUZ), MSc. En Gerencia Pública-LUZ, Doctora en Cs. Sociales, mención Gerencia-LUZ. Actualmente coordinadora de la Unidad Académica Estudios del Desarrollo LUZ. belicolina@gmail.com, belindavictoria123@gmail.com. Venezuela.

Lino Meneses Pacheco. Es Dr. en Antropología, Universidad de Los Andes, 2015. Director del Museo Arqueológico de la Universidad de Los Andes, Venezuela desde año 2014. Coordinador y docente del Doctorado en Antropología de la Universidad de Los Andes, Venezuela desde el año 2018. lmeneses@ula.ve Venezuela.

Lorelli Paredes Valecillos. Es de Maracaibo, Zulia-Venezuela. Licenciada en Antropología Mención Social y Cultural, Universidad del Zulia (LUZ). Egresada con la distinción Magna Cum Laude y mención de publicación. Cursa la Maestría en Antropología Social y Cultural, Universidad del Zulia. Personal Docente en formación en el área de Antropología Política (LUZ). lorelliparedes@gmail.com. Venezuela


[i] El texto se refiere a los LINEAMIENTOS PARA LA ACCIÓN propuestos como complemento a las conclusiones del proyecto de investigación, del mismo título, que desarrollamos a través de CLACSO en 2021/2022, y cuyo informe final será publicado próximamente por CLACSO.

martes, 6 de septiembre de 2022

 

DESPUÉS DE LAS NUBES EL SOL

En el marco general de la crisis que atraviesan las universidades venezolanas, es la Universidad del Zulia una de las instituciones que más está siendo afectada por los múltiples problemas que hoy amenazan la existencia de la educación universitaria en Venezuela.

Ante esta dura realidad, y preocupados por la necesidad de dar respuestas desde el profesorado a esta crisis que afecta a todo el colectivo zuliano, diversos docentes de diferentes facultades hemos decidido constituir un grupo de opinión que tendrá por nombre “DESPUÉS DE LAS NUBES EL SOL”, frase que encabeza, en latín, el escudo de nuestra universidad, y que representa la voluntad de lucha de la comunidad universitaria para enfrentar las dificultades y salir adelante con la función social de formar profesionales y crear ciencia y cultura para el desarrollo nacional.

Nuestro diagnóstico de la problemática universitaria nacional lo resumimos así:

·         La crisis presupuestaria. El Estado venezolano dejó de invertir en las universidades, y hoy en día nuestras instituciones atraviesan un profundo deterioro en su infraestructura, laboratorios, bibliotecas y equipos para la enseñanza y la investigación.

·         La debacle salarial. Los salarios de los universitarios son los más bajos del continente. Esto ha provocado una deserción de personal y una migración masiva de profesionales hacia otros países. Para quienes seguimos nuestra actividad universitaria, los bajos salarios dificultan enormemente nuestra labor cotidiana. Esta crisis salarial se ha profundizado con la aplicación del “instructivo Onapre”, que desconoce la contratación colectiva vigente y disminuye en un 70% el salario de los universitarios.

·         La investigación científica también dejó de ser financiada por el Estado desde hace años. Lo poco que se realiza es financiado por entes externos, o por el esfuerzo personal de abnegados investigadores que aún continúan en su labor productiva aportando al desarrollo nacional.

·         La democracia universitaria sigue suspendida desde hace más de una década, por decisiones del gobierno nacional que impiden la realización de elecciones para designar nuevos rectores y decanos.

·         La matrícula estudiantil universitaria se ha reducido en más de un 50 %, debido a los efectos de la crisis económica nacional en las familias venezolanas. La juventud ha optado por emigrar a otros países, o buscar empleos para contribuir al sostenimiento familiar.

A este diagnóstico general se agrega la situación particular de LUZ:

·         Un alto porcentaje de la infraestructura física de LUZ ha sido saqueada por la acción del hampa, con las graves pérdidas materiales que ello implica.

·         Facultades como Ciencias permanecen sin electricidad desde 2019, situación que dificulta la continuidad de  componentes importantes de la oferta académica de la institución.

