jueves, 14 de mayo de 2020

Mariberemba: Ismael Rivera vive en Ucrania


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A Ismael Rivera tuve oportunidad de saludarlo y estrecharle la mano una vez en el aeropuerto de Maiquetía, hace más de 40 años. Sus canciones las había escuchado desde mi época del bachillerato en el Liceo Caracas, allá por 1974-75. Sobre todo El Nazareno, Sale el Sol (como olvidar el "Epa Jey"), Las Caras Lindas y otras importantes canciones que se convirtieron en una especie de himno nacional en Caracas y otras principales ciudades de Venezuela.

El primer lustro de los 70 sirvió para que la Salsa, una música considerada hasta ese entonces como propia del "populacho", que no se escuchaba ni en grandes conciertos ni en las fiestas de la clase media caraqueña (esos espacios estaban reservados para La Billo’s y los Melódicos), irrumpiera de manera avasallante en las emisoras de radio, en los canales televisivos, y de manera obligada en toda fiesta y recepción de cualquier sector social venezolano. Uno de los responsables de esa entrada triunfal de la Salsa en la sociedad venezolana (siempre había estado, aunque de manera un tanto clandestina) fue precisamente Ismael Rivera, pese a que nunca contó con el patrocinio de la maquinaria de la Fania All Stars.

Para nosotros, estudiantes de liceo, nos llamaba la atención que una persona que había estado en la cárcel (su famosa canción Las Tumbas) tuviera esa sensibilidad y esa virtud como el "sonero mayor" del mundo de la salsa caribeña. Era una especie de magnetismo hacia un individuo que había logrado superar sus malos momentos y los infortunios de la vida, y se proyectaba en el continente como uno de los principales representantes de la cultura popular del Caribe.

Hace poco me encontré en internet con una vieja canción de Ismael, La Soledad, interpretada en pleno siglo XXI de manera electrizante por una agrupación salsera de Ucrania, Dislocados, agrupación dirigida por el pianista Ilya Yeresko, haciendo de sonero una muchacha ucraniana, Olesya Zdorovetskaya, que nada tiene que envidiarle a nuestro recordado Ismael.

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Al principio no reconocí esa canción, pero cuando la joven sonera dijo "mariberemba" y "atemoriza", palabras que usó Ismael al interpretarla, me di cuenta que estaba presenciando la resucitación del gran Ismael Rivera en un lugar que el mismo jamás se hubiera imaginado, la ciudad de Kiev, capital de Ucrania.

La emoción se congela ante la genial interpretación de los ucranianos, acompañados por el gran trombonista Jimmy Bosch (de larga trayectoria con Ray Barretto, Eddie Palmieri, Rubén Blades y otras grandes bandas salseras). Impresiona escuchar un ritmo que es propio de Puerto Rico, Cuba, Caracas, Miami o Nueva York, y que ahora una cultura muy alejada y diferenciada de nuestra sociedad del Caribe la hace suya y la reproduce como si hubieran nacido en San Juan o en La Habana.

Simplemente vean el video, recuerden al gran Ismael Rivera, y vean a estas ucranianas y ucranianos que cantan, tocan y bailan salsa como el mejor. ¡Qué viva la Salsa! Salsa dura y de Ucrania, como dice la cantante. Sorpresas que te da la vida.
Rucutucuta quiero cantar, para alejar el silencio,
quiero un ruido de cualquier cosa, que no me deje solo con mis pensamientos…
Maracaibo, Tierra del Sol Amada. 2 de agosto de 2019.

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