·         Los problemas urbanos de Maracaibo y del Zulia en general, afectan también que se pueda recuperar la actividad académica en LUZ (transporte, vialidad, electricidad, agua).

Lineamientos generales de acción que proponemos:

·         Recuperar la democracia interna impulsando la realización de elecciones a cuerpo rectoral y decanos, siguiendo los pasos que actualmente desarrolla la UCV.

·         Impulsar la unidad de acción de todos los gremios universitarios: estudiantes, profesores, empleados y obreros, para el desarrollo de las luchas fundamentales que hoy se vienen impulsando en todo el sector educativo venezolano.

·         Lucha inmediata por la derogación del Instructivo Onapre y nivelación de los salarios universitarios acordes a la contratación vigente.

·         Becas estudiantiles acordes al salario mínimo (y lucha por un salario mínimo acorde a la canasta básica).

·         Exigir al Estado que cumpla con su deber constitucional de dar a las universidades un presupuesto justo que permita cumplir sus funciones de docencia, investigación y extensión.

·         Exigir al gobierno nacional el reconocimiento pleno de todos los actores universitarios, autoridades, gremios y sindicatos, sin distinción de naturaleza política ni de otro orden.

·         Exigir garantías de seguridad en los espacios universitarios, como paso fundamental para la recuperación de las actividades presenciales en LUZ.

·         Contactar con las autoridades universitarias en funciones, con los dirigentes de los gremios, y con las distintas tendencias políticas, en función de buscar consensos mínimos que permitan avanzar en acciones para recuperar la institucionalidad en LUZ y resolver sus problemas más urgentes.

La sociedad venezolana necesita de su universidad, y la universidad requiere integrarse plenamente con la aspiración de cambio que hoy predomina en la gran mayoría ciudadana. NO HAY REPÚBLICA SIN UNIVERSIDAD, PERO TAMPOCO PUEDE HABER UNIVERSIDAD SIN REPÚBLICA. Y eso es lo que hoy se está disolviendo ante nuestros ojos, y debemos detener.

La defensa de la universidad autónoma, democrática, científica, popular y de calidad, es un paso necesario para salvar a la Nación. A eso convocamos.

 

Universidad del Zulia. Maracaibo, 5 de septiembre de 2022.

Johnny Alberto Alarcón Puentes. Profesor Facultad Experimental de Ciencias.

Haydee Alvarez. Profesora de la Facultad Experimental de Ciencias.

Carlos Añez. Profesor de la Universidad del Zulia.

Pedro Capett. Presidente de APUZ Ciencias.

Belinda Colina Arenas. Coordinadora Unidad Académica Estudios del Desarrollo. FEC.

Zaidy Fernandez. Coordinadora de la Licenciatura de Antropología.

Molly González. Presidenta de APUZ.

Jorge Hinestroza. Profesor de la Facultad Experimental de Ciencias.

José Huerta Castillo. Profesor de la Facultad Experimental de Ciencias.

Lilia Sofía Lombardi Boscán. Profesora de la Facultad de Humanidades y Educación.

Angel Rafael Lombardi Boscán. Director del Centro de Estudios Históricos y rep. prof. CU.

Roberto López Sánchez. Coordinador Unidad Académica de Antropología. FEC.

Deivi Luzardo. Profesor de la Facultad Experimental de Ciencias.

Nerio Meleán. Presidente de SOLUZ.

Cecilia Montero. Profesora Facultad Experimental de Ciencias.

Andrés Munelo. Presidente de ASDELUZ Costa Oriental del Lago.

Norberto J. Olivar. Profesor Facultad de Humanidades y Educación.

Lorelli Paredes Valecillos. Becaria Docente. Universidad del Zulia.

Galsuinda Parra. Profesora Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas.

Reyber Parra. Profesor Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas.

Elsa Emilia Petit Torres. Profesora Facultad Experimental de Ciencias.

Juan R. Primera. Profesor Facultad Experimental de Ciencias.

Julio Villalobos. Presidente de ASDELUZ.


sábado, 2 de julio de 2022

 

TRIUNFÓ EL PARO NACIONAL INDIGENA Y POPULAR EN ECUADOR

Roberto López Sánchez

El jueves 30 de junio, luego de 18 días del Paro Nacional convocado por la CONAIE (Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador) y otras federaciones indígenas como la FEINE[1] y la FENOCIM[2], se firmó el acuerdo entre el gobierno neoliberal de Guillermo Lasso y las organizaciones indígenas convocantes, que permitieron dar por finalizada la acción de protesta nacional.

Entre los logros alcanzados por la movilización popular nacional, resalta una rebaja de 15 centavos de dólar por galón para los combustibles subsidiados; la derogación  del decreto 95 que promovía la actividad petrolera en la Amazonía; la modificación del decreto 151 para frenar las concesiones mineras en áreas naturales protegidas, zonas intangibles, áreas de recarga hídrica y territorios ancestrales de pueblos indígenas; aumento de subsidios mensuales para las familias más pobres y condonación de deudas, entre otros aspectos contemplados en el pliego de 10 puntos que presentaron las organizaciones indígenas al inicio del Paro Nacional.

En esta lucha resalta la enorme organización y capacidad de movilización de la CONAIE, que le tocó enfrentar la que tal vez sea la mayor represión policial-militar de su historia. La brutal represión desatada por el gobierno del banquero Lasso generó seis fallecidos, más de trescientos heridos y más de cien detenidos. Incluso el propio presidente de la CONAIE, Leonidas Iza, fue detenido al iniciarse el paro y se logró su liberación debido a la gran presión nacional e internacional levantada a su favor.

Las peticiones de la CONAIE habían sido formuladas ante el gobierno de Lasso desde el inicio de su mandato en 2021, sin obtener ningún tipo de respuesta favorable ante las mismas. Es por ello la decisión de las bases y la dirigencia indígena de declarar el Paro Nacional indefinido a partir del 13 de junio del 2022.

A la declaratoria de Paro Nacional se adhirieron otras organizaciones como la Unión Nacional de Educadores (UNE, maestros), el Frente Unitario de Trabajadores (organizaciones sindicales diversas), el Frente Popular, el movimiento estudiantil universitario y algunos gremios del transporte, entre otros.

La movilización indígena y popular se realizó en todas las provincias del país, y una parte de esa movilización confluyó hacia la ciudad de Quito, capital de la República y principal centro político del país. Fue en Quito donde el gobierno de Lasso allanó con fuerzas policiales y militares a las universidades y recintos culturales en donde estaban los manifestantes venidos de otras regiones, no respetando la autonomía universitaria ni los espacios públicos que tradicionalmente le han servido al movimiento indígena en su larga historia de luchas.

Durante todo el paro, la dirigencia indígena hizo reiterados llamados a mantener el carácter pacífico de la protesta. Objetivo que en términos generales lo lograron, pese a que fueron reprimidos como nunca antes en la historia reciente del Ecuador. Incluso cuando el correismo[3] propuso en la Asamblea Nacional la votación para destituir a Lasso, la CONAIE indicó que ese no era el objetivo de la protesta (los diputados de Pachakutik[4], no obstante, votaron a favor de esa propuesta). Esa iniciativa fue una estrategia del correismo en el parlamento que buscaba pescar en río revuelto, puesto que como fuerza política nunca tuvieron nada que ver con la gran movilización popular desatada en todo Ecuador por las estructuras de base de la CONAIE y demás federaciones indígenas. El correismo tiene votos. Pero no tiene nada de organización indígena y popular.

A pesar de que, según el censo, los indígenas serían apenas el 7 % de la población en Ecuador[5], los levantamientos indígenas desde 1990 han derrocado a tres presidentes y cuando no lo hacen, como en 2019 y ahora 2022, impactan profundamente, paralizando todo el país. 

 

En los primeros días del Paro Nacional  circularon por las redes unos vídeos de militares retirados ecuatorianos "apoyando el paro". Parece que esos vídeos son falsos (según informaron amigos ecuatorianos). Los videos parece que formaron parte de una especie de trampa montada por Lasso para llevar a la CONAIE a una lucha violenta que le permitiera al gobierno reprimir con toda la fuerza policial y militar. De hecho esos videos coincidieron con la detención de Leonidas Iza. Afortunadamente esos planes represivos de Lasso no pudieron concretarse al nivel que tenían planificado (buscaban acabar con la CONAIE, apresar a todos sus dirigentes e impedir cualquier manifestación popular).

 

Es aquí donde descuadran completamente opiniones de algunos grupos "de vanguardia" que se refirieron a la protesta pacífica de la CONAIE catalogándola de "insurrección popular" que debía plantearse “echar a Lasso del poder”[6], que era precisamente lo que afirmaba Lasso para justificar la represión. Es muy difícil mantener una jornada de movilizaciones populares por 18 días continuos en todo un país sin que se produzcan actos de violencia de los propios manifestantes. Siempre habrá excesos, y siempre habrá infiltrados del gobierno tratando de imponer una falsa "radicalización la lucha" para justificar la represión. Incluso no hay que descartar que algunos grupúsculos de ultraizquierda, que se hacen llamar "partidos del proletariado", se metan en las movilizaciones indígenas para empujar actos violentos con miras (delirantes) a "tomar el poder" (como lo sugieren algunos documentos de dichas organizaciones)[7].

 

Descuadra aún más que estos falsos "partidos de vanguardia" salgan a criticar los llamados de la CONAIE a mantener la lucha de manera pacífica, y para remate insinúen que Iza y demás dirigentes indígenas son traidores por sentarse a negociar con el gobierno.

 

Creemos que la conducción política del Paro Nacional por parte de la CONAIE fue impecable. La destitución de Lasso no estaba planteada en el pliego de peticiones que impulsó la movilización indígena y popular. Obviamente una paralización de todo un país por varias semanas puede provocar la caída del gobierno en funciones; pero la lucha indígena como tal nunca estuvo definida como de carácter “insurreccional” ni buscaba entre sus objetivos derrocar al gobierno de Lasso. Esos llamados de algunos grupos extremistas a la "insurrección", a propiciar un "gobierno de la CONAIE", a no negociar, a mantener y radicalizar el paro, son actos sumamente irresponsables. Prácticamente suicidas. 

 

Por cierto, los que proponen eso no estaban ni de cerca en la dirección colectiva del Paro Nacional. No arriesgan nada. Ellos pretenden empujar a la CONAIE para que sea destrozada por la represión policial-militar. Pero ellos a buen resguardo.

 

Como afirmó la Plataforma Ciudadana en defensa de la Constitución en una declaración de solidaridad con el paro[8], esta nueva jornada de lucha en el Ecuador es expresión “de la lucha de los pueblos de Nuestra América para enfrentar las agendas económicas neoliberales y extractivistas que han venido desarrollando en la última década todos los gobiernos latinoamericanos (incluyendo los “progresismos” representados en los gobiernos de Correa, Evo y Maduro)”.

La continuidad de los estallidos sociales populares en todo el continente pueden sentar las bases políticas para la construcción de nuevos programas de transformación social, que trasciendan la demagogia de los gobiernos “progresistas” que como Maduro y Ortega han traicionado abiertamente las agendas de cambio social popular que animaron la ola izquierdista en el continente en los tres primeros lustros de este siglo XXI.

Esas nuevas bases programáticas para la transformación social están contenidas en la agenda de los movimientos indígenas que hoy luchan en el Ecuador:

  •  una lucha consecuente contra el extractivismo minero-petrolero;  
  •  una democracia comunitaria sustentada en las decisiones desde las bases populares y la autonomía local y regional;
  • formas de representación política que excluyen a los “políticos profesionales” y enfatizan en los dirigentes naturales de las distintas organizaciones sociales;
  • soberanía nacional ante las agendas que desde el exterior imponen las compañías multinacionales de todo el mundo globalizado;
  • sistemas de seguridad social que garanticen condiciones de vida y de trabajo para toda la población;
  • administración del Estado en todas sus instancias con base en la transparencia y la contraloría popular, para evitar y castigar la corrupción;
  • respeto a la diversidad cultural y étnica;
  • una economía social basada en la producción comunal autónoma, organizada nacionalmente utilizando las formas de democracia indígena que ya existen en confederaciones como la CONAIE.

Sin lugar a dudas, la CONAIE ha triunfado. Ha logrado enfrentar la durísima represión del bárbaro Guillermo Lasso, lo ha obligado a sentarse en la mesa de negociación y le ha arrancado al gobierno reivindicaciones que durante todo el conflicto, Lasso y sus voceros habían descartado ceder, como fue la disminución del precio de los combustibles. La firma del acuerdo el 30 de junio la realizó el propio Leonidas Iza, a pesar de que el presidente Lasso había declarado en los dos días anteriores que el gobierno no aceptaría negociar con Iza y exigía una nueva representación indígena.

La CONAIE, junto a sus principales federaciones, la CONFENIAE (Federación de los pueblos indígenas de la Amazonía) y la ECUARUNARI (Federación de los pueblos indígenas de la Sierra), unidas a la FEINE, la FENOCIM y demás organizaciones del campo popular ecuatoriano, se dispone a supervisar durante 90 días, los acuerdos a los que se comprometió el gobierno. De no cumplirse dichos acuerdos, la movilización indígena y popular se planteará de nuevo.

Respaldamos totalmente esta lucha indígena y popular en Ecuador, y hacemos votos por el fortalecimiento de las organizaciones que han conducido al triunfo del Paro Nacional. Los pueblos de Nuestra América miran hoy hacia Ecuador, se solidarizan con su lucha, y aprenden de sus experiencias.

Maracaibo, Tierra del Sol Amada. 2 de julio de 2022.

 



[1] FEINE: Consejo de Pueblos y Organizaciones Indígenas Evangélicos del Ecuador.

[2] FENOCIM: Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras.

[3] Tendencia política del ex-presidente Rafael Correa, que posee la mayor fracción parlamentaria en la Asamblea Nacional del Ecuador.

[4] Pachakutik: Partido indígena vinculado a la CONAIE, pero que no representa de manera directa las decisiones democráticas que la CONAIE asume desde sus estructuras locales y regionales en todo el país.

[5] Algunos autores calculan la población indígena en Ecuador muy por encima de esa cifra. Otros autores mencionan que buena parte de la población que es considerada “mestiza”, que constituyen el 72 % de la población total, es en realidad población indígena.

[6] Declaración de la organización LUCHAS, publicada en su página web: ¡Por un gobierno de la CONAIE, las Federaciones Indígenas y Campesinas, Mujeres, Sindicatos y Organizaciones Populares!”. 28/06/2022.  https://insisto-resisto.org/?p=23729

[7] Como aparece en un artículo publicado en Aporrea, “Ecuador: Fuera Lasso”, que firma una “Liga Internacional Socialista”. 01/07/2022.  www.aporrea.org/internacionales/a313612.html

[8]Solidaridad con el Paro Nacional del Movimiento Indígena y Popular en Ecuador”. Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitución.   30/06/22 - www.aporrea.org/ddhh/a313602.html  

 Solidaridad con el Paro Nacional del Movimiento Indígena y Popular en Ecuador

 - www.aporrea.org
 - www.aporrea.org/ddhh/a313602.html


Desde el lunes 13 de junio, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE), convocó a un Paro Nacional del movimiento indígena y popular en base a un pliego de diez puntos. El paro nacional cuenta también con el respaldo de las otras dos grandes organizaciones indígenas del Ecuador, como son el Consejo de Pueblos y Organizaciones Indígenas Evangélicos del Ecuador (FEINE) y la Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras (FENOCIN), además de importantes sindicatos y federaciones de trabajadores como la Unión Nacional de Educadores (UNE) y el Frente Unido de Trabajadores (FUT).

Los diez puntos que exige el movimiento indígena y popular, ratificados por Leonidas Iza y Zenaida Yasacama[1], presidente y vicepresidenta de la CONAIE respectivamente, en las reuniones que se realizaron el lunes 27 entre el gobierno neoliberal de Guillermo Lasso y la dirigencia indígena del país, responden a las necesidades más urgentes de la población trabajadora del Ecuador (no exclusivamente de los indígenas), y constituyen la plataforma de las luchas populares que se han desarrollado en el Ecuador en la última década, que fueron la razón del Levantamiento Indígena y Popular de octubre de 2019, y que hoy vuelven a movilizar al pueblo ecuatoriano:

  1. "Reducción y no más subida del precio de los combustibles. Congelar el diésel a USD 1,50 y la gasolina extra y ecopaís[2] a USD 2,10, derogar los decretos 1158 11831054 Y entrar en el proceso de focalización a los sectores que necesitan subsidio: agricultores, campesinos, transportistas, pescadores…
  2. Alivio económico para más de 4 millones de familias con la moratoria de mínimo un año y renegociación de las deudas con reducción de las tasas de interés en el sistema financiero (bancos públicos, privados y cooperativas). No al embargo de los bienes como casas, terrenos y vehículos por falta de pago.
  3. Precios justos en los productos del campo: leche, arroz, banano, cebollas, abonos, papas, choclos, tomate y más; no al cobro de regalías en las flores. Para que millones de campesinos, pequeños y medianos productores puedan tener garantía de sustentación y continúen produciendo.
  4. Empleo y derechos laborales. Políticas e inversión pública para frenar la precarización laboral y asegurar el sostenimiento de la economía popular. Exigir el pago de las deudas al Instituto Ecuatoriano de la Seguridad Social - IESS.
  5. Moratoria a la ampliación de la frontera extractiva minera/petrolera, auditoría y reparación integral por los impactos socioambientales, para la protección de los territorios, fuentes de agua y ecosistemas frágiles. Derogatoria de los Decreto 95 y  

    Decreto 151

     .
  6. Respeto a los 21 derechos colectivos: Educación Intercultural Bilingüe, justicia indígena, consulta previa, libre e informada, organización y autodeterminación de pueblos indígenas.
  7. Alto a la privatización de los sectores estratégicos, patrimonio de los ecuatorianos/as (Banco del Pacífico, hidroeléctricas, IESS, CNT, carreteras, salud, entre otras).
  8. Políticas de control de precios y la especulación en el mercado de los productos de primera necesidad, que hacen los intermediarios y abuso de precios en los productos industrializados en las cadenas de supermercados.
  9. Salud y educación. Presupuesto urgente frente al desabastecimiento de los hospitales por falta de medicinas y personal. Garantizar el acceso de la juventud a la educación superior y mejoramiento de la infraestructura en escuelas, colegios y universidades.
  10. Seguridad, protección y generación de políticas públicas efectivas para frenar la ola de violencia, sicariato, delincuencia, narcotráfico, secuestro y crimen organizado que mantiene en zozobra al Ecuador."

La respuesta del gobierno de Lasso ante este Paro Nacional indígena y popular ha sido la represión más brutal y la descalificación hacia las organizaciones indígenas y sus dirigentes. Lasso ha ordenado a sus cuerpos represivos "ejercer el uso progresivo de la fuerza" para acabar con las movilizaciones indígenas y específicamente para intentar expulsar de Quito las decenas de miles de indígenas que se han movilizado hasta esa ciudad. El gobierno ha atacado con sus cuerpos policiales y militares todos los espacios de concentración y marchas indígenas-populares tanto en Quito como en todo el país, con un resultado de 6 manifestantes asesinados por la acción policial-militar, más de un centenar de heridos y varios centenares de detenidos.

La continuidad del Paro Nacional, luego de más de quince días, ha obligado al gobierno de Lasso a ceder en algunas de las peticiones formuladas por la CONAIE, quien por su parte, entre otras solicitudes, ha exigido al gobierno, en el marco de la reunión negociadora auspiciada por la iglesia católica, la indemnización de las familias de todos los asesinados y heridos por la acción de la fuerza pública; la libertad inmediata de todos los detenidos; la paralización y anulación de todos los procedimientos judiciales en curso contra los dirigentes indígenas; y finalmente, la destitución del ministro del interior, por ser responsable directo de todos los desmanes cometidos por militares y policías contra las manifestaciones pacíficas en todo el país. De lo contrario, continuará el Paro Nacional.

La represión desatada por Lasso no solo no ha podido disminuir la intensidad de la protesta, sino que nuevos sectores sociales se han incorporado al Paro Nacional, como son los estudiantes universitarios, y gremios del transporte en varias provincias del país.

El Paro Nacional indígena y popular que encabeza la CONAIE en el Ecuador pareciera constituir una nueva manifestación de la lucha de los pueblos de Nuestra América para enfrentar las agendas económicas neoliberales y extractivistas que han venido desarrollando en la última década por todos los gobiernos latinoamericanos (incluyendo los "progresismos" representados en los gobiernos de Correa, Evo y Maduro).

La continuidad de los estallidos sociales populares en todo el continente pueden sentar las bases políticas para la construcción de nuevos programas de transformación social, que trasciendan la demagogia de los gobiernos "progresistas" que como Maduro y Ortega han traicionado abiertamente las agendas de cambio social popular que animaron la ola izquierdista en el continente en los tres primeros lustros de este siglo XXI.

Esas nuevas bases programáticas para la transformación social están contenidas en la agenda de los movimientos indígenas que hoy luchan en el Ecuador: una lucha consecuente contra el extractivismo minero-petrolero; una democracia comunitaria sustentada en las decisiones desde las bases populares y la autonomía local y regional; formas de representación política que excluyen a los "políticos profesionales" y enfatizan en los dirigentes naturales de las distintas organizaciones sociales; soberanía nacional ante las agendas que desde el exterior imponen las compañías multinacionales de todo el mundo globalizado; sistemas de seguridad social que garanticen condiciones de vida y de trabajo para toda la población; administración del Estado en todas sus instancias con base en la transparencia y la contraloría popular, para evitar y castigar la corrupción; respeto a la diversidad cultural y étnica; una economía social basada en la producción comunal autónoma, organizada nacionalmente utilizando las formas de democracia indígena que ya existen en confederaciones como la CONAIE.

Nuestro llamado a la solidaridad con el actual Paro Nacional Indígena y Popular en Ecuador lo es también para la construcción de nuevas referencias populares de transformación social que contribuyan a orientar los nuevos esfuerzos que en distintos países, como Chile, Colombia y Honduras, están en pleno desarrollo, intentando superar las limitaciones y errores de la anterior "ola progresista", y evitar así nuevos fracasos y traiciones que hipotequen las aspiraciones de cambio de los pueblos de Nuestra América.

Ahora que el gobierno de Lasso se ha retirado de la mesa de negociación, argumentando que no desea reunirse más con Leonidas Iza (y exige a la CONAIE que designe otro representante, algo inaceptable para el movimiento indígena), se hace muy necesaria toda la solidaridad que desde los pueblos latinoamericanos se manifieste ante esta justa lucha, que es nuestra propia lucha. La última información de la noche del miércoles es que el gobierno de Lasso regresa a la mesa de negociación debido a la continuidad y fortaleza del Paro Nacional indígena y popular.

PLATAFORMA CIUDADANA EN DEFENSA DE LA CONSTITUCIÓN

Oly Millán, Juan García, Esteban Emilio Mosonyi, Santiago Arconada, Edgardo Lander, Gustavo Márquez, Roberto López Sánchez, Ana Elisa Osorio, Héctor Navarro.

Venezuela, 30 de junio de 2022

 

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[1] https://www.proamazonia.org/entrevista-a-zenaida-yasacama/

[2] Este combustible se elabora a base de la mezcla de Naftas de Alto y Bajo Octano con Etanol, para de esta forma alcanzar los requisitos de calidad que establece la Norma INEN 935, la cual regula la calidad de las combustibles.

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